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España calla ante Chavez

Leo los periódicos digitales de Venezuela, muy mayoritariamente opuestos al cierre -otro más- por  el presidente Chavez del canal RCTV (Radio Caracas Televisión) Internacional, primero de los canales por cable en el  país y primera tribuna de los voceros de la oposición, junto  a otros cinco pequeños canales, después  de que hace poco hiciera enmudecer un buen número de emisoras de radio, por no querer todos ellos ser altavoces de un  Gobierno cada día más totalitario, inmerso en una crisis social y económica aguda. Leo sobre la muerte por bala de dos estudiantes en Mérida y sobre las muchas manifestaciones y represiones en varias ciudades venezolanas. Leo en los principales diarios de toda la nación los mensajes de preocupación y de protesta llegados de la OEA, de Estados Unidos de América, de Francia o de Chile, así como de muchas organizaciones periodísticas y culturales de todo el mundo. Y veo con tristeza que no veo nada parecido llegado desde España.

Zilda Arns

A ciertos periódicos españoles les ha costado muchos días dar la noticia de la muerte, bajo los escombros de su residencia -no sería tan segura- del arzobispo de Puerto Príncipe, Joseph Serge Miot, de 63 años. Otros ni la han resaltado siquiera. Comprendo que en una situación horrenda como ésta, cualquier acento puesto en cualquiera parece discriminatorio y hasta injusto, cuando tantos son los muertos y desaparecidos, y cuando, entre los  edificios públicos, hasta el palacio presidencial y la catedral están derruidos. Entre las víctimas del terremoto, y ya célebres en todo el mundo antes que él, está la llamada madre del Brasil, la fundadora de la Pastoral de la Infancia. El presidente Lula, que acudió a su funeral en la ciudad natal de la fallecida, anunció que la propondrá para el Premio Nobel de la Paz post mortem: Cualquier brasileño que hoy cierre los ojos -dijo el mandatario- verá el rostro de la doctora Zilda. Ha sido una gran pérdida para Brasil y para el mundo. Una persona que ha dedicasdo su vida a cuidar a los necesitados y a practicar la solidaridad. Murió haciendo una de las cosas más sagradas qiue sabía hacer: visitar a las personas pobres. Hermana del cardenal arzobispo emérito de Sâo Paulo, la doctora Zilda Arns Neuman (Forquilhinha, 1934), de ascendencia alemana,  era médica de profesión,  especializada en salud pública. Su institución, compuesta sobre todo por mujeres expertas en acciones básicas de salud, nutrición, educación y ciudadanía, con métodos revolucionarios en algunos de estos campos, atiende en más de 40.000 comunidades, de 4.000 municipios del Brasil, a dos millones de niños y  a más de 100.000 embarazadas, pertenecientes a millón y medio de familias, y trabaja además en una veintena de países de América, Asia, África y Oceanía. Minutos antes de morir, junto con 16 sacerdotes que asistían a su curso, explicaba el fundamento de su inmensa tarea: Así como Jesús ordenó que mirasen si todos estaba saciados, tendríamos que que implantar un sistemas de infotrmación con algunos indicadores de fácil comprensión, incluso para líderes analfabetos (…) Sería la misión del Buen Pastor, que está atento a todas las ovejas, pero da prioridad a aquéllas que más lo necesitan.

Haiti ( y III)

¿Dónde está Dios?, he oido y leido en varias ocasiones en relación con lo sucedido en Haiti. La vieja pregunta tantas veces leida y oida en torno al Holocausto. La vieja pregunta, digámoslo pronto, que se han hecho durante los siglos millones de personas, seguramente sin publicidad y sin segundas intenciones. Seamos sinceros Con la concepción mítica que se esconde a menudo en esa pregunta, hecha por creyentes y por ateos, apenas es compatible, en verdad, la fe en Dios, al menos en el Dios cristiano. ¿Quién,desde el comienzo de la historia, no ha sufrido, de cerca o de lejos, al menos, un pequeño Holocausto, un pequeño terremoto de Haiti? Un cristiano debiera tener muy clara la respuesta, por muy terrible que parezca, en estos casos: -¿Dónde está Dios?En la cruz. Pero, dejando a un lado la fe mítica y volviendo a  esa fe cristiana o a un humanismo elemental, tendríamos que variar esa clásica interrrogación demasiado cómoda para nosotros, y preguntarnos:  -¿Donde están los cristianos? O ¿dónde están los  agnósticos y los ateos? ¿Dónde están los hombres, y cada uno de nosotros, antes, en y después del Holacausto; antes, en y después del terremoto de Haiti? Y así en todos los casos similares. ¿O, por decirlo  de manera más cruda:  ¿En qué Dios falso creemos o dejamos de creer, que nos libere de hacernos la pregunta que siempre rehuimos, la que nos compromete, nos  juzga y  nos condena tantas veces, y no nos deja refugiarnos en ese no-Dios?

Haiti (II)

Decimos Haiti o los haitianos. No todos. Los más ricos y poderosos, sucesores de aquella pequeña minoría de amos en un país de esclavos,  no han muerto, a no ser excepcionalmente, bajo los escombros. Sus viviendas no se han derrumbado. No han huido. No viven a la intemperie. No buscan cada día qué comer o dónde dormir. Tal vez desde ahora se van a sentir más protegidos. Tal vez van a ser más ricos aún. Las causas de la tragedia, que mencionaba ayer, no afectan a todos por igual. Haiti no es todo igual. Los haitianos no son libres, pero mucho menos iguales.

Haiti

Los terremotos que han asolado Haiti no son sólo una tragedia; han acabado  haciendo una radiografía de un país pobrísimo, con una minoría muy rica y depredadora, abandonado por casi todos y con un Estado casi inexistente. Donde, con motivo de cualquier grave anomalía, y no sólo terremotos, mueren masivamente los pobres que hasta entonces malvívían, quedan enterrados  masivamente los pobres, huyen masivamente los pobres, duermen a la intemperie masivamente los pobres, esperan siempre  masivamente poder comer y poder sobevivir los pobres, y temen masivamente un futuro angustioso los pobres. Los comentaristas y periodistas se esfuerzan estos días en explicarnos las causas próximas y remotas de esta tragedía y de esta radiografía: geográficas (deforestación salvaje), históricas (colonia española y después francesa), sociológicas (inmensa maayoría, esclavos negros), políticas (prematura rebelión independentista), religiosas (el vudú, etc.)… Y, al final, sin nutrición, sin instrucción, sin sanidad, sin trabajo, sin infraestructuras, sin justicia ni asomos de libertad y de buen gobierno… mueren los pobres, huyen los pobres, esperan los pobres. Los pobres, que en Haiti son pobrísimos en su inmensa mayoría. Miserables. Ante la indiferencia, la lejanía, el olvido o el desprecio de casi todos los países, de casi todas las instituciones políticas y culturales del mundo.

Cristianos palestinos

Durante la última Navidad muchos medios informativos nos han contado las principales celebraciones cristianas en Belén. Pero en Belén y en toda Palestina se ha ido reduciendo drásticamente en estos últimos años el número de cristianos, acosados por un lado por el Estado judío y, por el otro, por la mayoría creciente de musulmanes. Son ya una minoría ínfima, de la que no se acuerda nadie. Tampoco España, que abandonó hace tiempo sus derechos históricos en aquella tierra, con presencia multisecular de franciscanos españoles, a diferencia de Francia, que los conserva y defiende, como demostró el presidente Sarkozy en su reciente visita a Siria y Arabia, en la que exigió respeto para los ciudadanos cristianos. Hoy nuestro ministro Moratinos, como antes Ana Palacio, insiste en que España ayuda a los palestinos y no a los cristianos. A los musulmanes, se entiende, que son la mayoría y tienen su Gobierno propio, y que aquí son a la vez defendidos por ser minoría. La pintoresca Alianza de las Civilizaciones tiene estas cosas: una parte de la misma es claramente musulmana. La otra, ni se sabe lo que es.

En Jerez de la Frontera ( y II )

La flor de la canela, amarillenta, no es lo mejor del árbol de la canela (Cinnamomum zeylanicum), sino su corteza, que es propiamente la especia. Aqui quedarnos en la corteza y no en la flor o el fruto es acertar. Lo que vale es  el palo de canela y no la flor de la canela.
– La pasión de los andaluces, visible en todas partes, por la Pasión de Nuestro Señor el Nazareno y de su Madre santísima, invocada con todas las expresiones del dolor y de la soledad, no puede ser sólo una devoción intensa e inducida durante siglos. Supone toda una larga historia de sufrimiento, opresión e injusticia de todo un pueblo como base de la misma, que se convierte así, al mismo tiempo, en lamento, desahogo, solidaridad, protesta e intento de superación.
– Pocos símbolos comerciales tan exitosos en una ciudad española, como el Tío Pepe de Jerez, con su chaquetilla flamenca y sombrero señoritil de color rojo, manos en jarras, talle blanquinegro y la guitarra en el costado izquierdo. Símbolo parcial y lateral, si se quiere, pero omnipresente, ha logrado desplazar a los viejos olivares y molinos de aceite, a los caballos jerezanos y hasta a las imágenes más veneradas
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En Jerez de la Frontera

– Es natural y consecuente que doña María Josefa Bartemati, Viuda de Misa, pagara en 1895 la reparación de la capilla de la Antigua y Venerable Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, según reza la placa conmemorativa puesta en la parte posterior del templo.


– En la plaza de la Yerba no hay más yerba que la de las hojas verdes de las jacarandas.


– La fachada renacentista del Cabildo Antiguo lleva como santos patronos escultóricos, bien que flanqueados por las cuatro virtudes cardinales, a Hércules y a Julio César. Aquellos canónigos del tiempo de Felipe II querían imitar, por lo visto, a tan grandes modelos pre-cristianos, verdaderos  genios de la fuerza y de la guerra. De las cuatro virtudes clásicas, eligieron sin duda la fortaleza.

Extra mundum nulla salus

El altísimo teólogo belga-holandés, que acaba de morir, el dominico Edward Schillebeeeckx, asesor del episcopado de Holanda durante el Concilio y después tres veces procesado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que salió airoso, fue el autor de la expresión feliz: fuera del mundo no hay salvación, que venía a corregir-completar-superar el viejo proverbio teológico: extra Ecclesiam nulla salus. Como que el mundo es el locus (lugar) primigenio de la creación divina y de la salvación crística: no sólo el medio que salvar, sino también y sobre todo el medio insustituible con el que y en el que salvar, sin excluir a otros.