Lo leí demasiado tarde, pues, de otro modo, lo hubiera añadido a la serie de villancicos a lo divino publicado este año. Se trata de Poemas para un pregón de Navidad, un pregón delicioso firmado por el responsable de la habitual sección cultural de la revista Vida Nueva, Juan Carlos Rodríguez, trufado de villancicos españoles antiguos y modernos. Cita entre ellos un viejo villancico mío (A Belén, por aqui, señora, ya no se va), buena ocasión para mí de escribirle complacido y mostrarle, en el cuaderno de bitácora y en la biblioteca digital, otros más recientes ejemplares de la misma o distinta especie. Un gesto vanidoso, sin duda. pero realista al mismo tiempo. Y es que desde muchos años vengo pensando e intento hacer villancicos y otros poemas navideños más acordes con el mensaje evangélico y con el mundo de nuestros días. Sin dejar por eso, como lo he demostrado con los villancicos de este año en la bitácora, la versión lírica-tradicional, indispensable en la tradición literaria cristiana. Pero la revolución exegética en los Evangelios de la Infancia y en el Nuestro Testamento en general, que en los últimos tiempos ha hecho trizas gran parte de las interpretaciones teológicas y populares en las que nos educaron, requiere también en su transposición literaria una adecuación serena y rigurosa de la cosmovisión simbólica y de las representaciones reales de todo género. Huyendo ya de la repetitiva imitación fatigosa aun de nuestros mejores clásicos, ya de la vulgar y populachera versión de actuales composiciones, más propias de un concurso de ocurrencias que de un serio intento de renovación de la poesía navideña, todo un subgénero glorioso de la Poesía española.