No hay mal que por bien no venga

¿Ya lo decía yo? ¿Ya lo decíamos nosotros? Ésa no es la cuestión. La vuelta de la fiera a sus ferocidades, el retorno de los bandidos a sus bandidajes era pre-visible excepto para los políticamente ciegos, era constatable por hechos y signos evidentes; algo muy próximo que temer y no que esperar, aunque algunos lo digan y escriban neciamente así. Un colega, amigo de decir las cosas claras, me comenta lacónicamente, relacionando la mala noticia con la la mala situación política en Navarra, que no hay mal que por bien no venga. Y vengo pensando que esta máxima frecuente, entre popular y filosófica, la emplean habitualmente los pragmáticos, los providencialistas, los optimistas de oficio, también algunos cínicos (en el sentido vulgar de la palabra). Y muchos historiadores.