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¿Tienen miedo los jueces?

La Audiencia de Pamplona ha archivado la querella por injurias, puesta por la anterior alcaldesa de la ciudad contra la chula potra, que en un rap, titulado La bofetada, le lanzaba durante un rato, junto con el deseado golpe de mano, los mayores y más malignos insultos: puta, bruja mala, yupi seca, mala mujer, amargada… Y todo, según se defendía la indignada rapera, porque el ayuntamiento decidió echar abajo un viejo frontón para levantar un estupendo Acqua-Vox, de pleno éxito actual. Los jueces, como suelen, ponen lo que llaman indignamente libertad de expresión –libertad de agresión, mejor- por encima de todo el derecho al honor y el derecho al sentido común y a la dignidad más elemental. Y todo, porque a una persona pública, se le puede decir, por lo visto, todo lo peor del mundo. Leídas otras sentencias similares, por graves acusaciones e injurias de todo tipo, me pregunto si los jueces tienen miedo a periodistas,  comentaristas, medios de comunicación, gentes de la farándula, cantantes…, que tienen su poder de influencia, difamación, hostilidad y seguimiento, porque no me cabe en la cabeza, que con sentencias del Tribunal Constitucional en mano, no tengan en cuenta las más elementales normas de educación y de convivencia. ¿Cómo me voy a sorprender de la barbarie cotidiana de los comentaristas de los diarios digitales, si los togados reverendos dicen que se puede llamar puta por todos los vientos a cualquier política que haga algo que no le guste al rapero, al periodidsta, al desvergonzado de turno?

Presos en la JMJ

Leo, y me entero con un poco de retraso, que, por iniciativa del denigrado obispo de San Sebastián, conocido desde  sus años de párroco en Zumárraga por su solicitud para con los presos y los toxicómanos, los encargados de la pastoral penitenciaria de la diócesis hizo posible que diez presos de Martutene,  con su capellán y los funcionarios de prisiones, acudieran a Madrid al encuentro de los jóvenes católicos de todo el mundo y del papa que vino a confirmar su fe y animar su esperanza. Es muy emocionante lo que escriben tras su experiencia, doblemente regeneradora: Muchos de nosotros [en Cuatro Vientos] no pudimos conciliar el sueño por la emoción que nos embargaba… ¡Nos sentíamos libres! Pasamos la noche contemplando las estrellas y levantando los ojos y el corazón para rezar. (…) Resumir  todo lo que nos dijo es papa es imposible, pero en nuestro corazón resuena el eco de algunas de sus palabras: Decidle: J»esús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone».

Eruptos por palabras

He escrito este verano sobre la degeneración de la palabra, de la comunicación y de la convivencia, y hasta del sentido común, que he encontrado en no pocos diarios digitales, recorriendo las listas de los autores anónimos de comentarios en torno a las noticias más importantes de todo género. Comencé por los diarios -no por los filoterroristas, que no me merecen atención alguna-, sino por los nacionalistas-soberanistas de nuestro entorno, como opuestos que son, naturalmente, a la formación del Gobierno UPN-PSN en Navarra. Pero en vez de  una oposición, todo lo radical que se quiera, encontré decenas y decenas de groserías, zafiedades, insultos, dicterios y vómitos, vómitos a la cara del enemigo congénito, casi metafísico. Un horror. Y así lo expuse con pelos y señales. No creo que nadie se conmoviese. Las poca impresiones que he recogido han sido de extrañeza de que yo me extrañe. La marca de mi consternación cívica me llegó, con todo, leyendo los comentarios escritos en un diario de Bilbao, órgano de un partido político, donde, comentando unas palabras del obispo de San Sebastián en la basílica de Loyola, el día de San Ignacio, pidiendo a los terroristas que se arrepintiesen de todo el mal que han hecho, me topé con casi una cincuentena de paletadas de odio y de lodo, donde al prelado donostiarra se le llamaba desde cerdo y cerdo asqueroso, hasta putero y asesino. Nada menos. ¡Y todos esos diarios repiten cada día las normas que exigen a los escribientes respeto al honor, a la intimidad y cosas así! ¿Pero dónde estamos? Yo me preguntaba, ingenuo de mí, si los directores de esas publicaciones permitiirían decir de sus propios padres o de los políticos a los que sirven calificativos como ésos. Por lo visto, basta ser una persona pública para que toda moral deje de existir. La libertad de agresión, de destrucción y de extinción, como me gusta decir, campa a sus anchas. Hace sólo unos días abrí las mismas páginas del mismo periódico, para ver la rección ante la destitución de un conocido actor de la EITB. Más de lo mismo. Transcribo el último comentario al que conseguí llegar: número 86, escrito por Aitor: No me jodas, no me jodas, hijoputas, como podeis exar (sic) a   este tipo de la EITB, caguen sos (sic), puta banda de incompetentes, sociatas de mierda, iros a vuestras puta españa de mierda.- Sigo, qué le vamos a hacer, sin salir de mi asombro.

Los alba

Una de las periodistas que nos relataban el comienzo de la JMJ en Madrid, había oído, al parecer, la palabra alba (el  alba), vestimenta usual de los clérigos en las celebraciones litúrgicas, y nos hablaba en la tele de los alba que llevaban en esa ocasión. Otra, poco después, a las albas llamaba casullas. De los Alba (comenzando por la duqiesa) deben de entender un poco más que de las albas…

Los que andan de picos pardos no saben siquiera el color de los picos.

Keynes

– El mejor Keynes, el más habitual y convincente, es el de la buena administración y el del ahorro, no el del endeudamiento creador.

– Los pagados de sí mismos quieren que les paguemos los demás.

Estado y derecho

El Estado no es el Derecho. El Derecho es una creación de la sociedad, basada en la naturaleza relacional del hombre, que hace posible el Estado, expresión y ejercicio del Derecho.

Los llamábamos verdescones. Ahora podemos llamarlos también berluscones.

Feminización

Si nos empeñamos en feminizar todas las expresiones que se nos antojan ser del género masculino, acabaremos oponiendo a los cargos públicos las cargas públicas. Y, si nos empeñamos, por otra parte, en mantener todos los masculinismos que se nos han infiltrado en el habla cotidiana, seguiremos llamando dependientas a ciertas mujeres, pero no independientas, asistentas pero no presidentas.

El murciélago, más que de ratón ciego (mus caeculus), tiene la cara de ratón viejo. Saguzar (ratón viejo) lo llama sagazmente la lengua vasca.


Cuadro de Turner


– Me aparté de aquel cuadro de Turner: no fuera que me arrastraran aquellas olas embravecidas

Rave, ese verbo inglés de moda, como significa de suyo delirar y desvariar, igual vale para entusiasmarse por alguien (about) que para insultarle fieramente (at).

Razonable

El predicado razonable ha terminado por ser también el predicado de una persona estimada: un amigo, un profesional, un político… ¿Se quiere con esto decir que esa persona es conforme a razón, bastante en calidd o cantidad, o solamente racional?


El secreto bancario es el más próspero de los secretos.