Estos día, en que tenemos tantas noticias de tiranos, dictadores, autócratas y seudo demócratas, con sus correspondientes validos, privados, asesores, consultores y fontaneros, repito lectura de los Sueños de don Francisco de Quevedo -siempre hay que volver a leer a Quevedo- y me detengo en aquella escena del Discurso de todos los diablos, donde , en medio del infierno, habla el emperador Alejandro Magno, hijo de Dios, señor de los mundos, miedo de las gentes, magno y máximo. Y no acabara de ensartar epítetos y blasones de su locura, si no le dijera el fiscal que callase, que ya aquel papel había le había representado en la vida, y que, acabada la comedia del mundo, era ya reo acusado.
El príncipe de las tinieblas dio entonces la palabra a Clito, muerto a puñaladas por el tirano, quien habló de esta manera:
–Yo, señor, fui gran privado de este emperador; que para ver cuán poco caso hacen los dioses de las monarquías de la tierra, basta ver a quién se las dan. Hicieron a este maldito insensato, de quien la soberbia aprendió furores, señor de todo con títulos de rey de los reyes. Persuadióse de que era hijo de Dios; a Júpiter Ammón llamaba padre, y por autorizarse con el sello de Júpiter, se introdujo en en testa de carnero y se rizó de cuernos, y no faltaba sino torearle en las monedas y llamarse Alejandro Morueco. En balde porfiaban en él las pasiones naturales, tan doctas en engañar la presunción humana, diole lo que tuvo la fiereza, hízole grande la temeridad; creció del robo, no era capaz de advertencia. (…) Yo le serví en lo que me mandaba, y no me dio la privanza mi obediencia diligente, sino el entender e que yo seria partícipe de sus insultos, séquito de sus locuras y aumento de sus adulaciones. (…) Matóme porque alabé a su padre. Mira lo que es delito digno de muerte en un tirano, siéndolo solo en el padre haberle engendrado. (…)
-¿Ahora sabes -dijo Satanás- que la privanza es tropezón y todo príncipe zancadilla, que los tiranos lo aborrecen todo: a lo bueno porque no es malo y a lo malo porque no es peor? ¿Qué privado han hecho, que no le hayan precipitado? ¿Qué digo? Acuérdeseos de la emblema de la esponja: todos sois esponjas de los príncipes: dejan os chupar hasta que estáis hinchados, y luego os exprimen y sacan el zumo para sí.
A pesar del estilo conceptista del gran escritor, qué cercana nos parece la escena infernal quevedesca a ciertas escenas de nuestro presente…
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