¿Quién teme a Donald Trump?

 

                              ¿Es que este presidente delincuente, por sentencia de un juez federal;  este desalmado inductor del asalto al Capitolio; este tonto ignorante de la moral universal… va a anular al profeta Isaías, a Sócrates, al Aquinate, o a Immanuel Kant, y borrar la Carta universal de Derechos Humanos?

Qué pena que no hubiera aprendido las lecciones que le dio la obispa episcopaliana Budde, en la catedral de Washington, a  la que él despreció olímpicamente…

¿Quién teme aquí y ahora a Donald Trump? Ábrase la lista y vayan apuntándose los apoquinados y cobardes  idólatras de este Nabucodonosor con pies de barro.

 

La Comunidad apostólica (VI)

 

           En  el capítulo 2 y versos 42-47 del libro Hechos (de los Apóstoles), escrito también por el evangelista Lucas, cuyo protagonista no es ya Jesús, sino el Espíritu del Resucitado, que se hace presente en la vida de la primera comunidad apostólica, se nos dan las coordenadas de esa comunidad:

                    Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.

La enseñanza es el ámbito en el que se transmite la tradición apostólica, que arranca de Jesús (Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes…) y la propagan los apóstoles. Mantenerse  fieles a esa enseñanza implica perseverar en la tradición evangélica, que se enseña y se vive en las reuniones comunitarias.

La fracción del pan (el partir el pan) es la celebración eucarística. Repetir el gesto de Jesús, en la última cena, de la fracción del pan y del reparto del  vino, que recuerdan, simbolizan y hacen presentes el cuerpo y la sangre del Maestro, entregados por nosotros, significa dar el aliento y alimento, que llegan a saciar, multiplicados, a todos los que escuchan  su palabra y enseñanza:

Acudían diariamente al Templo con perseverancia y con un mismo espíritu; partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios… Que no otra cosa significa Eucaristía, sino acción de gracias.

La tragedia de los niños

 

                                  El día 3 de este mes, en la Sala Clementina del Vaticano, sala tradicional de las audiencias papales, el papa Francisco presidió una cumbre mundial para tratar de los derechos de los niños, bajo el lema Amémoslos y protejámoslos. Entre las personas invitadas, la reina Rania de Jordania; el premio Nobel de la Paz, Al Gore; el ex presidente del Banco Europeo, Mario Draghi; el viceprimer ministro de Egipto, K. B. Chafar… 

Habló el papa largamente de la tragedia de millones de niños muertos en el mar, en los desiertos, en los largos caminos de las migraciones. De 40 millones que perdieron sus casas a causa de conflictos; 100 millones que no tienen casa; 160 millones, víctimas de trabajos forzosos, trata, abusos y explotación de todo tipo. De 150 millones de niños no registrados, niños invisibles, que no tienen existencia legal, sin protección alguna, fácilmente maltratados, muchos de ellos vendidos como esclavos.

La reina Rania de Jordania se refirió a los niños de Gaza, de los que el 96% de ellos ha sentido la muerte como inminente y la mitad de los cuales ha dicho que quiere morir…

Y, en parecidos términos, hablaron los otros invitados por la convocatoria de Francisco. Baste otra cifra trágica: 300 millones de niños viven con 2 dólares al día.

El papa anunció, al final de la jornada, una próxima exhortación apostólica sobre los derechos de la infancia.

 

Precónclave anti Bergoglio

 

                             Mientras el papa Francisco parece recuperarse de una bronquitis en el hospital Gemelli de Roma, nos enteramos de que unos 80 cardenales, arzobispos y obispos, activos o jubilados, casi todos procedentes de países en desarrollo, se reunieron por sexto año consecutivo, del 14 al 18 de enero último, en el mejor hotel –Penha Longa- de Sintra (Portugal). Todos los muchos gastos, desde el viaje de ida y vuelta, son pagados por el Acton Institute for the Studdy of Religión and Liberty de Estados Unidos de América, fundado por el padre Robert Sirico, antiguo pastor pastor evangélico, convertido al catolicismo en 1989, próximo al Partido Republicano y uno de los firmes opositores a los planteamientos sociales del papa Francisco. Uno de sus lemas preferidos es la opción preferencial por la libertad, frente a la opción preferencial por los pobres de Francisco y de otros muchos.

Como el encuentro es casi de tapadillo, desde secreto a discreto, tenemos pocas noticias sobre él. Sorprende que, este año, asistiera al mismo el obispo nicaragüense Rolando José Álvarez Lagos, expulsado por el dictador Ortega, quien conmovió a todos los presentes con el relato de la persecución religiosa en su país.

Sabemos que a alguno de esos encuentros han asistido el arzobispo nigeriano de Abuja, mons. Ignatius Ayau Kaigama, o el obispo de Haarlem- Amsterdam, Johannes Hendriks, quien confesaba paladinamente que Acton trasmitía la visión de un Estado con poco espacio para ocupare de los pobres, débiles y necesitados, a los que abandona a la caridad. Sabemos también que hace cinco años, al segundo encuentro asistió también el entonces arzobispo de Lahore (Pakistán),, Sebastián Shaw, que pedía entonces mantener en secreto la reunión. Hace seis meses fue destituido, acusado de abusos sexuales y fraude financiero.

Ni que decir tiene que en el Acton Institute las críticas al papa Francisco son constantes. Incluso, una encíclica tan popular y tan bien recibida en todo el mundo como Laudato si fue calificada  de texto bien intencionado, pero defectuoso desde el punto de visto económico, extremo que se extiende habitualmente, como es natural, a todo el magisterio del pontífice.

 

 

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Volviendo a Ortega (II)

 

                   En el artículo titulado Un diálogo, inserto también en el volumen III de sus OC, Ortega critica la critica literaria católica de Henri Massis, inexistente para el filósofo español, como tal crítica católica. En él y  en otros católicos militantes de Francia ve con frecuencia frases en que se insulta a todo lo que no es catolicismo tradicional y otras en que se afirma vehementemente la superioridad del catolicismo tradicional. Lo que le parece un catolicismo comodín que justifica la ignavia. Catolicismo que contrasta, según él,  con la egregia labor de católicos alemanes, como Scheler, Guardini, Przywara, que se han tomado el trabajo de de recrear una sensibilidad católica partiendo del alma actual. Que no tratan de  renovar el catolicismo en su cuerpo dogmático, sino de renovar el camino entre la mente y los dogmas. Obra de auténticos pensadores, que han conseguido, sin pérdida alguna del  tesoro tradicional, alumbrar en nuestro propio fondo una predisposición católica, cuya latente vena desconocíamos.

En cambio, los escritores católicos militantes franceses, que confunden el catolicismo con el tomismo, le parecen más bien gente política: atacan y defienden; no meditan. Insultan y enconan: no investigan. Usan del catolicismo como de una maza. Se ve demasiado pronto que su afán no es el triunfo de la verdad, sino apetito de mando: actitud aprendida de los sindicalistas, comunistas, socialistas extremos, que creían poseer en cifras todas las verdades y desdeñaban la ciencia burguesa.

De la religión -concluye Ortega- no se deriva una filosofía, ni, en general, una ciencia, menos aún una estética, y todavía menos una crítica literaria. No basta ser católico para hallarse en posesión de tan espléndido patrimonio. Precisamente, la suma originalidad del catolicismo frente a todas las demás religiones es que separa de manera radical la fe de la ciencia y a la vez postula la una para la otra sin allanar violentamente su fecunda diferencia.

La fides quaerens intellectum (la fe que busca la inteligencia) de San Anselmo le parece al filósofo madrileño acaso el lema más fértil que se ha inventado, y el que más agudamente define la mente del hombre. La fe  que siente su propia plenitud en forma de enorme sed de intelecto: audacia admirable del catolicismo. La fe, no holgazana,  que no se contenta consigo misma y exige pruebas de la existencia de Dios.

El castro «San Sebastián» en Cintruénigo

 

                                    El sol de febrero se enseñorea del sur de Navarra y le acompaña un viento moderadamente frío, revoltoso y pegadizo, que hace una saludable pareja con él. Esta excursión ha sido la excursión de los almendros en flor. Desde que hemos salido de Pamplona, unos pocos almendros, mayormente de flor blanca, nos han acompañado durante todo el viaje, a uno y otro lado de la autopista, pero, al llegar a territorio de Cintruénigo, todo son flores blancas o rosadas de almendros, algunos ya con la flor caída y la mayoría en plena floración. Hay ribazos y laderas enteras nevados de flores blancas. Muchos almendros  tienen entre sus flores nidos de muérdago que los hacen todavía más bellos. En el Moncayo, el sol resbala sobre la nieve y le arranca juegos de luz.

Esta vez, y ya escarmentados del fracaso del intento anterior, salimos de la carretera y nos acercamos al castro por un camino pedregoso, antes de llegar a Fitero. Dos paisanos que pasean con un perro nos confirman que estamos cerca de la ermita maltrecha, y llegamos pronto al lugar, entre viñas antiguas y recientes, entre olivares nuevos y entre baldíos ocupados por lechetreznas, cardos y olivardas.

La verdad es que del viejo castro celtibérico, llamado ahora San Sebastián, frente al yacimiento, al otro lado del río, de Peñahitero, que visitamos anteriormente,  queda bien poco: un montículo (tell) donde estuvo el espolón natural, los que un día fueron fosos, y poco más. El oppidum y sus aledaños los estudiaron los arqueólogos fiteranos Manuel Medrano, y María Antonia Diaz; sobre todo su discípulo el arqueólogo cirbonero Salvador Ramírez, y junto a él algunos estudiosos fiteranos, como mi amigo, ya difunto, el historiador Serafín Olcoz. Y después Armendáriz.

Situado a veinte metros del río Alhama, sobre un espolón de terraza, a una altura de 418 metros y con una superficie de 8.800 metros, estaba ya vivo en la Edad de Hierro Antiguo, fue abandonado en el siglo I a. C.. y de nuevo  habitado desde el siglo IV o V, y  durante la época visigoda y proto islámica, después en la Edad media y moderna, como demuestra el edificio (principios del s. XVII), todavía en pie pero arruinado, de la ermita dedicada a San Sebastián, que sustituyó probablemente al templo del poblado de Ormiñén despoblado a mediados del XVI: planta de cruz latina, cúpula sobre pechinas y  bóveda de lunetos; con casa ermitaña adosada, habitada en un tiempo posterior por los frailes pasionistas. Hoy está precedida por una basurero residual y variopinto, cercada de carrizos altos, bajo unos unos pocos pinos y un rodal de ailantos. La rodea por el sur un canal cementoso de riego. Rodeada por todas partes de terrenos baldíos, debajo de terraplén oriental, donde estuvo uno de los fosos, se extiende el espacio de una gran finca agrícola y granja de ganado vacuno y caballar.

Los arqueólogos suponen en este llano de Ormiñén un campamento romano durante un cierto período de tiempo, porque, además de gran abundancia de cerámicas manufacturadas y celtibéricas encontradas, molinos de todo tipo, falera de bronce con rostro masculino y casco, se han encontrado en el entorno muchos ases celtibéricos desde el siglo II al I a. C., acuñados en cecas cercanas y lejanas,  pero sobre todo téseras zoomorfas de hospitalidad (el hospitium, institución céltica) y muchos proyectiles plomizos de honda, con epígrafes de Quintus Sertorius, el caudillo popular romano, junto a una bala de catapulta de piedra. A unos cientos de metros se encontró también una villa romana sin fortificar en el término Majarrasas de Fitero.

El expolio del lugar ha sido, según todos los autores, intenso y continuo, lo que se añade a la
construcción del poblado visigodo y medieval, la ermita, el canal de riego, la roturación agrícola…, para hacer desaparecer del mapa el castro protohistórico, que no lo consiguieron del todo.

Por querer tomar un café en la Venta del Baño, navarra o riojana, tenemos que seguir hasta Cervera, y allí nos cuesta un rato. Acabamos en el Parque, junto al río Alhama, que viene crecido después de las lluvias, y no podemos resistir, como de costumbre, la tentación del Parque Biosaludable o Gimnasio al aire libre, en el que no tenemos competidores.

 

Ángel de luz

 

                                   Miguel Combarros Miguélez (Barrientos de la Vega, León, 1929) es un poeta de largo aliento. Misionero redentorista en el Congo durante muchos años, párroco de una parroquia de Mérida, cofundador de la célebre tertulia local Gallos quiebran albores, autor de varios libros de éxito, lo es también del titulado Oficio de la Luz (2003), símbolo de la vida, de la felicidad, de Dios…., del que tomo este bello poema:

Aquí habita la luz.
Son tus pupilas
dos manantiales
de ríos refulgentes
que regalan frescor
a nuestros valles.

Aquí aprende la nieve
su blancura
y ensayan los luceros
sus fulgores.
Es lo más puro
que la vida alberga.

Nunca podrá asomarse
la tiniebla del miedo
o el egoísmo
a este pozo que mana
transparencia.

Ángel de luz intacta,
abre bien tus pupilas,
cual girasol
que estrena amanecida,
y alúmbranos
caminos de inocencia,
para seguir pasando entre las cosas,
vistiéndolas de luz y de hermosura.

 

¿Nos mandan y nos gobiernan?

 

Enésima discusión dentro y fuera del Parlamento de Navarra, con las ausencias consabidas, sobre las consecuencias del terrorismo de ETA, blanqueamiento de BILDU, las relaciones del PSN con las víctimas. etc., etc. Qué fatiga…

Alguien, muy importante, dijo en su día que la Democracia española sería generosa, si los etarras abandonaran las armas.

¿Hasta el punto de que llegaran un día a mandarnos y gobernarnos?

 

Leyendo a Homero

 

                En estos días plácidos de febrero, días de reposo y sin agobios de ningún tipo, me gusta volver a mis dilectos Horacio, Virgilio, Ovidio… Hoy me he remontado hasta Homero, y he aprovechado unas cuantas páginas de la Ilíada, traducida en versos blancos castellanos de 14 sílabas  -¡oh, aquella recia formación humanista de aquella Comillas!- por mi amigo, el escritor y humanista tudelano, Rafael Manero, huésped varias veces de este cuaderno de bitácora.

El comienzo glorioso:

Oh diosa, canta ahora la cólera funesta
de Aquiles el Pelida, que a los aqueos trajo
mil dolores, y al Hades envió muchas almas
de héroes valientes, a los que hizo pasto
de perros, y alimento de aves de rapiña,
(la voluntad de Zeus cumplía sus designios)
desde que en un principio se enfrentaran riñendo
Atrida, rey de hombres, y Aquiles, el divino.

O cuando Agamenón, rey de hombres, anuncia que se llevará a Briseida, la esclava de Aquiles, y este está a punto de agredirle con la espada, lo que impide la diosa Atenea:

Entonces respondió Aquiles el divino:
«Presuntuoso Atrida, más que todos avaro,
¿cómo te van a dar los Aqueos magnánimos
semejante regalo? En ningún sitio vemos
reservas comunales, que a todos pertenezcan,
sino que lo ganado, fruto de los saqueos,
ha sido repartido, y ya no es conveniente
obligar a los hombres a juntarlo de nuevo.
Tú entrega al dios la joven, que todos los Aqueos
te lo compensaremos por tres o cuatro veces,
si es que dios nos concede destruir algún día
a Troya bien murada».