Joseba Louzao (Bilbao, 1983), profesor del Centro Universitario Cardenal Cisneros, de la Universidad de Alcalá de Henares, reconoce que ese pasado es incómodo para la Iglesia, entre la persecución cruenta durante la República y la Guerra y el pilar ideológico del Régimen posterior. De ahí el gran acierto del cardenal Tarancón al demostrar que la Iglesia podía desempeñar un papel esencial en los debate éticos y políticos sin confundirse con el poder ni con una ideología concreta. Aunque no denunciara ese pasado con rotundidad.
Louzao reconoce también que en las últimas décadas la reconciliación y el perdón (pese a algunas declaraciones aisladas) han sido el eje del discurso eclesial. Además, los procesos de beatificación han sido en general prudentes y han evitado alimentar el conflicto político
Lamenta el desconocimiento entre los jóvenes del cardenal Tarancón, cuyo papel fue clave tras el Concilio, contribuyendo a abrir el camino hacia la democracia y a apagar los ecos de la guerra. No fue el único. Los curas obreros, por ejemplo .¿Quién los recuerda? Y tantos laicos dirigentes de los movimientos apostólicos, que fueron auténticas semillas de democracia y escuelas de ciudadanía, muchas veces al margen del control del régimen.
A Louzao le parece igualmente incómodo para la Iglesia este último punto, porque muchos de esos sacerdotes y laicos se alejaron de la Iglesia e incluso abandonaron la fe. Pero el «factor católico», por llamarlo de alguna manera, es una de las claves de bóveda de aquellos años.