Prambanan, no lejos de la bonita ciudad de Yogyakarta, en Java central (Indonesia), es un conjunto de templos hindúes, levantados a mediados del siglo IX probablemente por el rey Rakai Pikatan, de la segunda dinastía Mataram, tal vez como contraposición al cercano templo budista de Sewu. Abandonados no mucho después de su construcción, la reconstrucción comenzó sólo en 1918 y se dio por terminada en 1953. Para entonces buena parte de los sillares habían sido robados y utilizados por doquier. Por eso sólo unos pocos de los 250 pequeños santuarios individuales o candis, en forma de campanas, fueron rehabilitados, aquéllos de los que se conservaba al menos el 75% de su estructura. Para colmo, el terremoto de 2006 dañó seriamente varios templos mayores y menores, por lo que continúan todavía las delicadas obras de reparación. Visitamos Prambanan al final de la tarde, a ratos bajo la llovizna, después de haber visitado el célebre templo budista de Borrobudur, algo anterior en el tiempo: un impresionante y único templo erigido sobre una colina,como de una masiva, gigante y simétrica estupa, con miles de imágenes grabadas en piedra gris. Pero el guirigay de la entrada y del trayecto hasta el templo, junto a la masiva presencia de visitantes, me impidieron parcialmente su contemplación. En Prambanan la hora tardía y el mal tiempo fueron factores saludables. Tras el largo y ancho recinto de los pequeños santuarios, en su gran mayoría reducidos a montones de piedras negruzcas, se elevan, más al oeste, los templos mayores, entre los que destacan tres de ellos (Trisaki), dedicados a los tres grandes dioses de la religión hindú: Shiva, el destructor; Vishnú, el conservador, y Brahma, el creador, con innmuerables estatuas grandes o pequeñas así como de bajorelieves, en uno de los cuales se narra la leyenda del Ramayana. A pesar de mi mucha ignorancia del hinduismo, viví (pensé, quise y sentí) una experiencia religiosa -de religación con la Divinidad- del mismo orden de la vivida dentro de las catedrales o de algunas iglesias cristianas. La vivencia del misterio del Tremendum et Fascinans, del que nos habló R. Otto: del Dios creador y conservador, Señor de la creación. Y para mí también y sobre todo, Padre.