Nunca un líder mundial, dentro del mundo libre, hizo un llamamiento tan expreso y directo al odio, como Donald Trump en el funeral del asesinado activista de extrema derecha en los Estados Unidos de América, Charlie Kirk. El espíritu presidencial de comunión y de unidad, propio de una presidencia democrática, fue suplantado por el caudillismo, el revanchismo y el odio, que parecían, en una sede religiosa, suplantar al mismo tiempo la realidad del Dios cristiano.
No parece un caso aislado. Paule White. asistente religiosa del presidente, declaró recientemente que la Casa Blanca era tierra santa y que desobedecer a este presidente era desobedecer Dios. ¿También cuando, en vez de justicia y amor, predica odio y pena de muerte?