El otro día, en el recital poético con motivo de la presentación del número 134 de la revista de poesía Río Arga -decana de la poesía española-, recité cuatro décimas irónico-satíricas sobre el sentido de nuestra presencia en ese viejo molino de Villava, reconvertido en centro cívico-cultural por la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Es el caso que, con seudo razones cívico-incívicas, la Banca Cívica, antes Caja Navarra, se desprendió de su baratísimo mecenazgo de la revista, que había heredado de la benemérita Caja Pamplona (desde el año 1976), tras la fusión de ambas entidades navarras a comienzos de este siglo.Fue un corte antecesor de los recortes, que mejor hubiera estado en algunos de sus despilfarros. Nos cegaron el curso fluvial, hasta que la Mancomunidad de Pamplona nos ha echado una mano, con unas pequeñas condiciones cívico-literarias, para poder, por lo menos, limpiar el cauce y hacer posible una mínima corriente. Y la risa es que con una mínima parte de uno de los pomposos Desayunos que organiza la Banca esa, o con una mínima parte de lo que paga a uno de esos expertos que suele traer para su propaganda y su vanidad, la edición de los antiguos cuatro números al año y las 700 antiguas suscripciones estarían aseguradas. Y no es éste el único dislate anticultural de la misma Caja, convertida en Banca. Transcribo sólo la segunda de las décimas
Y es que la Banca Cíivica,
y como banca, cínica,
dejó la dulce descarga
de poetas Río Arga
a los implacables pies
del bursátil interés
más cicatero y mezquino.
No busco verbo más fino:
lo «denuncio» en el molino
de San Andrés.
