Todo es andar, subir y bajar por las rúas de Estella-Lizarra.
Ya el año 1076, existía como burgo bajo el castillo montaraz de Lizarrara en torno a la primitiva iglesia de San Pedro. El rey Sancho Ramírez, al darle el Fuero de Jaca (1084?), lo convirtió en municipio de hombres francos (libres).
Merece la pena el esfuerzo. Sobre todo por el claustro de San Pedro, con sus capiteles historiados, y por el arco de ingreso al templo, de arquillos polilobulados, de estilo románico-gótico-islámico, similar a los de Cirauqui y Puente la Reina.
Y por la iglesia-fortaleza románica, después fortalecida y recientemene restaurada, de San Miguel, alta y bravía como su arcángel patrón. Su puerta septentrional es el pórtico románico por excelenccia, el mapa simbólico-teológico de la Cristiandad, la Biblia medieval de los pobres.
Sólo aqui podemos contemplar el único monumento civil navarro de ese tiempo, a la vera del Camino de Santiago: el llamado palacio de los Duques de Granada de Ega, con el célebre capitel de la lucha entre el caballero cristiano Roldán y el gigante moro Ferragut, inspirado en la Crónica del Pseudo Turpín.
Todo es andar, subir y bajar por las rúas de Estella-Lizarra.
Ciudad hoy de hombres libres, mercaderes e industriales. Viajeros-peregrinos, siempre inquietos por el vivir de aquí y el trasvivir de allí.