El primer documento de León XIV

 

                       La primera exhortación apostólica -Dilexit te (te amó)- un grado inferior a la encíclica, firmada en la fiesta de San Francisco, 4 de octubre, completa un texto dejado a medias por su predecesor y completado por León XIV, en la misma onda que aquél.

Es una reflexión  y exhortación sobre los pobres, débiles y marginados como centro de la misión de la comunidad cristiana. Los dos papas recorren la historia cristiana y enhebran una cita tras otra, desde la Biblia a los últimos papas, pasando por los padres de la Iglesia y oros santos relevantes de la misma.

Tras la denuncia de un mundo donde crecen las desigualdades, donde reina el capitalismo salvaje y el populismo excluyente, donde se acumula la riqueza y se persigue el éxito social a toda costa, nos enseñan los papas que el cristiano no puede considerar a los pobres solo como una problema social, sino como una cuestión familiar, ni esperar que las fuerzas invisibles del mercado lo resuelvan todo.

León XIV llama a la movilización activa de los cristianos en defensa de los desfavorecidos en el ámbito privado y en el público, reconociendo y destruyendo las estructuras de injusticia con la fuerza del bien y a través de un cambio de mentalidad.

Describe los diferentes rostros de la pobreza: económica, social, cultural, espiritual, política… Cuando toca la inmigración, escribe: La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Y llama mundanidades a dejar la solución del problema en las solas manos de la libertad del mercado o  solo  en manos de los ricos y poderosos.

Y termina citando algunos de los fragmentos más proféticos del Vaticano II en la constitución Gaudium es Spes: 

-Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos. (…) Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. (…) La misma propiedad privada tiene también índole social, cuyo fundamento reside en el destino común de los bienes. Cuando esta índole social es descuidada, la propiedad se convierte muchas veces en ocasión de ambiciones y graves desórdenes.