Dice Harari en su libro De animales a dioses, y hablando del Proyecto Gilgamesh, de quienes trabajan por hacer a los hombres amortales, mientras no lleguen a ser inmortales, que la única ideología moderna -liberalismo, comunismo, socialismo, feminismo, ecologismo…-, que todavía concede a la muerte un papel central, es el nacionalismo: En sus momentos más poeticos y desesperados, el nacionalismo promete que quien muera por la nación vivirá para siempre en su memoria colectiva.
Es cierto que a renglón seguido añade que esta promesa es tan confusa, que incluso la mayoría de los nacionalistas no saben realmente qué hacer con ella. Pero es que las otras ideologías ni siquiera la tienen en cuenta. Ni Marx, ni Adam Smith, ni Simone de Beauvoir dicen una palabra en sus escritos. Y el nacionalismo, sí. Por confuso que sea su lenguaje, que a veces no lo es tanto, todo patriota tiene su cielo asegurado y su memoria un grato recuerdo. Lo que no deja de ser un nuevo estímulo para su militancia.