Pasión de Cristo (IV)

Su sangre es la sangre de la alianza
de Dios con su pueblo. (Mt 26, 28)
Él es la alianza nueva, mejor y definitiva (Hebr 8, 6)
de la gracia y el perdón para todos los hombres.
En medio de la cena les dice a sus discípulos:
– «Este es mi cuerpo que se da por vosotros«. (I Cor 11, 24)
– «Esta es mi sangre de la alianza, derramada por muchos«. (Mc 14, 24)
Cuantas veces lo celebren,
proclamarán la muerte del Señor
hasta que vuelva. (I Cor 11, 26)
Tras la sangre de los machos cabríos,
fieramene expiatoria,
nos deja Cristo en la larga mesa de los días
el pan y el vino alegres y nutricios,
com-partidos, re-partidos en fraterna comunión.
Son su vida partida y entregada:
sustento, compañía y viático final.
La promesa es ya alianza novísima:
Dios y el hombre se alían para siempre. (Hbr 8, 6)