Lo que faltó a la Transición

Ya son muchos años (30, al menos) los que venimos ensalzando, exaltando, celebrando la Transición y su joya coronil que fue la Constitución. Aquel espíritu (encarnado) de reconciliación, concordia y consenso, que tanta falta nos hace hoy. Pero tampoco tendríamos que ocultar lo que entonces no supimos o no pudimos o no quisimos asegurar, convenir, pactar, prevenir o evitar para el futuro próximo, y que hoy tenemos mucho más claro. Por ejemplo, en todo lo que hace al respeto y el uso de los símbolos nacionales, comenzando por la palabra nacional; la reforma del Senado; una justa ley electoral que no primara a los partidos regionales en detrimento de los nacionales, ni primara a las minorías locales o partidistas minoritarias frente a las candidaturas más votadas; la lucha contra el terrorismo sin precio político alguno; las penas impuestas a los responsables de crímenes terroristas y otros crímenes de similar catadura, etc. Si no somos siquiera moderamente autocríticos, tendremos menos razones para que nos crean cuando ensalzamos, exaltamos y celebramos aquella bendita Transición.