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Procesión del Corpus

Sales por las calles,
blanco panecillo,
Dios sacramentado
de harina de trigo.

Cantan las campanas,
repican los himnos,
y aroman los aires
romero y tomillo.

Corderito manso,
blanco como armiño,
mudo y custodiado
sobre el trono místico.

Signo de alimento.
Alimento y signo
del banquete eterno
del Reino divino.

Dios, hecho de tiempo,
y de espacio mínimo.
Cercano a los hombres,
próximo al sentido.

Pura acción de gracias
al Dios infinito.
Memorial de sangre.
Perenne servicio.

Caen sobre el trono
rosas, violas, lirios.
Y eleva el incienso
todos sus prodigios.

Sales por las calles…

Inexistencia de Dios

El filósofo Luis Hernández Arroyo, que no es precisamente un católico practicante, sale al paso en LD, desde un ángulo filosófico, de ciertos filósofos y escritores racionalistas de hoy que, en sus bitácoras, artículos y libros, están propagando con ciertos bríos su ateismo militante. Y expone un argumento, que me parece poco conocido, no sé si original: Si la razón pudiera demostrar la inexistencia de Dios, sería una prueba manifiesta de la existencia de ese mismo Dios, de un Dios creador omnisciente e infalible. Claro: porque la razón humana no es ni omnisciente ni infalible.

Católico practicante

Andan por ahí, en esta época de fiebre de encuestas, publicando una y otra vez el número de católicos practicantes que cumplen con pascua, que van a misa los domingos, que pertenecen a movimientos, etc. Siempre me he preguntado qué es eso de católico no practicante, que algunos se adosan como si fuera una definición o parte de la misma. Hasta el lehendakari Ibarretxe, dirigente de un partido que fue antaño confesional donde los hubiera, y después democristiano hasta hace poco, se aviene a definirse así. Y muchos como él. Leo en un breve artículo del obispo de Plasencia, Mons. Amadeo Rodríguez Magro, publicado en VN, una de las cosas más sensatas y precisas que he leído sobre este punto: « ¨Católico practicante¨ es aquél que deja que Jesucristo oriente los criterios, los sentimientos y las decisiones de su vida ordinaria en todas las circunstancias y ambientes, desde los más privados y familiares hasta los más públicos. Y el que comparte, en la integridad del credo, la fe de la Iglesia, a la que respeta y ama en su tradición y en sus normas; el que pone su vida cristiana al servicio de empeño común, de una misión, que consiste en llevar la vida en Cristo a otros con la palabra y el testimonio, sobre todo el del amor y el servicio».

Derecha, izquierda y centro

Viendo y oyendo a tantos políticos debatir, estos días frenéticos, con tanta seguridad y solemnidad sobre cambio, progreso, políticas sociales, libertad, liberalismo, defensa de la patria, etc., y dar una importancia cuasi taumatúrgica a puntos cardinales partidistas y dieciochescos, como derecha, izquierda y centro, a la hora de decidir los pactos municipales y autonómicos, pienso con humor si no estarán haciendo méritos para ingresar como chapelundis en la barojiana Academia Científica, Literaria y Chapelaundiese de Cherribuztango-erreca, fundada en 1918. «Yo supongo –escribe Pío Baroja, en octubre de 1933– que en España debe de haber gente harta de tanta palabrería, de tanto aspaviento, de tanto gesto histriónico y de tanta vulgaridad como ha destilado siempre la política. Dicen que nos debemos dividir en izquierdas, derechas y centro. Todo eso de izquierda, derecha y centro yo lo veo muy claro en los descansillos de las escaleras; pero en la vida no lo noto absolutamente en nada«. ¡Qué diría don Pío, después de 74 años, en la España de hoy!

No hay mal que por bien no venga

¿Ya lo decía yo? ¿Ya lo decíamos nosotros? Ésa no es la cuestión. La vuelta de la fiera a sus ferocidades, el retorno de los bandidos a sus bandidajes era pre-visible excepto para los políticamente ciegos, era constatable por hechos y signos evidentes; algo muy próximo que temer y no que esperar, aunque algunos lo digan y escriban neciamente así. Un colega, amigo de decir las cosas claras, me comenta lacónicamente, relacionando la mala noticia con la la mala situación política en Navarra, que no hay mal que por bien no venga. Y vengo pensando que esta máxima frecuente, entre popular y filosófica, la emplean habitualmente los pragmáticos, los providencialistas, los optimistas de oficio, también algunos cínicos (en el sentido vulgar de la palabra). Y muchos historiadores.

Cuando el terror ya no es útil

Con suma facilidad políticos, comentaristas y periodistas regalan la marca de democráticos a partidos, coaliciones, asociaciones o personas, que, a su manera, admiten los métodos políticos o excluyen, ni siquiera condenan, la violencia, que nunca califican de terrorismo, aunque en realidad entiendan por ella sobre todo la actuación de la guardia civil, de la policía, del ejército español o del mismo Estado. Y no sólo los consideran tan democráticos como los demás, sino que exigen para ellos el mismo trato, incluidas toda clase de alianzas para gobernar ayuntamientos y hasta gobiernos autonómicos. El otro día, Salvador Ulayar, víctima e hijo de víctima del terrorismo etarra, representante en Navarra de la AVT, nos informaba de que el candidato de Na-Bai a la presidencia del Gobierno de Navarra cuenta como colaboradores en su despacho de abogados con dos ex terroristas etarras, uno de ellos el asesino de su padre -a quien él, siendo un muchacho, vio morir-, quien, después de un breve paso por la cárcel, nunca dio señal alguna de arrepentimiento y nunca pidió perdón a la familia. En su relato recuerda también Salvador que dicho candidato, de quien depende ahora el futuro próximo de Navarra, fundador un día de HB, «al oler su ilegalización, la abandonó para fundar Aralar; arguyó que la «violencia» ya no era útil. No declaró que el terrorismo etarra mata por pensar diferente, que pretende a tiros lo que las urnas no le dan, y siempre fue una monstruosidad inadmisible e injustificable. Simplemente ya no era útil». ¿Hay algo más repugnante, más bárbaro, más cruel e inhumano (no digamos, antidemocrático) que esto?

El Corán y el terrorismo

El I Congreso Islámico Internacional, celebrado en Valencia hace mes y medio, bajo el lema Ciudadanía y religión en un Estado de Derecho, fue noticia en los medios informativos cuando una delegación del mismo depositó una corona de flores en el Bosque de los ausentes, en recuedo de las 192 víctimas del excidio del 11-M. Entre las conclusiones de este Congreso, muy oficial y naturalmente pro-islámico, se instó a los musulmanes residentes en España a participar en la lucha contra el terrorismo, por imperativo religioso, y se pidió a los imanes que advirtieran a los fieles que se trata de un delito de la máxima gravedad, según la religión y la ley islámica. En las mismas conclusiones se resalta que en 46 pasajes del Corán se condena textualmente todo acto terrorista, calificándolo de «manifestación cruel y aberrante«. Tan ignorante de la teología islámica como soy, voy a releer el libro sagrado a ver si saco la misma conclusión.

Euskalerria-Bai

Lo imaginábamos, lo preveíamos, lo dábamos por casi seguro. Ahora podemos darlo por seguro, con toda certeza y seriedad. Nadie podrá acusarnos de alarmismo, de intoxicación y, menos, de crispación, el mote de moda. Pero, si alguien no quiere enterarse, allá él. Lo dice el máximo dirigente de Aralar, el partido independentista mayoritario en la coalición Nafarroa-Bai, candidato a la presidencia del Gobierno de Navarra y segundo lider más votado el 27 de mayo, en una entrevista que le hace El País del 2 de junio: «Pactaremos no realizar una consulta sobre la unión en esta legislatura«. Patxi Zabaleta anuncia, entre otras lindezas, que tienen para esta próxima legislatura una propuesta de modificación del «Estatuto de Navarra«, el Amejoramiento del Fuero, reivindicando como principio básico la capacidad de decisión politica de los navarros, el ámbito politico de decisión de Navarra. Es decir lisa y llanamente: el derecho de autodeterminación. Pero, además, nos perdona la vida -política, se entiende- y declara que no contemplan «como propuesta a corto plazo», para incluirla en el posible pacto con el PSN-PSOE, una consulta sobre la posible fusión de Navarra con Euskadi. Como si eso fuera una atribución de un partido político o coalición, como la suya, e incluso de un gobierno autonómico, y no estuviera, además, regulado todo en la LORAFNA o Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento Foral de Navarra, que rechazan, y en la mismísima Constitución española, que aborrecen. Así que podemos concluir con todo rigor que el logo y lema de la moderada y disimulada campaña electoral de la coalición Nafarroa-Bai debe completarse a efectos de próximo futuro así : Nafarroa-Bai – Euskalerria-(ere)Bai (Navarra, sí. Euskalerría también.) O mejor: Nafarroa-Bai – Euskalerrria-Bai(ren alde) (Navarra, sí, para Euskalerria, sí; para decir sí a Euskalherria).

Teología de la Liberación

La celebración de la V Asamblea General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (Brasil) ha puesto de nuevo en antena la vieja polémica sobre la teología de la liberación. Mientras para unos es ya cosa del pasado, para otros está viva y se ha diversificado, enriquecido y fortalecido: teología profética, teología popular, teología negra, teología feminista o mujerista, teología ecumenista, o teología dalit (india), que conforman todas ellas la teología para otro mundo posible: intercultural e interreligioso, ético-práxico, utópico, simbólico, intergenérico, político… Sus más serenos defensores recuerdan que la instrucción de la Congregación para la doctrina de la fe, Libertatis nuntius (1984, llama la atención contra las graves desviaciones de ciertas teologías de la liberación y que, dos años más tarde, el mismo Juan Pablo II,en carta al episopado brasileño, afirmó que la TL «no es sólo oportuna, sino útil y necesaria». Su sucesor, Benedicto XVI, ha llegado a decir en su discurso de apertura de la actual Asamblea que la evangelización no puede separarse de la «auténtica liberación«. Más nos valdría a todos, dejando amplio espacio para todo crítica rigurosa y saludable en este y otros campos como éste, quedarnos con lo mejor de todo intento evangelizador y humanizador, venga de donde venga y por las cabezas y manos de quien venga. El admirable cardenal hondureño, el más papable de los latinaoamericanos, Oscar Rodríguez Maradiaga (¿por Madariaga?) comentaba al día siguiente los informes de todos los episcopados hermanos en un rueda de prensa y apelaba a una «conversión pastoral«, porque los «métodos aplicados se sienten ya agotados«; reconocía que para responder a estos «tiempos difíciles, de grandes cambios, se requieren nuevos discípulos y auténticos procesos, no acciones momentáneas o puntuales«; «No es fácil resistir a las acometidas culturales de una sociedad sin Dios -añadía-, y por eso se precisa una iniciación desde una antropología cristiana«. Unos días antes, dentro de la XXXVI Semana Nacional de Vida Consagrada, celebrada en Madrid, el mismo cardenal afirmaba que uno de los grandes desafíos de hoy es saber leer los signos de los tiempos: «necesitamos del Espíritu Santo como oftalmóogo, que nos recupere de una cierta miopía«. Animaba, en fin, a todos a remar «mar adentro» e «ir a la otra orilla«, poque «nos esperan los nuevos areópagos, las nuevas fronteras. Queremos colaborar en romper nuevos muros, establecer diálogos, mantener vínculos de iguales«. Todo un estilo, un espíritu y hasta un programa inicial liberador.

¿Mi silencio?

Me dijo ayer un amigo que, la noche anterior, un conocido contertulio en una cadena nacional de radio se quejaba del silencio de algunos ex socialistas o socialistas navarros, entre ellos del mío, durante todos estos días. Y aunque otro tertuliano salió en mi «defensa», la noticia me ha hecho pensar un poco y movido a decir alguna cosa. Desde que abandoné totalmente la política, a finales de 2001, he hablado y escrito no poco, dentro del ámbito cívico-político, y en medios muy variados, casi siempre con motivo de acontecimientos que me parecían serios o sobre asuntos que los foralistas navarros solían llamar granados. Por ejemplo, sobre la deriva del PSN-PSOE desde 1995; sobre sus pactos municipales con partidos independentistas en 2003; sobre el estatuto catalán; la lucha antiterrorista; las víctimas de ETA; el proceso que yo llamo de autodeterminación y no de paz, etc., amén de otros temas de política internacional, religión o moral universal. He intentado siempre, sin lograrlo nunca del todo seguramente, decir las cosas con claridad y con serenidad, intentando ilustrar y convencer, y no exagerar , asustar y menos maltratar a nadie. Durante los últimos meses, tiempo de continuas broncas y roncas políticas, mi cuidado ha sido más esmerado todavía. La verdad es que, fuera de algunos artículos escritos en ABC, El Mundo y en algunas revistas semanales o periódicas, mi colaboración en el habitual DN, donde escribo de muchos años para acá, ha disminuido mucho en frecuencia y hasta en espacio, debido a los nuevos criterios de la nueva dirección. Para ser concreto, durante el último período electoral, escribí el día 19 de mayo un artículo titulado Un estruendoso fracaso sobre el falsamente llamado proceso de paz, basándome en los datos publicados nada menos que por El País, procedentes de la policía francesa. Y, el mismo día de las elecciones, vi publicado otro bajo la rúbrica ¿Qué nacionalistas?, lamentando, con precisiones sobre los diversos partidos nacionalistas en España, el eufemismo generalizador, utilizado por todos, de nacionalismo para significar (ocultar) la realidad del soberanismo, confederalismo e independentismo, lo que, a mi entender, ha tenido y tiene muy penosas consecuencias. Y, en fin, esta tarde, he enviado otro trabajo, muy breve, como tienen que serlo todos, con el epígrafe Veinticinco años del PSN-PSOE, cuando sólo faltan seis días para esas bodas de plata. – La cuestión no es hablar o escribir, sino cuándo, cómo y qué. Para favorecer las grandes causas que llevamos en el alma y no para perjudicarlas. Para informar, animar y ayudar a la gente que nos oye y nos lee, y no para aburrirla, desasosegarla, confundirla o molestarla.