En su discurso del año nuevo al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, León XIV, inspirándose en su padre San Agustín, advirtió contra los graves peligros que entrañan las falsas representaciones de la historia, el nacionalismo excesivo y la distorsión ideal del líder político. Así, sobre la debilidad del multilateralismo:
La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. La paz ya nos se busca como un regalo como un bien deseable en sí mismo. En cambio, se busca mediante las armas como condición para aprobar el propio dominio.. Esto compromete gravemente el estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica.
Otro punto de su reflexión fue lo que él llamó un auténtico cortocircuito de los derechos humanos. (…) El derecho a la libertad de expresión, la libertad de conciencia, la libertad religiosa e incluso el derecho a la vida están siendo restringidos en nombre de otros pretendidos nuevos derechos, con el resultado de que el propio marco de los derechos humanos está perdiendo vitalidad y dejando espacio para la fuerza y la opresión.
Luego vinieron Ucrania, Gaza, Venezuela… Mientras muchos sostienen que la paz es solo posible con el uso de la fuerza y la disuasión, sostiene el papa, la paz requiere esfuerzos continuos y pacientes de construcción, así como una vigilancia constante (…) humildad y valentía: (…) la humildad de la verdad y la valentía del perdón.