Árboles de luz,
guirnaldas y centellas deslumbrantes,
banderas luminosas, chorros lumínicos,
estrella bíblicas blancas o azules,
campeando en el espacio,
fachadas incendiadas de luces,
colores y dibujos…
en la Plaza Mayor,
Canalejas, Callao,
Cibeles, Castelar, o Castilla;
Puerta del Sol o de Alcalá;
Gran Vía, Paseo del Prado,
Recoletos, Castellana,
Serrano y calles adyacentes…
¡qué cabalgata de luces recorre estos días
la ciudad del lujo,
la ciudad del dinero y del poder,
pero también la ciudad del arte,
la ciudad de la belleza y la cultura,
y sobre todo la ciudad donde viven,
pasan, gozan y sufren
millones de personas,
que han oído hablar, al menos,
de un tal Jesús de Nazaret,
o de Belén,
y de unos Magos, que un día
se asomaron al mundo,
siguiendo a una estrella errante,
y que hoy recorren las calles de pueblos y ciudades
llevando regalos e ilusión a niños y mayores!
¿No quería el evangelista en su midrash-comentario
enseñar que Jesús de Nazaret
había nacido para todos los mortales,
para liberar a las gentes de Oriente y Occidente?
Todas estas luces y esplendores
nos recuerdan los pasos de aquella cabalgata parabólica
y todo Madrid es un belén iluminado
para que los Magos de la fe
dejen el regalo impagable
de su mágica presencia,
de su excelsa, generosa misión.