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Entre Logroño y Olejua (y II)

 

             Restaurados, a la riojana, cerca de la calle Laurel, ponemos proa a Olejua, (Olessoa y Olexoa, 1212), que debe tal vez el nombre a un propietario que se llamaba así (Ole, manso, pacífico, en euskara).  Cuando llegamos a este pueblo, al sureste de Valdega, en la Merindad de Estella, caen unas gotas, que nos hacen coger los paraguas. Olejua es un municipio pequeño, de 4´41 kilómetros cuadrados de superficie, con un urbanismo holgado en torno a la iglesia parroquial, con algunas calles de casas alineadas, y otras casas exentas, algunas muy recientes.  De los 178 habitantes que tuvo a comienzos del siglo XX se han quedado en 49, aunque de ellos solo la mitad vive habitualmente aquí los días laborables de la semana. Al ser la mayoría jubilados, Olejua es uno de esos pueblos en riesgo intenso de despoblación, según una clasificación de última hora. En el mismo  rango se hallan otros pueblos de la zona: Mendaza y Sorlada, mientras en la categoría inferior de riesgo extremo caben Etayo y Nazar, y en la superior de riesgo importante, Abaigar, Legaria, Mirafuentes y Oco.

Luis va a pedir la llave de la iglesia a una casa cercana. La iglesia parroquial de Santiago es un gran bloque horizontal de sillería, con contrafuertes prismáticos, construido hacia 1200, y contrastado por una elegante torre neoclásica levantada en 1800. Una puerta, bloqueada a los pies del edificio, pintarrajeada de cal, muestra unos bellos capiteles románicos, del  tiempo de la primitiva construcción. Por dentro, tiene una sola nave y dos capillas laterales del XVI. Cuando mi amigo va a la sacristía a  encender las luces, confunde algún botón o tecla en el cuadro de ls mismas y comienzan a sonar las campanas. Temo que sea el toque de fuego y vengan los paisanos a ver qué pasa, pero las campanas callan pronto y la feligresía habrá pensado que se trata de un error. Admiramos en el altar  mayor un bello retablo romanista polícromo, en torno al patrono Santiago, del escultor González de San Pedro, discípulo de Arrieta, con robustas figuras miguelangelescas, a veces un  tanto rudas, como la figura central del apóstol, de estilo protogótico. En el ábside románico semicircular, ocultado en su mayor parte por el retablo, quedan restos de pinturas murales geométricas de tonos grises y rojizos, del siglo XIII. Ruda es la talla de la Virgen del Rosario en el altar lateral barroco que lleva su nombre, donde se exhibe también la joyita del  templo, una pequeña Santa Lucía gótica, del XV, que seguramente procede de la ermita local de la santa, ya desaparecida.  Vivo y expresivo es  un Crucificado del XVII, a los pies de la nave. Y curioso, y bien mantenido, el púlpito barroco, de hierro forjado.

Devuelta la llave, y como ya no llueve, recorremos despaciosamente el pueblo. Detrás de la iglesia, dos escudos de los siglos XVIII y XIX -uno de ellos, de los Chávarri- llevan vanas armas de llaves, aves, aspas, bandas, flores de lis, un león rampante, cabezas de dragón, guirnaldas… Cerca, el olejuano Miguel, hombre al parecer  de buen gusto, levantó una casa exenta, y de lo que era una pajera y una cuadra hizo un jardín de delicias con árboles, plantas y flores y un camino para contemplarlo.

Pasamos por las antiguas eras comunales, de las que algunos vecinos se apropiaron y otros se enteraron demasiado tarde, y llegamos a una especie de balcón natural sobre el Valle del Ega, sobre los términos cerealísticos de Ollandi y Llano del Nogal. El cereal es el cultivo preferente de todo el Valle; el viñedo,l las esparragueras y el olivar son residuales. En Olejua queda una granja de ganado ovino, y su exportgción llega hasta Italia.

Situados en Olejua, el sotomonte occidental de Monjardín, tenemos en frente, hoy entre brumas, el murallón arrogante de Lokitz, con el Raso de Viloria en medio del macizo. Ancín, Mendilibarri, el industrioso Murieta y Legaria se alinean a los dos flancos del río Ega, que drena, riega y denomina el valle y el Valle. Más cerca  tenemos a Oco, no lejos de la ermita de San Bartolomé, ermita comarcal, centro de Valdega. Otro día, iremos a ver el castro celtíbero del Pozo de la Mora, entre Oco y Legaria. Mirando hacia poniente, vemos, de cerca a lejos, Etayo, el señorío de Leurza y Sorlada, apoyados en la cadena montañosa, que continúa el macizo de Monjardín hasta casi tocar la Sierra de Cábrega. Volviendo la vista atrás, vislumbramos en las faldas del macizo, bajo los restos del castillo de Deyo, el Camino de Santiago, menor o alternativo, que atraviesa el sendero de las Brujas, para pasar por Olejua y esos tres lugares, y volver desde allí al Camino francés de Los Arcos.

Al otro lado, separados por las Dos Hermanas -isla montana en el verde mar de los Valles de La Berrueza y del Ega-, se arraciman Piedramillera y Mendaza. Y, al fondo, bajo la Sierra de Codés, donde cuelga Nazar, lindando con la de Cábrega, el circo donde se acomodan Otiñano, Mirafuentes y Ubago, unos puntitos blancos desde aquí: ese ubérrimo rincón cerealístico de La Berrueza en los primeros y luminosos meses primaverales.

El cercano cementerio de Olejua se renovó en 2010 y está limpio y vistoso, aunque sin apenas cipreses. Saliendo por la carretera vieja, donde hay algunas casas, nos acercamos a la de Luis, en las afueras del pueblo, entre la carretera vieja y la nueva.  Está rodeada de árboles y de rosales y de un campo de trigo ya granado. Se abre los fines de semana.

Volvemos al coche, aparcado debajo de la casa consistorial, reciente y un  tanto pretenciosa, fuera de contexto, pero ahí está.

Entre Logroño y Olejua (I)

 

         Me invita mi amigo Luis , el primer día que se abre el perímetro navarro, a una visita a Logroño, en la que podamos visitar también la capilla de San Gregorio Ostiense, que yo no conozco y él sí, como devoto cofrade que es del santo de Sorlada. Primeramente se encarga de invitar a dos ilustres eruditos artistas o artistas eruditos logroñeses, Federico Soldevilla y Taquio Uzqueda, que han sido y son todo en la capital riojana, que conocen como su propia casa.

Nos encontramos todos, un esplendente día de mayo, ante la Puerta del Revellín o Puerta de Carlos V, la única que queda de las antiguas que servían de acceso a la ciudad, parte de las murallas del siglo XII, bajo un gran escudo imperial, ya muy deteriorado. Escenario que sirve cada año, en las fiestas patronales de San Bernabé, para evocar la gesta de los logroñeses en 1521 contra las tropas francesas y agramontesas navarras que habían vuelto a reconquistar el Reino de Navarra y se pasaron un pelín. La Cofradía del Pez reparte ese día peces, panes y vino, alimentos que sirivieron en su día a los patriotas castellanos sitiados tras estos muros. Avanzamos lentamente por la calle vertical, oeste-este, bien llamada Barriocepo, barrio de mala fama en tiempos, que continúa por Ruavieja. En ellas se encuentran monumentos excelsos y tienen su sede instituciones y servicios muy importantes de la urbe: Parlamento de la Comunidad, que conocí en sus inicios; chimenea de la antigua Tabacalera; rectoría de la UNED; Dialnet, el servicio cultural más universal de la Universidsd de la Rioja; la Asociación Riojana de Amigos del Camino; el Albergue de Peregrinos; el fastuoso Museo del Vino; la casa de doña Jacinta Martínez de Sicilia, duquesa de la Victoria, esposa del general Espartero, a quien conoció en Pamplona… El ayuntamiento de la ciudad y la Comunidad Autónoma de la Rioja han hecho mucho, como se ve, por la rehabilitación de estos viejos espacios, tan complejos, pero nuestros guías riojanos reconocen que falta mucho por hacer y hablan con elogio de todo lo que que se ha conseguido en ciudades cercanas, como Pamplona y Vitoria.

Nos detenemos un poco más en la iglesia de Santiago el Real, del siglo XVI, con dos imágenes del Apóstol en la fachada; iglesia muy vinculada al municipio logroñés, como que sirvió en tiempos de achivo del mismo. Retablo majestuoso. Torre lanzal de cinco cuerpos. Al costado del templo se abre una gran plaza y un mirador sobre el Parque del Ebro, de 72.000 metros cuadrados, la obra ornamental y ecológica de más aliento en la ciudad. En el pavimento de la plaza, popularmene llamada de la Oca, se encastra un curioso Juego de la Oca con motivos y lugares jacobeos. Cerca está la Fuente del Peregrino, recuerdo de otra anterior, rehabilitada en los ochenta.

De todos y cada uno de estos monmentos y riquezas materiales e imateriales nos dirán Federico y Taquio alguna o algunas palabras sabias y atinadas. Hasta que llegamos, ya casi al final de la Ruavieja, a la ermita de San Gregorio Ostiense, obispo de Ostia, cardenal de la Santa Iglesia Romana y legado del papa XVIII ante los reyes de Hispania, donde estuvo cinco años y fue conocido por el pueblo cristiano como milagroso remediador de las plagas del campo. En el mismo sitio donde estuvo la original, de 1643, se inauguró la ermita nueva, 9 de mayo de 1994, en el 950 aniversario de la muerte del santo (1044), que tuvo su casa en Logroño a unos metros de la ermita. Mínima de espacio, acoge esta un cuadro del santo, restaurado a expensas de los Rotarios de Logroño, además de una escultura del mismo. En la inauguración de la ermita no faltó el párroco de Sorlada, en cuya grandiosa basílica barroca descansan los restos del santo, trayendo en sus manos el busto-relicario, revestido de plata, por donde pasa el agua de la devoción popular en las mañanas de romería. El agua milagrosa de San Gregorio era un lugar común entre nuestros paisanos. Su fama traspasó todas las fronteras entre los siglos XVI y XIX, y el templo de Sorlada fue centro de continuas, innumerables peregrinaciomes. Hoy queda de todo aquello la devoción de unos piadosos cofrades en Sorlada, pueblos aledaños y en Logroño, como son mis tres acompañantes. Luis, que es de Olejua, todavía presume de que la sabia mula que trasportaba desde Logroño los restos del santo, según este había previsto, quedara agotada del viaje en el monte Piñalba, no lejos de su pueblo, donde debía levantarse el santuario.

Tras visitar uno de los muchos calados del Casco Viejo logroñés -bodegas de piedra, en forma de medio cañón, con sus lagos, prensas, etc., preparados para eventos sociales y de empresa-, terminamos la mañana con un vino agradecido en el modernista Café Moderno (1916), otro lugar típico e histórico de la ciudad. Donde hablamos sobre todo de la Rioja, y donde dejo constancia de mi admiración y de mi cariño por la ciudad y por la Comunidad riojana , tan varia, tan rica, tan bella, que tantas veces he visitado y espero seguir visitando.

 

 

La Ascensión del Señor

Lc 24, 50-53; Hech 1, 6-11; Mc 16, 19

Contaban las diversas tradiciones judías
que algunos personajes de la historia antigua,
como Enoc, Elías o Moisés,
fueron raptados al cielo por Dios, o por Dios a su cielo,
de donde volverían,
el día del juicio final sobre la tierra.

Las cartas de Pablo y sus imitadores
hablan a menudo de Cristo exaltado por Dios,
elevado a la gloria,
ascendiendo al cielo
o subido por encima de todos los cielos
.
La resurrrección gloriosa de Jesús, el triunfo de la vida,
es para Pablo y Juan
la misma ascensión: elevación celeste.

Pero Lucas quiso, por razones catequéticas,
separar la Pascua de la Ascensión,
poner un límite de cuarenta días a la Pascua
-un número perfecto-

para organizar la Iglesia,
y fijar la escena final cerca de Betania,
en una experiencia pospascual y familiar de despedida
de todos sus discípulos.
Donde, al tiempo que les bendecía,
postrados en tierra,
se separó de ellos y fue llevado al cielo.

Lo que quiere decir:
que
Jesús ha subido a la altura de Dios,
desbordando el plano de la historia y geografía de la tierra,

en un ámbito de gloria y plenitud pascual.

Y todos los discípulos
gozosos volvieron a Jerusalén,
y pasaban muchos ratos en el Templo
dando gracias a Dios.

La libertad religiosa en el mundo

 

           Más de 5.200 millones de personas de la población mundial viven en países donde se cometen violaciones de la libertad religiosa, según informa Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN). Las cifras de persecución y discriminación por motivos religiosos se mantienen o aumentan en los países donde tradicionalmente se persigue y discrimina, mientras crece la persecución educada, en frase del papa Francisco, en los países ocidentales.

Entre 2018 y 2021, en uno de cada tres países no se respetó la libertad religiosa. En 26 de ellos, seguir un credo religioso puede acarrear persecución o incluso genocidio, como es el caso de los uigures enn China, o está sucediendo en Myanmar (Birmania). En otros 36, ser creyente conlleva una patente discriminación. En 30 de ellos se cometieron asesinatos por motivos religiosos. El avance del Estado Islámico en el cono sur deja un reguero de muerte y destrucción.

Denuncia también ACN la utilización por el Estado Islámico de la violencia sexual contra la mujer para exterminar minorías religiosas. Se procede a la violación sistemática de mujeres y niñas y se conciertan matrimonios en los que ellas deben abjurar de su fe y profesat la de sus violadores. Añádase a esto, en algunos casos, la estigmatización de ciertas minorías religiosas como causantes de la pandemia; la negación de ayuda humanitaria a las mismas, y un notable aumento del yihadismo tanto en ataques como en la captación por internet (cibercalifato).

500 años de catolicismo en Filipinas

 

Por todo lo alto celebró la Cátedra nternacional CEU Elcano. Primera Vuelta al Mundo los 500 años de la expedición de Magallanes-Elcano, que supuso el encuentro de los pueblos y los mundos que abrieron nuevos horizontes para la fe y la humanidad, el 16 de marzo de 1521. La primera misa fue el 31 de ese mes, domingo de Pascua, y los primeros bautizos el eía 14 de abril del mismo año. La fe cristiana -dijo el nuncio de la Santa Sede en España, Bernardito Auza, filipino él- es la herencia más grande profunda y duradera de los más de tres siglos de presencia española en la Filipinas (…), y se mostró profundamente agradecido a los misioneros que nos anunciaron el Evangelio.

El mismo nuncio, que pronunció palabras semejantes en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española y en el convento de los agustinos filipinos en Valladolid, echó mano de una expresión coloquial del papa Francisco, que se refirió a los filipinos como traficantes y contrabandistas de la fe, porque donde van a trabajar, trabajan bien y son capaces de sembrar la fe.

En el castro de Gorriza

 

El poblado de Gorriza (más que «rojo», duro, pelado, descarnado) entre Arguiñariz y Etxarren de Guirguillano, perteneció al señorío de Belascoain. Tenía 4 habitantes en 1853; 15 en 1887; 8 en 1950 y ninguno en 1960. Desmontados los restos del poblado, solo queda en pie la sencilla iglesia románica, ya desafectada, con su ábside semicircular, bóveda de aristas y coro de madera, cuya imagen titular de Nuestra Señora de Gorriza se guarda en la iglesia del próximo municipio de Artazu. Las 112 hectáreas de su denominación pertenecen al Patrimonio Forestal de Navarra.

Merece bien un viaje , en estos primeros días de mayo, llegarse hasta aqui, aunque solo sea para acompañar al río Arga en uno de sus tramos más sosegados y bellos (Etxauri-Puente la Reina), entre una vegetación ufana y rozagante a los dos flancos de la carretera. Solo que, en un fin de semana, el tráfico de coches, motos y bicicletas puede perturbar un tanto el sosiego de la naturaleza. Acertamos esta vez con la entrada, que carece de toda señal, y subimos decididos por una ancha pista, obra de siglos. Buena parte de estas laderas, últimas estribaciones del Esparatz, fueron repobladas en los años sesenta con pinos laricios, salgareños o negrales, tan longevos que pueden durar más de mil años, y resistentes a la sequía y al frío. Junto al arce de Montpellier, espinos navarros, rosales sivestres, tomillos, ollagas, ruscos, siemprevivas, y las alegres flores de mayo que voy mencionado en las últimas excursiones, abundan en este itinerario, a la vera del camino, los linneanos pistacia lentiscus y, en menor número, pistaccia therebintus, mutuamente hibridantes, especies del género pistaccia, verde perenne, hojas coriáceas , y drupas rojas y negras como fruto, intensamente deseadas por los pájaros; con largas propiedades terapéuticas (contra la gota o la leucorrea) e industriales (desde la almáciga a la aromatización de licores). El terebinto, planta bíblica, se merece 30 nombres castellanos: cornicabra, descuerna-cabras, higuera silvestre, quemaculos, árbol de trementina y… hasta árbol de Nuestra Señora. En Arguiñáriz los llaman, o los llamaban, basolivos: olivos del bosque, olivos silvestres.

Al subir, vamos viendo, al otro lado del río, la envergadura del macizo frontero de Vllanueva, más libre de pinos que los contonos de Gorriza, pero no del todo. El macizo recoge en sus faldas un buen número de despoblados, que solíamos visitar, en nuestros buenos tiempos, partiendo del poblado/despoblado Sarría: Sotés, Villanueva, Ecoyen y Samazal/SanMarcial. En una de las varias curvas de la pista vemos allí arriba la ermita, un poco más lejana de lo que dicen las guías. Damos de pronto con el camino de Etxarren, que sigue hacia el sur. Desaparecen por fin los pinos y andamos entre grandes encinas, robles, quejigos y bojes. Camino de la ermita, vemos una higuera supérstite, con brevas todavía verdes.

Por estos parajes llanos, sobre roca a flor de suelo, estuvo el castro, formado geológicamente por un espolón rocoso (490 m.), inclinado hacia levante y rodeado de escarpes en tres de sus flancos, así como protegido en su sector occidental, menos defensible, por un talud artificial y una pequeña depresión frente a él. Como es natural, la aldea que aquí existió y la ocupación humana todavía reciente hacen difícil el estudio del yacimiento original. En la ladera meridional del mismo se han descubierto algunos fragmentos de molinos de mano barquiformes y unos restos de cerámicas manufecturadas, que evocan el Bronce Final o Hierro Antiguo. Mirador dominante sobre el desfiladero atravesado por el río Arga entre Belascoain y Puente la Reina, desciende próximo el barranco Gorriza, que desemboca en aquel. A nuestra vista tenemos en primer lugar Arraiza y su ermita de Arrigorria, la bocana de Val de Etxauri, hasta los montes que cercan por el este la ciudad de Pamplona. Siguiendo al Arga hacia el sur, divisamos enfrente el levantado Artazu y los montes de Mañeru y Mendigorría..

Después de bajar, intentamos buscar un lugar para almorzar a orillas del Arga, pero los dos pequeños recodos no están disponibles. Así que seguimos, entre pinares, pasando por la restaurada iglesia del despoblado Orendain, hasta nuestro familiar Alto de Guirguillano. Pensábamos después llegarnos al castro de Oro en Salinas, pero cambiamos por ver la Salinas sin más. Pues, ni una cosa ni otra, porque un despiste en estas enredadas carreteras, nos hace ir por la más curvosa tal vez de toda Navara, contemplando Esténoz, Muzqui, Irujo, Arguiñano, Guembe, hasta llegar a Munárriz, que hace años no veíamos. Qué blanco, qué renovado, qué alegre de gente está a estas horas del sábado: su iglesia, su torre medieval, sus tres casas rurales, su nuevas viviendas… Por todas partes lirios morados, caléndulas, buen gusto. Hablamos con uno de sus residentes de fin de semana: nos lo confirma. Urdánoz, en obras, también se ha remozado; vemos, además, muchos gatos. En Aizpún, en el hotel de Aipún, que ha convertido la pequeña capital del Valle de Goñi en los elegantes contornos de un hotel, tomamos cervezas con gaseosa y con limón. Y luego, por fin, tras dejar el pueblo de Goñi para otra tarde, volvemos por el mirador- ¡el otro mirador!- sobre la cubeta-cuenca del Valle de Ollo y el curso del Araquil, en su mejor exposición natural de primavera.

La mundialización de la ética

Si las religiones no abandonan el terreno de la confrontación y buscan el encuentro, no habrá paz entre las naciones. Este fue el santo y seña de Hans Küng, el teólogo católico que mejor estudió las tres Religiones del Libro y más trabajó por una ética mundial, con sus libros, sus intervenciones orales, sus dos Institutos en Tubinga, su Fundación y sus numerosos viajes.

Según el teólogo suizo, las tres Religiones, además de tener como principio común la llamada Regla de oro y la de plata, coinciden en cuatro grandes principios o mandamientos más concretos y cotidianos: No matarás. No robarás. No mentirás. No harás mal uso de la sexualidad.

No sólo pidió el diálogo entre religiones, sino que contó también con los que carecen de fe religiosa. Supo vincular las normas morales con la tradición, sin dejarlas en un puro formalismo, ajeno a la experiencia y costumbres de las masas, porque la ética universal necesita un consenso universal. Y nos dejó un proyecto de una ética mundial, como nadie lo había hecho hasta ahora.

A los 700 años del Dante

El papa Francisco, siguiendo una buena costumbre de sus predecesores, León XIII, Pío X, Benedicto XV, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, ha publicado también una carta apostólica, Candor lucis aeternae, en el 700º aniversario de la muerte de Dante Alighieri (Florencia, 1265 – Ravena, 1321).

Además de dedicarle el atributo del título, le llama luz de la fe… profeta de esperanza y testigo del deseo humano de felicidad… testigo de la sed de infinito ínsita en el corazón del hombre. Y cuya misión era también la denuncia y la crítica dirigida a los creyentes, sean pontífices o simples fieles, que traicionan la adhesión a Cristo y transforman a la Iglesia en un medio para sus propios beneficios, olvidando el espíritu de las bienaventuranzas y la caridad hacia los peqeños y los pobres, e dolatrando el poder y la riqueza.

En Santixusti de Guendulain

 

 

Tarde primera de mayo. Atravesamos Esparza de Galar y el barrio bajo de Galar, pueblos renovados y elegantes, ajardinados. Dejamos el coche y nos ponemos a andar por una buena pista hacia el Camino de Santiago, que parte de Pamplona a Puente la Reina-Estella-Logroño. Tenemos ante nuestros ojos un vasto panorama primaveral de verdes prietos (trigales) y verdes transparentes (cebadales), que rodean el pueblo de Galar y se derraman a un lado y otro, perdiéndose en la luz de la belleza que ilumina todo el costado occidental de la cuenca de Pamplona. Como si el paisaje hubiera madurado y estallado de golpe. Unas calandrias salen alborotadas delante de nosotros.

El Camino de Santiago es estrecho y son muchos los viandantes que van y vienen, solos, acompañados, con perros, con bicis. Son también las flores de mayo que nos salen al paso: campánulas, ranúnculos, margaritas, orquídeas, viboreras, potentillas, mentastros… y exigen nuestra atención. Un rodal de chopos muy altos. La segunda parte del Camino coincide con la regata Agunce, que baja de la sierra del Perdón y llena las dos orillas de la via de una rozagante vegetación: olmos, espinos navarros, zarzamoras, agavanzos, viburnos, cornejos…, y, más adelante, fresnos, álamos, nogales, arcess, acacias o plátanos.

En la última parte de nuestra andada, antes de llegar al pie de la colina, donde estuvo el señorío de Guendulain (de Centulus: centulanun, Centuli fundus), llevamos cerca, encima de nosotros, el espolón del cerro prerromano, configurado por escarpes en todas las direcciones, excepto en el sur, que debió de estar defendido por una muralla de la que quedan restos en un ribazo. Nos entretenemos un rato en la balsa, formada por el Agunce, con grandes carrizos laterales, donde canta la curruca carricera, y después nos acercamos al cerro testigo por su flanco occidental. Pero nos separa de él una pieza de trigo. En esto que atraviesa la finca una gran máquina agrícola, abonadora o regadora, que andaba trabajando con dos grandes aletas una finca contigua. Queremos preguntarle al tractorista si podemos atravesar el trigal, pero él va a hablando por teléfono, nos sonríe y no se detiene. Aprovechamos el surco que ha hecho la máquina y alcanzamos la falda del cerro, llamado Santixusti o Santijusti, por la antigua ermita dedicada a Santa Justina, ya desaparecida. Por entre altas hierbas, otaberas, ollagas (genista scorpius), enebros, tomillos, zerrenzas…, subimos hasta el primer bancal o foso, que rodea todo el cerro, acercándonos al espolón, sin pasar de allí. La superficie interior mide en torno a 20.000 metros cuadrados, según Armendáriz.

Los arqueólogos de la Universidad de Navarra, entre ellos, Amparo Castiella, encontraron aquí, a finales del siglo pasado, cerámicas hechas a mano, tormeadas de tipo celtibérico y romanas altoimperiales de varios tipos. La utiización agrícola del recinto, anterior a los años setenta, destruyó buena parte de las estructuras internas y de los depósitos arqueológicos. El poblado, que pudo arrancar del Bronce Final o del Hierro Antiguo, siguió habitado hasta los primeros siglos de nuestra Era y fue abandonado pobablemente durante la Edad Media, cuando sus paisanos pasaron a las colinas próximas y más habitables de Galar y Guendulain. Ahí cerca vemos desde aqui el poblado celtíbero de Sansol (Muru-Astrain), que ya visitamos, y el de Esparza, que nos queda por visitar. Y también el campamento romano de Gazólaz, junto al caserío actual, precedidos por la torre y las casas viejas y nuevas de Sagüés.

Po estos lugares, la Asociación de Contratistas y Promotores de Navarra (ACP) compró el año 2005 tres millones ochocientos mil metros cuadrados de terreno (de los 5´56 kiómetros cuadrados de Guendulain) a los hermanos Londaiz Mencos, herederos del conde de Guendulain, intentando construir 15.000 viviendas, que luego llegarían a 18.970 (50 por ha), para lo que hubiera podido ser la segunda ciudad de Navarra, mucho más que un nuevo Mendilllori. Hasta ahora no han comenzado las obras. Afortundamente.

 

Misión de Pascua

Jn 21, 1-14; Luc 5, 4-10

Esta vez, muchos años tras la muerte de Jesús,
eligió también el cuarto evangelista el mar de Tiberíades.
Pedro y seis de sus amigos, discípulos del Cristo,
se fueron a pescar, que es lo que sabían.
No tuvieron suerte aquella noche,
pero, al día siguiente, recordando al Maestro,
echaron de nuevo la red a la diestra de la barca
y fueron tantos los peces capturados,
que llegaron
a ciento cincuenta y tres:

número mágico, triangular,
que indica multitud y conjunto completo.

El relato va más lejos que la historia contada.
Sobre el mar del mundo es muy díficil
la pesca cotidiana, aconsejada y prometida.
En medio del agobio y del fracaso
se adelanta el discípulo amado, y el más lúcido:
–Es el Señor, les dice a sus colegas,
y Pedro se lanza a la aventura
y arrastra luego a la orilla la cosecha.
Él es el dueño de la barca, y aqui el protagonista
del trabajo en equipo y del éxito final,
que recoge el total de los pueblos de la historia.

Les espera después el almuerzo del pan y de los peces,
asados a la brasa:
alegre comida compartida,
recuerdo y gracia suprema del Maestro
.

Experiencia cotidiana de la Iglesia creciente.