Sin justicia no hay Estado

 

                            Hace unas semanas, se celebró en la plaza de San Pedro de Roma el Jubileo de los operadores de justicia: jueces, fiscales, abogados, letrados…, muchos de ellos miembros de la Asociación Mundial de Juristas, con una copiosa presencia española.

Tras un saludo del prefecto para la Evangelización, Rino Fisichella, el español Juan Ignacio Arrieta, secretario del Dicasterio para los Textos Legislativos glosó unos pensamientos de San Agustín sobre la justicia como participación de la verdad  y como compromiso para recomponer el orden preestablecido por Dios. Concluyó con una cita del joven magistrado italiano sacrificado por la Mafia en 1990, Rosario Livatino, beatificado  20años después: Cuando muramos, nadie nos preguntará cuánto creímos, sino cómo de creíbles fuimos. 

Cerró las intervenciones el papa León XIV, que se inspiro también en varias expresiones de San Agustín: La realidad de tantos países y pueblos es que tienen hambre y sed de justicia porque sus condiciones de vida son tan inicuas e inhumanas que resultan inaceptables. Al actual panorama internacional habría que aplicar estas sentencias permanentemente válidas: «Sin justicia no puede existir un Estado, es imposible que haya un Estado de Derecho en el que no haya una verdadera justicia» O «El Estado en el que no haya justicia no es un Estado».