La defensa de cualquier sociedad alcanza su máxima eficacia cuando no es necesario utilizarla. Cuando su capacidad de disuasión cumple su objetivo.
Es imposible vencer en cualquier contienda a un inmoral, si no es con su propia inmoralidad.
Triste democracia, si no pasa de ser, como escribió Borges, un abuso de la estadística: mero método sin alma.