Hoy no me dexisto
ni me desantaño.
Los noventa rondan
en mi calendario.
Día de recuerdos,
día de presagios,
día de balances:
perjuicios y daños,
y de beneficios
tamaños
de una larga vida,
de un regalo largo.
Ochentón fenezco,
noventeño avanzo,
más cerca de Dios,
siempre muy cercano.
–Hasta que Dios quiera,
decían antaño.
Pero Dios dejó a las leyes
el destino exacto.
Hasta que las leyes
decidan, yo sigo
y me callo.