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«…aunque es chico… es grande en los ojos de Dios»

 

          «…Hable vuestra merced a este padre, suplícoselo, y favorézcale en este negocio, que aunque es chico entiendo es grande a los ojos de Dios. Cierto él nos ha de hacer acá harta falta, porque es cuerdo y propio para nuestro modo, y ansí creo le ha llamado nuestro Señor para esto. No hay fraile que no diga bien de él, poque ha sido su vida de gran penitencia. Aunque «ha» poco tiempo, más parece le tiene el Señor de su mano, que aunque hemos tenido aqui algunas ocasiones en negocios (y yo que soy la mesma ocasión, que me he enojado con él a ratos), jamás le hemos visto una imperfección. Animo lleva; mas como es solo ha menester lo que nuestro Señor le da… «para que» lo tome tan pechos. Él dirá a vuestra merced cómo acá nos va. (…) Tiene harta oración y buen entendimiento; llévelo el Señor adelante«.

             (Santa Teresa de Jesús, Epistolario, carta, núm. 13, desde Valladolid, fines de septiembre 1568, a D. Francisco de Salcedo, Ávila, sobre fray Juan de la Cruz)

Últimos aforismos

 

– Hay gente des-orientada y gente des-occidentada.

Audaces fortuna juvat, escribió Horacio. Al revés: los audaces ayudan a la suerte.

– ¿Por qué jueza y no soldada?

Bardenas Reales en primavera

 

          Hubo un dia en las Bardenas bosques de encinas y pinos, manchas arbóreas y cursos de agua viva. Hoy todavía, a causa de diversos paisajes geomorfológicos y geobotánicos, solemos dividirlas en Bardena Plegada, El Plano, Bardena Blanca y Bardena Negra.

Pastores y ganaderos, agricultores y  constructores fueron descortezándolas poco a poco hasta dejarlas, en la mayor parte de su extensión, en pura encarnadura de arcillas, margas y salitre, y en los puros huesos de areniscas, calizas y yesos.

Los llamados cerros testigos se encumbran sobre mesetas o mesetillas superpuestas, de quebradas rojizas o color carne, a cuyos pies se abren, abruptos y hondos barrancos laberínticos y se extienden suelos desnudos, ocres o salitrosos, colonizados, en su mayor parte, por ontinas, sisallos y espartos, partidos, fuera del Polígono de Tiro del Ejército Español, por una gran variedad de senderos y caminos, unos ganaderos, otros agrícolas, además de los turísticos.

En el gran circo abierto entre el Plano norteño de Landazuría hasta el sureño monte Tripazul, los cabezos, de geometría variable, con diferentes nombres de origen -Castildetierra es tal vez el más popular- son la mayor atracción del visitante. Mochuelos geológicos a la hora del anochecer. Torrecillas que guardan el reloj de los tiempos naturales. Copas mondas de los árboles despojados de los siglos. Hongos calizos. Almenas fantasiosas de castillos de tierra, piedra y yesos, a los que asaltó la intemperie.

Desde los tiempos del Neolítico hasta el Bajo Imperio Romano habitaron las Bardenas, muy distintas a las de hoy, variados pueblos, cuyos restos han descubierto y siguen descubriendo los arqueólogos. Después sus pobladores prefirieron las feraces orillas del Ebro.

Fueron, un tiempo, refugios de bandidos y vagabundos, antes de que volvieran a ser, como otrora, de pastores y agricultores. Propiedad antaño de la Corona navarra, hoy lo son de la Comunidad de Bardenas Reales, formada por 18 villas de la Ribera del Ebro, dos Valles pirenaicos, de verdes pastos permanentes (Salazar y Roncal) y el cercano monasterio cisterciense de la Oliva. Todos ellos se llaman gozosamente congozantes.

Mal aprovechadas hasta hace poco, el reciente Plan de Ordenación del Parque de  las Bardenas Reales de Navarra, de 45.000 hectáreas, elaborado por profesionales y técnicos de todo género, potenciado e informado por los ayuntamientos de los municipios propietarios, y bien apoyado por los Gobiernos Forales, durante la larga presidencia del alcalde fustiñanero José Antonio Gayarre, ha transformdo el singular espacio bardenero navarro: la construcción del embalse de El Ferial -junto al nuevo restaurante y espacio de ocio-, que ha creado una extensa zona de regadío y proporcionado agua de boca a las localidades más próximas; el centro de Información, rodeado de olivos y romeros y de un breve y caprichoso jardín botánico de la flora local; el mirador hasta el Pirineo o el Moncayo, coronados todavía de nieve; la protección de los parajes más vulnerables; el guarderío de toda la zona; el cuidado de los accesos; la apertura de nuevos caminos y la ampliación y seguridad de los antiguos; la formación de lagunas; el funccionamiento de los distritos ganaderos; la regulación de los corrales y de los cotos de caza; la extensión de los cultivos; el observatorio ambulante de aves…

Antes era nuestro desierto; nuestra exótica frontera oriental; nuestro Sáhara. Ya no podemos decir lo mismo. Y menos en primavera. La Bardena Blanca, Alta y Baja, es ahora,  a excepción de unos pocos tramos, un verdegal. Los campos de los herbales del cereal lo cubren en buena parte. En años de fuertes lluvias invernales, como en éstos últimos, la superficie no sembrada tiene un color verdeoscuro, en el que despuntan las flores blancas y amarillas de los espartales, los ontinares, sisallares y aliagares; a las que acompañan en muchos tramos más húmedos las jaras blancas y rosadas, el tomillo, el romero, el espliego, los asfódelos, los ziapes, las amapolas, las floridas, los dientes de león, las margaritas, los llantenes, las viboreras… Sólo los cabezos, los oteros, las mesetas y las mesetillas de arcillas, margas, yesos, piedras calizas y salitres, parecen librarse de la primavera.

Hayedo joven

 

         EdgarDegas no las vio cuando buscaba bailarinas para sus cuadros.

Estas hayas del valle de Ollo bailan la danza original de la tierra, el agua, el aire y el fuego.

Su talle es ceñido y airoso. Su joven cabellera es aún verdiamarilla o verdiámbar.

El color de la piel, gris pálido, color adolescente.

La danza no ha cesado desde el día de la formación del bosque.

Ermitas y romerías

 

         Sin ermitas y santuarios (Ujué, Roncesvalles, El Puy, Codés…) no tendrían lugar las numerosas romerías navarras en los meses de abril, mayo y junio.

Si los eremitas o ermitaños cristianos (habitantes del desierto) son bien conocidos desde el siglo III en el Oriente cristiano, en Navarra debió de haber ermitaños en torno al monasterio de Leire en tiempos medievales. En el sigo XVII, Juan de Undiano, presbítero, ermitaño en Córdoba, y luego en Arleta y Obanos (donde murió, en 1633), fue el más activo de los conocidos y, además, activo reformador.

Las reglas y ordenanzas sirvieron a veces de poco. Hubo algunos ermitaños no muy ejemplares, ganapanes más que ascetas o místicos, santeros más que solitarios contemplativos.

Aunque la Desamortización, las guerras, el cambio de vida…, acabaron con casi todos los ermitaños y con muchas emitas, no hay apenas en Navarra localidad que no tenga la suya o las suyas. A las que hay que añadir pequeñas iglesias de lugares hoy despoblados y de viejos monasterios u hospitales, amén de algún que otro eremitorio. Muchas se  han restaurado, recrecido y hermoseado, por iniciativa de los pueblos, durante estos últimos años.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           La romería anual las revive y las remoza.

Pequeñas casi siempe, sencillas, posadas levemente sobre altozanos, cerros y montañas, son nidos de tradición, atalayas de silencios, pararrayos populares contra las desgracias colectivas, puntos geodésicos de reunión, de oración y de fiestas comunitarias. Algunas, más vecindonas, se esconden entre el poblado o en las cercanías llanas del mismo.

La rústica ermita de San Adrián en Ergoyena, cresta entre el creterío septentrional de la Sierra de Urbasa; la gótica y monumental de San Zoilo, en las afueras de Cáseda; la empinada de San Quirico, sobre el monte de su nombre, en Navascués, de legendaria narrativa  ermitaña, o Santa María de las Nieves, ermita y cofradía de reciente creación, en medio de la selva del Irati, son sólo cuatro muestras de ese múltiple palomar tradicional y religioso, que habita muchas cimas de la orografía espiritual navarra, agitadas en estas fechas de romerías, por rumores, músicas, risas, vuelos y revuelos.

Haydn

 

Concierto en Do Mayor de Haydn

(solista, Leticia Moreno)

 

       Un diálogo intenso entre ángeles jubilosos.

       Un arcángel entona una sutil plegaria.

       Y ángeles y arcángeles se ponen a danzar.

 

¿A quién votar?

 

           No suelo mezclar lo que escribo aqui con lo que escribo en otras partes, pero esta vez las cosas coinciden. Acabo de escribir para DN un artículo con este título provocador,  que es el tema de los temas de toda esta larguísima y tediosísima pre-campaña electoral.  Distingo la ración del postre, los asuntos institucionales de las políticas de cada día, lo que admite acuerdos habituales y lo que no, y pondero el hecho de que varios partidos, viejos y nuevos, se oponen, en puntos esenciales, al Amejoramiento del Fuero, a la Constitución y a los Tratados de la Unión Europea, «detalle» que apenas aparece en la precampaña ni en la campaña, que suelen ser tan vulgares como las personas que la llevan a cabo. Digo mi decepción profunda con Podemos, y la ignorancia supina del Régimen Foral en Ciudadanos y UPyD, curiosamente partidos inspirados o patrocinados por intelectuales (racionalistas abstractos y mal conocedores de la historia). Lamento la ruina del PSN-PSOE, abocado al quinto lugar, al que lo arrasstró una dirección unánime en el error durante dos décadas -desde 1986 no ha ganado una sola elección-. infantilmente izquierdista, a veces revanchista, a veces arrimada al confederalismo / independentismo vasco, que lo ha superaado ya con creces, queriendo repetir el disparate catalán, con tal de llevarse un bocado a la boca. ¿A quién votar? Si no existen para muchos los «mejores», que voten a los «menos peores», pero que voten.

Funerales de Estado y otros funerales

 

         Funerales de Estado debieran ser aquellos funerales organizados por el Estado de una Nación, que busca de la manera mejor y más democrátíca honrar la memoria de aquéllos por los que se celebra. Otra cosa son los funerales organizados por la Conferencia Episcopal, por una Diócesis o por una Parroquia. Debiera ser normal que un Funeral de Estado se celebre en un palacio, un estadio o una catedral -como el último celebrado en la catedral de Colonia-, y que, si están de acuerdo los familiares, participen en él los ministros de la Confesión o Confesiones  correspondientes. Esto se hace en todas partes, excepto cuando la persona o persona muertas hayan expresado antes de su  muerte una voluntad contraria, o los familiares de los difuntos, por ateos, agnósticos o cualquier otra causa, así lo deseen. y lo manifiesten.- Voy más lejos. Ya es hora de que la misa deje de ser una conditio sine qua non  de todo funeral católico. Si la liturgia eucarística solemne puede ser espléndida para muchos, para otros muchos puede ser demasiado larga, demasiado rígida, demasiado aburrida, y un sí es no es discriminatoria por aquello de la comunión, que hasta las televisiones, cuando la trasmiten, suelen ocultar. Cuántas veces, con ocasión de funerales masivos, v.g., por accidentes de  varia naturaleza, que suelen ser para la gran mayoría meros actos sociales, o funerales de personas públicamente alejadas de la Iglesia, y hasta enemigas de la misma, y mandados hacer por familias piadosas, he pensado qué bien estaría en vez de un funeral clásico una  breve paraliturgia bien hecha -como se hace en muchas bodas-, con participación de familiares y amigos, que dejara un agradable recuerdo, también religioso, a todos, y  no … no una misa impuesta a la mayoría, que ni la entiende ni la quiere, con homilías casi siempre ridículas, convertidas en elogios fúnebres desaforados y muchas veces injustos. Lo único que se va consiguiendo así es que cada vez haya más gente que prescinda del rito católico y se busque otros funerales laicos más adecuados a la realidad.- Funerales de Estado y funerales de estado civil / social / popular, que hay que repensar, rehacer y renovar.

El Quijote de Pierre Menard

 

         Ahora que aún estamos en la onda de homenajes a Cervantes y a  su mejor creatura, El Quijote, y al final de la Semana de homenaje al Español, me acuerdo del autor inventado por Borges, el escritor simbolista de Nimes, Pierre Menard, que en el siglo XX escribió muchas páginas que coincidieron, palabra por palaba y línea por línea, con las de Miguel de Cervantes. Es el sueño de muchos de nosotros, lectores y admiradores empedernidos de su genio. Lo hizo Menard, según  el prodigioso imaginador argentino, desgarrando para eso miles de páginas, con la técnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas. Un Quijote exactamente igual que el  cervantino del siglo XVI, pero sin copiarlo, creándolo él mismo, desde su tiempo y lugar, en un imposible esfuerzo sobrehumano.

Romería a Ujué

 

         Entre las muchas romerías, celebradas sobre todo durante los meses de abril, mayo y junio en Navarra, y de las más visiblemente penitenciales -Roncesvalles, Trinidad de Lumbier, San Miguel de Ízaga, Javieradas, Ujué… -, ésta última es tal vez la más sonora, la más popular y multitudinaria.

El domingo siguiente a la festividad de San Marcos, los romeros de Tafalla, Beire, Pitillas. Santacara y Murillo el Fruto visten túnica negra sujeta por un cordón, se cubren la cabeza con una caperuza, negra  también, y llevan sobre sus espaldas la cruz de madera, entre cantos propios de cada pueblo y el rezo del rosario. Los encabezan las crucdes de las parroquias, sacerdotes y autoridades municipales. Y a todos, el árbol florido de la cruz.

Sostiene la tradición  que la primera romería llegó hasta Ujué desde Tafalla, cuando la ciudad del Cidacos se hallaba sitiada por los moros.

Desde el crucero del siglo  XVI, llamado cruz del saludo,  saluda a los romeros la Virgen del Calvario, que imita y anuncia a la majestuosa imagen románica venerada en el santuario.

Caminan los romeros entre las piedras doradas de Ujué, revestidos de siglos pasados, junto a quienes los precedieron, penitentes a fuer de hombres, con la esperanza verdecida como cristianos del común:

           Vida y dulzura, esperanza nuestra,
                                                                           Dios te salve.

La vuelta de los romeros de Tafalla a la iglesia de Santa María es más que un espectáculo. A eso de las nueve de la noche, oír desde la plaza de la iglesia a los romeros que cantan las avemarías por las últimas calles empinadas, para entrar en el templo abarrotado cantando la letanía mariana y terminar con la Salve clamorosa, es hondamente conmovedor. Hasta los polìticos agnósticos y ateos no se pierden la comitiva desde la puerta al altar mayor.