Es el hombre para todos. Es la buena noticia. (Mc 1, 15)
El ser para los otros hasta el final del reto,
que vino a servir y no a ser servido,
y a dar su vida en rescate por muchos. (Mc 10, 45)
Hijo del hombre entregado en manos de los hombres, (Mc 9, 31)
ya no tiene apariencia ni presencia, (Is 53)
es tan sólo un desecho entre malvados.
Como un cordero llevado a degollar
y que no se resiste,
patrón y norma de todas las víctimas,
libre y convincente,
por fiel a la verdad y a la justicia,
por obediente al Padre.
Joven varón de dolores,
carga con todos los nuestros
en su inmensa humanidad perdonadora.
Molido por nuestras culpas,
de las mismas nos libera y nos trae la paz:
el sentido de la vida.
Débil e impotente hasta la muerte, (Fil 2, 6-10)
no se apoya en la fuerza o el poder
de un Deus ex machina amañado.
Con él comienza el Reino y en él se transparenta
-oh, escándalo mayúsculo-
el nuevo rostro de Dios.