La Comunidad Apostólica (XI)

(Ver Nota del domingo 7 de septiembre)

 

                            En la Primera Carta a los tesalonicenses, el escrito cristiano más antiguo que conservamos, el apóstol Pablo presenta (I Tes 1, 1-10) presenta una comunidad como ejemplo que imitar por los creyentes de Macedonia y Acaya, debido a la comunión de vida entre sus miembros.

Pablo describe las actitudes que definen a esta comunidad ante todo por la actividad de su fe, el esfuerzo de su amor y la firme esperanza en Jesucristo. La comunidad es también ejemplar en la fidelidad al mensaje de Jesús, habiendo dejado de adorar a los dioses paganos y sufriendo de sus compatriotas, como sufrieron sus hermanos de Judea de parte de los judíos, y asimismo por la confianza en la resurrección, que les lleva a vivir con la esperanza de la Venida de la Palabra que los liberará del pecado y de la muerte.

Esa fe, motriz de la vida diaria, ese amor y esa esperanza, que proyecta al creyente hacia un futuro glorioso, exigen compromiso, entrega, desprendimiento, generosidad. responsabilidad en la vivencia de la historia, con su dolor e injusticia. Por eso Pablo previene a sus fieles cristianos contra el cansancio y el desánimo, a los que llama nuestra gloria y nuestro gozo (I Tes 2, 20).

Por lo demás, les repite las instrucciones antes dadas: que se alejen de la fornicación; que practiquen el amor mutuo; que trabajen con sus manos, y que consideren, estimen y amen a los que trabajan entre ellos, los presiden en el Señor y los amonestan; que  estén siempre alegres y oren  y den gracias constantemente, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros (I Tes 5, 17).