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El Dios de Delibes

Discreto, sobrio, liberal y cristiano -le describía el diario LR-, Miguel Delibes nunca rehuyó mostrar su fe abiertamente. Enemigo del dogmatismo, la intolerancia, del escrúpulo que puede llegar a ser una fosa para la fe, de la injusticia y de la explotación del hombre o la naturaleza. Toda su obra fue una defensa de la dignidad humana, de ese fondo moral inalterable, en que él mismo se apoyaba. Su defensa igualmente del nasciturus, sin tremendismos ni excentricidades, ha sido justamente subrayada por los los pocos medios de información que todavía se atreven a discurrir sobre estas cosas. En su novela, tan autobiográfica, Señora de rojo sobre fondo gris (Ángeles de Castro, su mujer fallecida), el Dios que ayudó al novelissta a salir del pozo de su dolor y su tristeza, como él confiesa, aparece revelado, manifestado, encarnado en su Palabra, en Jesús de Nazaret: Era cristiana y acataba el misterio. Su imagen de Dios era Jesucristo. Necesitaba una imagen humana del Todopoderoso con la que poder entenderse (…) Cristo era el cimiento. En particular el Cristo del sermón de la montaña. Y él mismo, posteriormente, hacía esta sencilla profesión de fe: Espero que Cristo cumpla su palabra y ella nos traiga una paz y  una justicia perdurables a los que tanto las hemos predicado. Para mí eso podía ser una forma de vida eterna.   

Con Obama

Cuando la política antierrorista española está en su mejor momento; en medio de las celebraciones fúnebres por el polícía francés asesinado por ETA; a las puertas del primer Consejo Europeo bajo presidencia española; mientras se prepara una necesaría, aunque tardía, legislación que impida al entorno de ETA (y no Izquierda Abertzale)  presentarse a las próximas elecciones, y, mientras comparece ante el juez, por acusaciones de corrupción, un expresidente autonómico  y  ex ministro del PP…, va, coge, agarra el benemérito y excelente ex ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y lanza unas declaraciones explosivas equiparando y compadreando al Gobierno español con ETA, y anunciando una estategia conjunta para ganar mutuamente las próximas elecciones. ETA agradecerá sin duda a Mayor esa elevada categoría política prestada, ese magno poder atribuido, y esa respetabilidad insospechada e inesperada, al situarla a la par de todo un Gobierno español.- Así que para huir de tamaño disparate, me pongo a leer el triunfo épico de Obama, de Nancy Pelosi y mucha más buena gente, al dar cobertura sanitaria a nada menos que 35 millones de personas en el país más rico y poderoso del mundo (no por cierto en justa distribución de la renta total). El recuerdo  emotivo de  la madre del presidente, de 52 años, enferma de cáncer y rechazada por la entidad aseguradora, me ha parecido de un valor simbólico y de una eficacia política excepcional. Por otra parte, todos los seudoargumentos que leo y oigo, aqui y allí, contra esa reforma, fuera de cuatro quisicosas técnicas, me parecen de un inhumanismo propio de inhombres, o al menos de fanáticos dignos de vivir en los años de la guerra de Secesión.

Quien se resiste al perdón

Ángel Moreno, de Buenafuente, nos ha dado ya muchas lecciones de espiritualidad. Me han encantado unas recientes reflexiones suyas sobre el perdón, que no hay más que decir:

Quien se resiste al perdón se endurece.
Quien se resiste al perdón huye del propio conocimiento.
Quien se resiste al perdón busca los defectos de los demás.
Quien se resiste al perdón se incapacita para pertenecer a la comunidad.
Quien se resiste al perdón se vuelve juez inmisericorde.
Quien se resiste al perdón puede llegar a enloquecer.
Quien se resiste al perdón se convierte en pretencioso.
Quien se resiste al perdón piensa que es invulnerable
.

                                     (…)

El perdón desactiva la violencia.
El perdón resuelve la incompatibilidad.
El perdón libera el corazón de la venganza.
El perdón serena la mente de toda obstinación.
El perdón capacita para comenzar de nuevo.
El perdón transforma la pérdida en ganancia.
El perdón transfigura la realidad.
El perdón transmsite paz.
El perdón deja gustar la bondad de las personas.


El católico José Bono

A José Bono, dirigente socialista, durante muchos años presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha,  ex ministro de Defensa, actual presidente del Congreso de los Diputados, le entrevistaba hace unas semanas el director de VN. Bono pondera el acierto de la Iglesia española de no propiciar un partido católico o de inspiración cristiana (democristiano) durante la Transición. No quiere, ni él ni el grupo de cristianos socialistas  al que pertenece, constituir dentro de su partido una corriente organizada (de poder), sino un grupo testimonial y de animación mutua. Tienen todos ellos como referencia vital a Jesús de Nazaret. Pero habla por dos veces  de sentimientos religiosos, expresión que siempre me ha parecido muy inadecuada y peligrosa. Menciona tres referentes excelsos: Romero, Ellacuría y Castellanos: este tipo de referentes suele ser una señal de identidad de todo político católico oficialmente de izquierdas. Elogia la disciplina no cuartelaria del PSOE, con la que ha convivido sin grandes traumas. Confiesa no ser dogmático, ni siquiera en materia de fe, y no acepta mansamente las opiniones que no comparte. Como no explica bien lo que quiere decir, me quedo sin saber lo que realmente piensa en este punto, aunque ya sé que la palabra dogma tiene una pésima prensa entre los progresistas de toda laya, sin que aborrezcan de igual manera sus dogmas propios. Algo de ese pensamiento nos revela cuando a renglón seguido nos dice que el dogma de la Inmaculada Concepción le evoca respeto a la mujer y no lo que les evocaba (aquí le sale el ex ministro de Defensa) a los españoles (¿a la Infantería española de la que era Patrona?) del siglo XVI y XVII.  Hombre, para eso bastaba la existencia de la Madre de Jesús. Sigue hablando bien de la última ley del aborto, de las enmiendas a la misma, que, por lo visto, la hacen buena o al menos digna de ser votada a favor, como ya lo dijo públicamente a la hora de la apología oficial. No aboga por la libertad de conciencia en casos como éste y apoya implícitamente su postura con el ejemplo del PNV, al que califica de partido confesional católico, lo que que hace mucho tiempo no es cierto. Acierta cuando se acoge al núcleo evangélico sintetizado en el día del juicio, de Mateo.  Hace decir a Benedicto XVI sano laicismo, pero el papa escribió sana laicidad. Distingue entre obispos y obispos y entre una parte y otra de la Iglesia -con expresa mención del fundamentalismo-, pero no hace lo mismo con su partido y con la izquierda en general. Se gloría de haber sido muy amigo del arzobispo franquista de Toledo, Marcelo González, así como del progresista Enrique y Tarancón, de quien cuenta dos sabrosas anécdotas. A la hora de agradecer a  sus maestros espirituales, vuelve a citar a Ellacuría y Castellanos, así como al P. Ángel, junto a sus padres y las monjas de clausura, que le acogen solícitas. Se cuida de no hacer la mínima crítica (autocrítica) al laicismo militante de buena parte de su partido ni de la izquierda española en general. Está claro que los políticos católicos, oficialmente de izquierda, no tienen nada que perder cuando critican a la Iglesia, y tal vez todo que perder si critican a su partido. Anima irónicamente a los obispos españoles, entre los que tiene buenos amigos, a no vaciar más las iglesias y los seminarios.- Inteligente, astuto, bien intencioando sin duda, este José Bono. Lo peor de todo es que, con estos defectos encima, es una excepción. Pero bien aprovechada.

¿Por qué pedir algo a ETA?

Leo en DN digital que en el Parlamento de Navarra piden a ETA el abandono de la violencia. Digamos por de pronto que eso no es cierto. Los cinco portavoces, de quienes se recogen unas vulgares declaraciones en el mismo periódico, no dicen eso. Dicen todos ellos, mejor o peor, lo que debe hacer ETA: desaparecer, anunciar la renuncia a las armas, etc.- Es un grave error que políticos, periodistas o comentadores pidan -o informen de que otros piden, cuando no piden- algo a una banda de bandidos como ETA, mil veces condenada, ilegalizada y proscrita, como si fuera un sujeto normal de existencia y organización política. Después de tener que leer cada día mil veces: violencia, radicales, kale borroka, izquierda abertzale…, ahora esto como guinda del habitual disparate.

Refugiados en el mundo

Según ACNUR, en el mundo hay 26 millones de desplazados interiores y 16 de desplazados exteriores, llamados propiamente refugiados, que huyen de la guerra, la persecución política, el hambre o causas similares. La mayoría de éstos últimos viven penosamente en grandes ciudades: somalíes en Nairobi, iraquíes en Damasco o Amán, etc; el resto en campamentos fuera de las ciudades. El número de refugiados en este momento disminuye en África -donde Suráfrica acoge el 25% de los mismos- y crece en Oriente Medio. Una de las organizaciones que más trabajan en este campo, junto a la oficial ACNUR, que organiza la ayuda de la ONU, es el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), creado en 1980 por el P. Arrupe, presente en 50 países. Su misión principal es acompañar a los desplazados y refugiados y  proporcionar instrucción y educación a pequeños y adultos. El jesuita alemán Peter Balleis, al frente ahora del Servicio, es muy crítico con la actuación de los Estados europeos en relación con los refugiados, especialmente Italia, y  elogia la conducta en general de los refugiados que llegan, entre otros muchos inmigrantes, a nuestras costas, fronteras y aeropuertos: por su condición y su sufrimiento son  los que menos problemas causan, y los que más interés tienen en aprender la lengua del país de adopción, respetar sus costumbres y permanecer en él.


El reino de Dios (II)

        (Luc 6, 20-23; Mt 5, 3-12)

El reino inminente predicado por Jesús
no es sólo el reino final, definitivo,
para todos los benditos de su Padre.
Un cambio radical ha irrumpido en el mundo.
Una inversión total de valores y medidas:
Lo grande es pequeño,
lo pequeño es grande;
la fuerza es el mal
el amor el bien;
los propios serán extraños
y muchos de éstos entrarán
en la sala del banquete de los tiempos novísimos.

Los profetas de Israel
denunciaron los desmanes de su pueblo:
el trato cruel de los cautivos,
la venta de los pobres como esclavos,
las matanzas impuestas por los reyes,
las muchas injusticias
de los dueños del poder contra los pobres.

Jesús de Nazaret
viene a cambiar el quicio de la historia,
vinculando el tiempo y el espacio,
uniendo los eones diversos,
invitando a los hombres
a escuchar la palabra salvadora
de la nueva creación.
Dios, Padre celestial,
es un padre pródigo en perdones
y es la sola razón
del amor y la justicia,
comunidad de alianza
que se ofrece en el reino de los últimos tiempos.

Tal vez en la colina,
tal vez en la llanura,
o a la brisa del mar de Tiberíades,
en una ocasión, o en varias ocasiones,
proclamó Jesús las tres bienaventuras,
que dicen mejor que mil tratados,
mejor que las encíclicas,
mejor aún que todos los concilios,
lo que el reino de Dios
significa y comporta,
superando cualquier expectativa,
contradiciendo múltiples pronósticos,
deshaciendo un sin fin de silogismos,
pero cumpliendo a la letra
la justiciera voz de los profetas de Israel:

Dichosos son los pobres
porque de ellos es el reino de Dios.
Dichosos los afligidos
porque serán consolados.
Y dichosos los hambrientos
porque Dios los saciará.

Ignorancia bíblica

 Vuelvo a uno de mis estribillos. La encuesta mundial organizada por la Federación Bíblica Católica, llevada a cabo hace un año, con motivo del Sínodo sobre la Palabra de Dios, reveló, como era de temer, la profunda ignorancia entre los católicos de las verdades elementales de la Biblia, hasta llegar a tener a Jesús de Nazaret como autor de algún libro bíblico o hacer de Pablo un evangelista. España, como era de temer igualmente, consigue el lugar más bajo en el índice de conocimiento de la Biblia entre los países europeos: un 17%. Lo que explica, en la medida correspondiente, ciertos acontecimientos dentro y fuera de la comunidad eclesial en España, y ciertos vacíos -no quiero exagerar- en el campo actual de nuestras letras, artes, historia, política y religión. Cuando nos falta el léxico de nuestra cultura occidental (Paul Claudel), algo muy nuestro nos falta.

San José

Hoy es el día
de San José,
esposo de María
tras la mensajería
del ángel de Yahvé.

Hombre de robusta fe.
Padre y tutor providente
de Jesús de Nazaré.
Justo, discreto y prudente,
como se ve.

Y ya no sabemos qué
añadir al carpintero
y albañil (tektón) que fue.
Ni por qué
desaparece el primero

del tablero
de la historia.
Y a fe
que no existe en la memoria
un santo más silencioso,
un santo más misterioso
que San José.

Un Dios injusto y pueril

No es raro que personajes poco o nada religiosos, incluidos algunos de vida poco ejemplar, y aun con muchos excesos, despilfarros y abusos, salgan por ahí diciendo que no creen en Dios a causa de las grandes diferencias personales y sociales que existen en el mundo. Se diría que quieren  acaso excusarse o justificarse a sí mismos, cargando cómodamente toda responsabilidad sobre un Dios injusto -y pueril, digámoslo todo-, en quien dicen no creer. Pero, si Dios no existe, ¿quiénes son los responsables de tamaños desaguisados? ¿Será la Madre Naturaleza, la Madre Tierra, la nueva Diosa de tantos actuales creyentes?