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«La guerra vuelve a estar de moda»

 

                          En su discurso del año nuevo al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, León XIV, inspirándose en su padre San Agustín, advirtió contra los graves peligros que entrañan las falsas representaciones de la historia, el nacionalismo excesivo y la distorsión ideal del líder político. Así, sobre la debilidad del multilateralismo:

La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. La paz ya nos se busca como un regalo como un bien deseable en sí mismo. En cambio, se busca mediante las armas como condición para aprobar el propio dominio.. Esto compromete gravemente el estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica.

Otro punto de su reflexión fue lo que él llamó un auténtico cortocircuito de los derechos humanos. (…) El derecho a la libertad de expresión, la libertad de conciencia, la libertad religiosa e incluso el derecho a la vida están siendo restringidos en nombre de otros pretendidos nuevos derechos, con el resultado de que el propio marco de los derechos humanos está perdiendo vitalidad y dejando espacio para la fuerza y la opresión.

Luego vinieron Ucrania, Gaza, Venezuela… Mientras muchos sostienen que la paz es solo posible con el uso de la fuerza y la disuasión, sostiene el papa, la paz requiere esfuerzos continuos y pacientes de construcción, así como una vigilancia constante (…) humildad y valentía: (…) la humildad de la verdad y la valentía del perdón.

 

«Timeo danaos…»

 

              En capítulo II de la Eneida, el protagonista Eneas cuenta a la reina Dido de Cartago todas las peripecias ocurridas desde su salida de Troya.

De cómo, por ejemplo, cuando el sacerdote Laocoonte de Troya vio el espléndido caballo (caballo de Troya)  que los dánaos (griegos) les regalaban, sospechó algún peligroso ardid que les tendían los enemigos, y pronunció aquella famosa frase:

– …………………………….. equo ne credite, Teucri,

quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentis

(… No confiéis en el caballo. Y, sea lo que sea, temo a los griegos

que nos traen regalos).

Eso nos ha pasado y nos pasa a los europeos con nuestros viejos amigos, donantes de bienes: Estados Unidos de América (armas); Rusia (gas y petróleo), China (toda clase de bienes): las  tres satrapías, que hoy quieren repartirse el mundo y tratan a Europa como a un cliente, cuando no como a un enemigo y competidor.

A todos les contestó, en su célebre discurso de Davos, Marck Carney, el presidente del Gobierno canadiense, con la propuesta de la unión de las potencias medias, que comparten puntos de vista, y  que, intentando crear un nuevo orden internacional, creen instituciones y celebren acuerdos.

 

El reemplazo que propugna Montero

 

                                Irene Montero, que fue, ¡Dios mío!, ministra de Igualdad -¿se sabe  de la igualdad a quién?-, en un mitin en Zaragoza, cogiendo en sus manos igualadoras el concepto del actual y polémico reemplazo, ha dicho, que yo se lo he oído, con su estilo agresivo y su vehemencia oratoria habitual una frase tan bárbara, tan perfectamente bárbara, que puede pasar por lema  o santo y seña de su ciclo político, de su vocación profesional, en fin de su tarea en la vida:

-Ojalá podamos barrer de fachas y racistas este país  (…)  y lo podamos hacer con gente trabajadora de este país, tenga el color de la piel que tenga, sea de China, negra, marrona…

(Eso, dicho una y otra vez, y de varias maneras, pero eso es, además de textual, el hueso del concepto).

Para no hacer el juego al sucio hablar o al deporte del insulto, o a la polarización en boga, solo deseo que alguien que tenga un poco más de amor a este país (supongo que España), conserve un cierto respeto a la gramática y no haya perdido del todo el sentido común, reemplace cuanto antes, en la vida política, a la exministra, por el bien de ella misma, de sus hijos y del partido que co-dirige precipitadamente hacia el abismo.

La elegía de Liliana

 

                          La elegía de Liliana, junto a su hermano en el atril y la rosa blanca, ha dado la vuelta al mundo. Pocas veces una tragedia queda adscrita a un texto, a un poema, a una música, como esta vez a la elegía, en prosa y en verso, recitada, no leída, con toda la emoción y, a la vez, con toda la serenidad del mundo, por esta joven, que tiene el valor de decir que es el único funeral que cabía en esta despedida; que da la gracias a todos de modo admirable, incluso a los que han ido allá por agenda; que recuerda a su madre y recuerda al mismo tiempo con el mismo amor a todos los que murieron en la tragedia, no solo a los 45 del tren; que define como nadie el duelo verdadero: Si no puedes curar, alivia. Si no puedes aliviar, consuela. Si no puedes consolar, acompaña.

Para siempre recordaremos ese punto álgido de su bella oratoria: Solo la verdad nos ayudará a cerrar este herida, que nunca cerraremos (…), pero lo haremos desde la serenidad, desde  el amor, desde la paz.

Y después esos hermosos versos en asonante, que no los ha hecho un cualquiera, dirigidos a Dios y a todas las advocaciones marianas de la zona, que en la transcripción del texto han quedado diluidos por la prosa gráfica:

Que el amor y la verdad / los cobije para siempre / y en el abrazo de Dios / la vida venza a la muerte.

Madre del Amor Hermoso / Reina de la Victoria / Dolores del negro luto / concédeles Tú la gloria.

Haz que cese este dolor / Virgen Morena del Carmen / llévate esta cruel espada / con la espuma de los mares.

¿Trump es tan demócrata como nosotros?

 

                        Pero ¿de dónde ha sacado Juan Manuel de Prada que en las democracias entendidas como fundamento de gobierno ha dejado de existir el derecho como determinación de la justicia? Y vuelve a la carga:

-…pero lo cierto es que la democracia entendida como fundamento de gobierno se funda en la ley del más fuerte, que impone su voluntad sobre el más débil. Es la voluntad de poder quien «crea» o reconfigura, ignorando  o destruyendo un orden moral objetivo: es la pura voluntad de poder quien «crea» o modifica la sociedad…

Lo que le lleva a afirmar más adelante que Trump es tan demócrata como cualquiera de nosotros, aunque sea un demócrata sin modales, o un demócrata tan urgente que, en lugar de «crear» derecho a su conveniencia para «superar» el vigente que no le conviene (como hace cualquier gobernante demócrata), se salta el derecho vigente, que es algo mucho más rápido y funcional.

Eso en cualquier dictadura, si. En algunas llamadas democracias, que son puras autocracias, también. Pero no en las democracias entendidas como fundamento de gobierno. Porque no están regidas por la sola ley de la mayoría (muchos contra pocos o fuertes contra débiles), sino que son democracias liberales, o socio-liberales, regidas por unas reglas, por una Constitución democrática, que impone principios, valores, derechos y deberes fundamentales a toda mayoría y a toda minoría en cualquiera de sus actuaciones.

Y no por recochineo, sino por justicia, el Estado de derecho no es la mera voluntad de poder, sino el poder subordinado al derecho, determinación de la justicia.

 

El Gran Dictador (1940)

 

              Veo -y no sé de seguro que vuelvo a verla- la primera película sonora de Charles Chaplin,(1940), de la que fue guionista, director y actor principal.

¿Qué voy a decir yo de esta película que no esté dicho y redicho? Digo mi fruición, mi admiración, mi asombro, desde la primera secuencia a la última, especialmente ese discurso, como  el dictador Adenoi Hynkel, de Tomania, en alemán macarrónico, un prodigio de oratoria y de gesticulación, como no hay  otra en la historia del cine. Elijo también, entre los muchos aciertos de su rivalidad con el dictador amigo, el ya clásico de la ascensión de ambos en la barbería, y sobre todo, claro, el discurso final, en el que el barbero judío del Gueto (Hojita), que es una de las personalidades cinematográficas del actor, se ve obligado a hacer el discurso de su vida, en la ocupada Austerlich, interpretando no ya al dictador Hynkel, su segunda personalidad cinética, sino al barbero judío convertido en jefe supremo del Reich, que predica la democracia, la fraternidad y la paz. Hasta llegar al final lírico y romántico:

–¡Mira a lo alto, Hannah, al alma del hombre le han saldo alas, y a fin está empezando a volar hacia el arco iris…

La verdad que sería incapaz de hacer este apunte a estas alturas, si no hubiera tenido durante toda la película en la cabeza a un Trump, mucho menos dotado que Hynkel, y a su amigo Putin, descolorido frente  a Bezino Napaloni, el otro dictador de Bacteria, de visita al alemán… Pero he soñado con otro gran discurso, ¡-aunque en oratoria estamos lejos de alcanzar a los oradores del sigo XX!-, de algún barbero humanista, confundido siquiera con algún dictador, que vuelva a decir al mundo lo que nos dijo Chaplin en su discurso final.

La Iglesia y el Franquismo (y IV)

 

                          La homilía que lo cambió todo, como la califica el director de Vida Nueva, José Beltrán, fue la que pronunció el arzobispo de Madrid, el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, el día 27 de noviembre de 1975, en la iglesia de los Jerónimos de Madrid, una semana después de la muerte de Franco. Delante de Juan Carlos de Borbón, a quien, en buena parte, iba dirigida:

–Pido para Vos acierto y discreción para abrir caminos del futuro de la Patria para que, de acuerdo con la naturaleza humana y la voluntad de Dios, las estructuras jurídico-políticas  ofrezcan a todos los ciudadanos la posibilidad de participar libre y activamente en la vida del país, en las medidas concretas de gobierno que nos conduzcan, a través de un proceso de madurez creciente, hacia una patria plenamente justa en lo social y equilibrada en lo económico.

Fueron varias las mentes y las manos que la redactaron, aparte del mismo arzobispo; el teólogo de Salamanca, Olegario González de Cardedal; el director de VN, el escritor y novelista José Luis Martín Descalzo; el secretario personal del cardenal, el jesuita José María Marín Patino, y sobre todo el rector de la Universidad Pontificia de Salamanca, el teólogo claretiano Fernando Sebastián, futuro arzobispo de Pamplona y futuro cardenal. Con una vieja máquina de escribir -nos cuenta Sebastián- redactó y escribió la homilía completa, la corrigió, la volvió a escribir y al día siguiente la leyó en la reunión del Consejillo (de la personas arriba citadas). Alguien creyó ver cierta tensión y hasta enojo en el rostro de Tarancón mientras la leía con entonación y cierta vehemencia. Nada de eso: ¡se había olvidado las gafas y tuvo que fruncir varias veces el ceño para ajustar la lectura!

Aquella homilía, o sermón en el vocabulario habitual de entonces, era uno de los primeros signos de la transición de España a la democracia y de la Iglesia española al Çoncilio Vaticano II; Tenía interés -diría años después el arzobispo de Madrid- en que la Iglesia abriese un camino, por una parte, de independencia de todo poder político, pero, al mismo tiempo, de conciencia crítica de la sociedad. Se trataba de marcar el camino y decirle al Rey que había de ser el rey de todos los españoles, a fin de que los enfrentamientos que tantas veces habíamos tenido los españoles unos contra otros desapareciesen ya por completo.

La resonancia nacional e internacional de la homilía fue inmensa. Llovieron las felicitaciones y miles de cartas -¡todavía se escribían cartas!- llegaron a la residencia del cardenal, no todas de felicitación, pero sí en su gran mayoría. 

La «homilía» de la presidente de la Comunidad de Madrid

 

                          

                  En un prestigioso diario digital de Madrid, que suelo leer todos los días, aparecía esta mañana un artículo breve de A. B. Ramos, dando cuenta de que la presidente de la Comunidad de Madrid  se quedaba sola con el alcalde madrileño y el delegado del Gobierno en la homilía -lo repetía por dos veces- organizada por ella misma para honrar a los muertos en la tragedia ferroviaria de Adamuz. Cuando, esta tarde, he acudido al mismo digital para transcribir al pie de la letra el disparate en la bitácora, el disparatado artículo había sido retirado.

El lance me ha recordado aquella crónica casera, hace unos años, de los corresponsales de los dos diarios de Pamplona en Lesaca, el 8 de julio, segundo día de las fiestas de San Fermín en la villa fabril navarra, cuando escribían que, el día anterior, día grande, en la iglesia parroquial, después de la homilía, salió la procesión con el santo por la calles del pueblo…

Este es el nivel, a finales de enero de 2026…

La Iglesia y el franquismo (III)

 

                 Dos claretianos españoles, una de las Congregaciones que más sufrieron la persecución religiosa en tiempos de la guerra civil, analizan también la evolución del cristianismo español. Antonio Bellella, director de  del Instituto Teológico de Vida Religiosa. (ITUR) afirma que los religiosos no ignoran lo que fue la  Dictadura o la Transición ni la trascendencia de la Democracia. Tampoco cree que entre los religiosos  tengan nostalgia de aquel tiempo pero sí la tentación  de buscar referencias en un período que nunca volverá: El recurso perezoso a las supuestas viejas glorias y el ánimo restauracionista, presente en ciertos grupos y personalidades eclesiales, ofusca la lectura correcta de la realidad eclesial actual y compromete su relación con la sociedad. Y recalca el daño que todavía hace hoy a la Iglesia española la persistencia del integrismo décimonónico con su identificación acrítica de patria y fe católica. El franquismo se apoyó en esta identificación, y me pregunto en qué medida sigue presente.

Bellella se pregunta por qué en 40 años de dictadura no se logró crear una laicado responsable y bien formado capaz de proponer una presencia cristiana madura también políticamente. Y por qué los religiosos, que tuvieron amplios recursos del sistema educativo no lograron formar a cristianos más conscientes de su fe y sanamente críticos, bien preparados para una sociedad plural. ¿Acaso la Iglesia pensó seguir viviendo eternamente en un régimen cristiano, ajena a las demandas sociales y descuidando su conciencia de misión?

Por su parte, el joven claretiano Adrián de Prado, profesor de Historia Antigua y Patrología en Comillas, no cree que la Transición sea un tema que interese mucho a los religiosos que él ha conocido, pero sí, en cambio, el Concilio Vaticano II. Tal vez por miedo a tocar un asunto delicado que puede generar distancias o reabrir heridas, tal vez por un complejo de vergüenza histórica. o sencillamente por indiferencia ante cuestiones de fondo y hasta por la despreocupación por la misma historia como búsqueda de la verdad. que requiere un esfuerzo muy grande.

Lo que sí cree Prado es que aquel espíritu de la reconciliación y de la magnanimidad de la Transición debió de tejerse durante décadas a través de las obras de la fe, protagonizadas por trabajadores, madres, religiosas, curas…, en sus actividades respectivas, para ayudar a restaurar, si no las quiebras del pasado, sí, al menos, las posibilidades de futuro.

La Iglesia española y el Franquismo (II)

 

                      Joseba Louzao (Bilbao, 1983), profesor del Centro Universitario Cardenal Cisneros, de la Universidad de Alcalá de Henares, reconoce que ese pasado es incómodo para la Iglesia, entre la persecución cruenta durante la República y la Guerra y el pilar ideológico del Régimen posterior. De ahí el gran acierto del cardenal Tarancón al demostrar que la Iglesia podía desempeñar un papel esencial en los debate éticos y políticos sin confundirse con el poder ni con una ideología concreta. Aunque no denunciara ese pasado con rotundidad.

Louzao reconoce también que en las últimas décadas la reconciliación y el perdón (pese a algunas declaraciones aisladas) han sido el eje del discurso eclesial. Además, los procesos de beatificación han sido en general prudentes y han evitado alimentar el conflicto político

Lamenta el desconocimiento entre los jóvenes del cardenal Tarancón, cuyo papel fue clave tras el Concilio, contribuyendo a abrir el camino hacia la democracia y a apagar los ecos de la guerra. No fue el único. Los curas obreros, por ejemplo .¿Quién los recuerda? Y tantos laicos dirigentes de los movimientos apostólicos, que fueron auténticas semillas de democracia y escuelas de ciudadanía, muchas veces al margen del control del régimen.

A Louzao le parece igualmente incómodo para la Iglesia este último punto, porque muchos de esos sacerdotes y laicos se alejaron de la Iglesia e incluso abandonaron la fe. Pero el «factor católico», por llamarlo de alguna manera, es una de las claves de bóveda de aquellos años.