Otoño en Urbasa

 

Los robles americanos
incendian ya la Barranca.
Los álamos que nos cruzan
siguen con la frente alta.
Al ascender, cada curva,
nos acerca la batalla
de hayas contra las rocas,
de rocas contra las hayas.
Coros de gentes alegres
gozan la verde mañana
y por sendas y caminos
de la sierra se derraman,
buscando el duende otoñal
que en el bosque se agazapa.
Rasos, altos y colinas,
simas, torcas y hondonadas,
hayas gigantes y helechos,
arces, romeros, albacas,
tilos, acebos y fresnos,
robles, rosales, lunarias,
pinos, abetos y tejos,
espinos, brezos o zarzas…
Roquedos verdes de musgo
y esculturas enrocadas.
Por todas partes el duende
va y viene, sube y baja,
anda, corre,  vuelve y vuela,
todo lo habita y encanta.
Los colores en las hojas
todas sus gamas ensayan,
y llueven hojas maduras
sobre la seroja blanda.
Un asombro de herrerillos
ante nuestros pasos salta.
Dos burritos silenciosos
rondan cargados de calma.

***

Brilla la gracia de Dios
sobre la sierra de Urbasa.