Laicidad, más o menos

 

Hasta en el último número de El Ciervo, nada menos que la Fundació Ferrer i Guardia publica con ese mismo título un reportaje sobre cada vez más jóvenes se declaran no religiosos, congratulándose  de que avanzar hacia una mayor laicidad no significa negar las creencias, sino garantizar la libertad de conciencia y la igualdad de trato para todas las personas. ¡Como si afirmar lo contrario fuera no garantizar esa libertad y esa igualdad de trato!

El 40% de la población -se supone que española- ya se identifica como no creyente. Más del 57% de los jóvenes -se supone que españoles-, entre los 18 y los 24 años, se declaran no religiosos, frente a un 20% de los mayores de 75 años. Las personas no religiosas de Cataluña ascienden al 51´3% de la población, seguida por el País Vasco (47.4%) y Madrid (44´6%). Más del 82% de los matrimonios en España ya no se celebran por lo religioso… Bastan estas cifras para no aburrir con la aritmética. Todos vemos cada día cómo disminuye el número de bautizados, comulgantes y hasta de funerales por los muertos. Pero eso de que el criterio de religioso o no  sea el criterio central del estudio sobre religiosidad y laicidad me parece muy frágil. A mi me han hecho varias veces esa misma pregunta y siempre he respondido preguntando qué querían decir.

¿Quieren decir que alguien que responde que no es religioso quiere decir que es ateo? ¡Ni mucho menos!  No creo que sea tan sencillo desmontar la afirmación de Emil M. Cioran de que Rusia y España son dos naciones embarazadas de Dios. Otros países se conforman con conocerlo, sin llevarlo en su seno.

Sea como sea, y esperando encuestas mucho más precisas y fiables, lo que un cristiano de nuestro tiempo, que quiera seguir siéndolo, y síéndolo mucho mejor, tiene que preguntarse acerca de la teología actual de los sacramentos -casi único punto de referencia de las encuestas- y, sobre todo, acerca de la pastoral sacramental.

Una realidad, por ejemplo, en auge son los bautismos de adultos (y, a la vez, de las confirmaciones y primeras comuniones). Casi 3.000 adultos han sido bautizados en España, en la última Pascua florida. Algunos de esos adultos son padres que llevan a sus hijos a colegios, religiosos o no, o a la catequesis, a los que nadie ha hablado de Dios. ¡Quién sabe si ciertos sacramentos, explicados de muy otra manera, y a edad más apropiada, y con muchos menos condicionamientos, no serían mucho mejor aceptados recibidos y vividos por nuestra sociedad actual! ¡O si una educación religiosa, puesta al día de la investigación bíblica y catequética, no fuera mucho más convincente y eficaz, dejando de ser punto de división y de facción entre nuestra ciudadanía!