Archivo del Autor: vmarbeloa

La tía Sara

 

          Anteayer murió mi última tía, la tía Sara, a sus 95 años recién cumplidos, en su residencia de Benicassim, de la que hablé en algunas ocasiones.  Desde muy pequeño me acostumbré a tener, además de un cercano tío cura, tías y tíos de casa, monjas y frailes, aunque ellas en verdad fueran religiosas y no monjas, y él religioso y no fraile: siete en total, sin contar dos hermanos, cura y fraile (esta vez, sí) de mi abuelo materno, que murieron antes de que yo naciera, y sin contar otras tías segundas, religiosas también, pero de fuera de casa. Dos eran tías abuelas religiosas, hermanas de ese abuelo materno, y los demás, hermanos y hermanas de mi padre y de mi madre. Las tías monjas y el tío fraile fueron desde mi niñez todo un cuadro familiar permanente, que se traducía constantemente en cartas, direcciones lejanas y evocadoras, y raras visitas, en aquellos tiempos de reglas rígidas (ni siquiera a la muerte de los padres), y en frecuentes visitas mutuas mucho más tarde. Iban y venían cartas a/de Brasil, Portugal, Vigo, La Coruña, Madrid, Ponferrada, Santa Cruz de Mudela, Alacuás, Barcelona, Santa Cruz de Tenerife, Santander, Pamplona, Fustiñana, Marcilla… Un mundo para mí entonces ilocalizable y fantasioso, y después muchas veces conocido, querido y habitado. Un mundo desde donde venían a menudo, en letra clara o en elegantes letras de máquina, noticias entrañables, buenos consejos, efluvios de piedad y hasta de santidad, estampitas y felicitaciones. Cuando raramente visitaban el pueblo, todos los sobrinos, que éramos muchos, venían, mandados por los padres, a saludar a los tíos, igual que a despedirlos. Yo era, en la mayoría de los casos, el sobrino de la casa natal  y lo tenía más fácil. Los regalos entonces o no existían o eran insignificantes, como para no recordarlos en absoluto; en el mejor de los casos, eran regalos de regalos, y muy repartidos. Con los años, la familia exterior fue disminuyendo, pero las relaciones fueron estrechándose, y mi madre y yo, salidos de la pobreza severa, pudimos devolverles ampliamente, en sus lugares de residencia, aquellas antiguas y cortas visitas, o espaciarlas en  estancias en nuestra casa, de la que eran miembros natos. La tía Sara ha sido la última. Pude en los últimos años acompañarla unos días en su envidiable residencia y pasearla en su carrito de ruedas por la playa mediterránea, hasta que quedó estática  en su sopor, del que no salió sino para dar un pasito más y morir. ¡Bienaventurados!

Estella románica

 

      Todo es andar, subir y bajar por las rúas de Estella-Lizarra.

Ya el año 1076, existía como burgo bajo el castillo montaraz de Lizarrara en torno a la primitiva iglesia de San Pedro.  El rey Sancho Ramírez,  al darle el Fuero de Jaca (1084?), lo convirtió en municipio de hombres francos (libres).

Merece la pena el esfuerzo. Sobre todo por el claustro de San Pedro, con sus capiteles historiados, y por el arco de ingreso al templo, de arquillos polilobulados, de estilo románico-gótico-islámico, similar a los de Cirauqui y Puente la Reina.

Y por la iglesia-fortaleza románica, después fortalecida y recientemene restaurada, de San Miguel, alta y bravía como su arcángel patrón. Su puerta septentrional es el pórtico románico por excelenccia, el mapa simbólico-teológico de la Cristiandad, la Biblia medieval de los pobres.

Sólo aqui podemos contemplar el único monumento civil navarro de ese tiempo, a la vera del Camino de Santiago: el llamado palacio de los Duques de Granada de Ega, con el célebre capitel de la lucha entre el caballero cristiano Roldán y el gigante moro Ferragut, inspirado en la Crónica del Pseudo Turpín.

Todo es andar, subir y bajar por las rúas de Estella-Lizarra.

Ciudad hoy de hombres libres, mercaderes e industriales. Viajeros-peregrinos, siempre inquietos por el vivir de aquí y el trasvivir de allí.

«Poemas para un pregón de Navidad»

 

    Lo leí demasiado tarde, pues, de otro modo, lo hubiera añadido a la serie de villancicos a lo divino publicado este año. Se trata de Poemas para un pregón de Navidad, un pregón delicioso firmado por el responsable de la habitual sección cultural de la revista Vida Nueva, Juan Carlos Rodríguez, trufado de villancicos españoles antiguos y modernos. Cita entre ellos un viejo villancico mío (A Belén, por aqui, señora, ya no se va), buena ocasión para mí de escribirle complacido y mostrarle, en el cuaderno de bitácora y en la biblioteca digital, otros más recientes ejemplares de la misma o distinta especie. Un gesto vanidoso, sin duda. pero realista al mismo tiempo. Y es que desde muchos años vengo pensando  e intento hacer villancicos y otros poemas navideños más acordes con el mensaje evangélico y con el mundo de nuestros días. Sin dejar por eso, como lo he demostrado con los villancicos de este año en la bitácora, la versión lírica-tradicional, indispensable en la tradición literaria cristiana. Pero la revolución exegética en los Evangelios de la Infancia y en el Nuestro Testamento en general, que en los últimos tiempos ha hecho trizas gran parte de las interpretaciones teológicas y populares en las que nos educaron, requiere también en su transposición literaria una adecuación serena y rigurosa de la cosmovisión simbólica y de las representaciones reales de todo género. Huyendo ya de la repetitiva imitación fatigosa aun de nuestros mejores clásicos, ya de la vulgar y populachera versión de actuales composiciones, más propias de un concurso de ocurrencias que de un serio intento de renovación de la poesía navideña, todo un subgénero glorioso de la Poesía española.

¿El mundo mejora?

 

         Tenemos la buena costumbre de subrayar, y más en estas fechas, los males del mundo por aquello de animar y animarnos a corregirlos y de evitar falsas y cómodas complacencias. Pero de vez en cuando conviene buscar una buena información  e intentar  dar con datos objetivos y verificables. Estas últimas semanas, tal vez para contrarrestar lo antes dicho, muy diversas publicaciones  han ido dándonos datos e indicadores, que evidencian la mejoría de la población mundial  en algunass esferas concretas de la vida diaria. Por ejemplo, la de la pobreza extrema: frente al 43% que la sufría en 1980, hoy nos dice el Banco Mundial que se ha reducido al 9´6% de la gente. Según la FAO, frente al 21% de desnutrición en aquella misma fecha, hoy ha descendido el porcentaje al  11´3%. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) comunica que desde el año 1990 alrededor de 2.000 millones de personas han accedido al agua potable protegida de la contaminación externa o a saneamientos mejorados para la recogida de aguas residuales. Como consecuencia de todo ello, la esperanza de vida ha pasado en todo el mundo de 61 años en 1980 a 71 en la actualidad (en Asia, de 60 a 71 y en África, de 50 a 59), reduciéndose a más de la mitad la mortalidad de las madres y de los niños. En lo que hace a la educación, las fuentes informativas de la UNESCO nos hacen saber que la tasa de alfabetización global ha aumentado desde el 69% de la población con más de 15 años en 1980 al 85% actual, disminuyendo al mismo tiempo en un tercio el trabajo infantil, hasta el punto de que menos del 15% de los menores de edad se encuentran hoy en lugares de trabajo y no en las escuelas .Claro que las cifras negativas son aterradoras en esos mismos campos y en otros. Pero no se pueden velar las decisivas mejoras en muchos ámbitos, y menos ocultar los frutos de los que más trabajan en todo el mundo precisamente para mejorarlo.

La maldita pena de muerte

 

    La universidad Cornell, en el Estado de Ithaca (USA), monitoriza semanalmente desde 2011 el número de personas que mueren ejecutadas en cada país. Pero a veces la información es casi imposible, por ejemplo, en China, el país con mayor número absoluto de ejecuciones, donde la aplicación de la pena es secreto de Estado. O en Irán, país con más ejecuciones per cápita (966 en 2015, según fuentes internas), donde el secreto es también muy grande. Todavía la pena de muerte sigue viva en 57 Estados, algunos de ellos tan democráticos como Estados Unidos de América y Japón. Afortunadamente en ningunn País de la Unión Europea subsiste, aunque recuerdo que en mi primer intento de preparar  desde abajo una resolución  en el Parlamento Europeo contra la pena de muerte, en 1986, no logré el número de firmas necesario, por oponerse a la iniciativa, entre otros, liberales belgas y democristianos bávaros. En algunos Países, como Turquía o Filipinas, tamaña pena está abolida, pero sus máximas autoridades amenazan con reimplantarla. En otros, como Rusia, Chile, Brasil, Marruecos o Argelia, no está abolida, pero no se aplica desde hace diez años. O está prohibida en algunos Países para delitos comunes. Benin y Naurú son los últimos Estados incorporados a la lista de Estados abolicionistas, que llegan ya a los 141, casi tres veces más que los ejecucionistas. Vamos avanzando, aunque demasiado lentamente.

Iranzu

 

         Claustro benedictino y cisterciense de Iranzu (s. XII-XIV): jardín interior, patio de silencios, solarium de recogimiento, cuadrícula nuclear que unifica a través de las cuatro pandas o crujías todo el austero y ancho mundo del monje: el templo, el dormitorio, el refectorio, la sala capitular, al armarium o biblioteca, las tierras de labor…

En el claustro suelen sombrear unos cipreses, señeros u firmes, rellenos de pájaros ruidosos;  cifra vegetal de la contemplación, de la perennidad, de la inmortalidad:

Flechas de fe, saetas de esperanza.

El jardín arquitectural, muy restaurado, del claustro florece en arquerías, bóvedas de armería, rosetones, maineles, columnillas, baquetones, arcos ojivales, trilóbulos… Los espejos signíferos de los capiteles nos reflejan rosetas, pencas con bolas, hojas de higuera, pámpanos con pájaros picoteándolos, hojarascas, leones y dragones, águilas, monjes con libros…

Desde las claves de las bóvedas nos miran y nos siguen corderos apocalípticos, cabezas varias, estrellas de diversas puntas, rosetas, cruces, flores de lis, manos bendicientes, un Cristo llagado sedente y Nuestra Señora coronada, Todo un apretado cielo medieval.

El monumental monasterio de Santa María fue puesto en pie el año 1176 por los monjes  francos de la abadía de Curia  Dei, sobre el anterior benedictino de San Adrián. Abrigado del cierzo, dentro del cañón abierto por el río Iranzu (que suena, en vascuence, a ira, helecho; a helechal), al pie de la sierra de Urbasa, ha resistido bien que mal todos los embates climatológicos y sobre todo históricos.

Abandonado en 1839, tras las primeras desamortizaciones, se hicieron cargo de él en 1945 los religiosos teatinos.

Hoy es también el símbolo y el centro de un intenso movimiento de promoción social, cultural y ecológica del Valle de Yerri y de los Valles circundantes: Tierras de Iranzu.

Últimos aforismos

 

 – El Estado de bienestar provoca a menudo muchos estados de malestar.

 – Todos los descarados llevan careta.

 – Tan difícil como definir el punto o el número 3 es definir una persona, una acción. un acontecimiento.

– Si de perquirir, perquisa, ¿por qué no de inquirir, inquisa y enquisa?

Hoy les pido a los Reyes…

 

Hoy les pido a los Reyes,
hoy les pido a los Magos
una cosa imposible,
que sería un milagro:
que, al menos por un día,
hagan bien el reparto
de los bienes del mundo,
que llamamos regalos.
Para chicos y grandes
en todos los espacios.

Que por lo menos,
en este día santo,
nos llegue a la conciencia
la urgencia del reparto.
Un reparto, que no quieren ni oír
los reyes de este mundo
y tampoco sus magos.