Comienzo por decir que no conozco ni uno solo de los 25 volúmenes editados del nuevo Diccionario biográfico español, una de las obras magnas y singulares de la Real Academia de la Historia. Soy uno de los muchos biografiados en él y uno también de los muchos biógrafos que lo han redactado. Entiendo que a muchos les haya disgustado lo que dicen que dice el biógrafo de Francisco Franco, pero me hace sonreir de pena el alboroto montado entre historiadores y políticos llamados progresistas, convocados y espoleados por los dos diarios cercanos al Gobierno y a su política de memoria histórica. Grave disgusto y escándalo para todos ellos el que alguien se atreva a escribir algo distinto de lo que escriben todos o muchos de ellos sobre los personajes históricos españoles del siglo XIX y XX, y no sólo de Franco. Quienes estamos habituados a leer que comunistas, anarquistas y socialistas revolucionarios lucharon por la libertad y la democracia en España no no escandalizamos tanto porque alguien escriba que el dictador fue el fundador de un régimen autoritario y no totalitario. Algun peródico recuerda hoy que las descripciones dadas por otro Diccionario de otra Academia, la de la Lengua, de comunismo y stalinismo son poco menos que movimientos culturales respetables, y nadie, ni de derecha ni de izquierda, ha pedido nunca medidas de cualquier clase contra la RAE. Si alguien hubiera escrito en cualquier libro subvencionado con fondos públicos, que Carrillo o Ibárruri fueron autoritarios y no totalitarios, yo no lo hubiera aprobado, pero no hubiera pedido, la verdad, como ha hecho un político comunista catalán, la retirada de toda la edición, ni hubiera exigido, como ha pedido nada menos que la ministra de Cultura, que se cambie la redacción del artículo en cuestión. ¿Y éstos son los que defienden, a machamartillo y a todas horas, la libertad de expresión y la libertad de cátedra?
