«Timeo danaos…»

 

              En capítulo II de la Eneida, el protagonista Eneas cuenta a la reina Dido de Cartago todas las peripecias ocurridas desde su salida de Troya.

De cómo, por ejemplo, cuando el sacerdote Laocoonte de Troya vio el espléndido caballo (caballo de Troya)  que los dánaos (griegos) les regalaban, sospechó algún peligroso ardid que les tendían los enemigos, y pronunció aquella famosa frase:

– …………………………….. equo ne credite, Teucri,

quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentis

(… No confiéis en el caballo. Y, sea lo que sea, temo a los griegos

que nos traen regalos).

Eso nos ha pasado y nos pasa a los europeos con nuestros viejos amigos, donantes de bienes: Estados Unidos de América (armas); Rusia (gas y petróleo), China (toda clase de bienes): las  tres satrapías, que hoy quieren repartirse el mundo y tratan a Europa como a un cliente, cuando no como a un enemigo y competidor.

A todos les contestó, en su célebre discurso de Davos, Marck Carney, el presidente del Gobierno canadiense, con la propuesta de la unión de las potencias medias, que comparten puntos de vista, y  que, intentando crear un nuevo orden internacional, creen instituciones y celebren acuerdos.