Una vez más, Trump consigue ser el ombligo del mundo y consigue, de nuevo, más o menos, un consenso general en torno a su nueva propuesta sobre Gaza, que, al menos, es una propuesta, por tardía que llegue, por inviable que a unos les parezca,, o por razonable que otros la consideren, al no verse en el horizonte cosa mejor.
Por otra parte, Trump consigue, con la ayuda insustituible de Netanyahu, que recibe así el mejor espaldarazo, hacer añicos, o al menos, aguar el lema pro palestino del genocidio, estribillo del centro izquierda mundial. ¿A quién extrañará, de ahora en adelante, si Hamas se niega a entregar los cuerpos vivos o muertos de los rehenes y a renunciar toda resistencia bélica, que Israel acabe la destrucción total de la ciudad de Gaza? ¿Quién podrá no acusar a Hamás, de aquí en adelante, de ser el peor entre los malos de la película, ante su falta total de propuestas, si rechaza la que parece única vía para que no solo desaparezca la posibilidad de una reconstrucción de Gaza, sino hasta la posibilidad de los dos Estados, que defiende casi todo el mundo?
Incluso la figura de Tony Blair en el hipotético Gobierno interino de la Franja de Gaza, que nos parecía hace unos días una ilusión, nos parece ahora algo positivo y esperanzador, y posibilitante de otras utopías no menos inciertas.
¡Wait and see, otra vez!