Archivo del Autor: vmarbeloa

Aragonés, en castellano

 

                                                   Ha sido muy emocionante ver y oír al político Aragonés García, hijo y nieto de ricos y notorios franquistas, y que, aunque no parezca, es president independentista de la Generalitat de Cataluña, animar en castellano -para ellos en español- a sus correligionarios  de Bildu-Sortu, en vísperas de las elecciones autonómicas vascas.

No lo ha hecho en euskara: no lo sabe, no lo ha aprendido, a pesar de su pre tensión de que todas las autoridades españolas aprendan los cuatro idiomas del Estado.

No lo ha hecho en catalán, porque sus correligionarios vascos tienen tan poco interés en aprender catalán como él y sus compañeros en aprender el vasco.

Ha hablado, ay, en el lenguaje común de los ciudadanos españoles. Y lo ha hecho sin  traducción e interpretación simultánea, que es lo que ellos han exigido al Gobierno español tanto en el Parlamento Europeo como en las Cortes españolas. Qué discriminación y qué desprecio al catalán y al euskara.

Ha hablado en español. En esa lengua, en la que no se puede hablar en las escuelas catalanas de Cataluña ni siquiera en ese raquítico 25% a que les obliga, en vano, el Tribunal Supremo.

Es el acto más singular de toda la campaña, aparte el patinazo del candidato bildutarra y sortutarra de calificar a ETA de grupo armado, por lo que, para no perder votos, no por otra cosa, después ha tenido que pedir perdón a las víctimas, por si…, caso seguramente remoto y hasta hipotético,  haya podido (subjuntivo potencial) herirlas en su patogénica sensibilidad.

Para mí, ha sido el acto  más emotivo.

La hospitalidad en la tradición benedictina (y II)

 

                        Un hermano fue a visitar a un ermitaño. Cuando se despedía, le dijo: –Perdóname, padre, porque ha  tenido que saltarse su regla por mí. Pero el ermitaño respondió: – Mi regla es recibirle con hospitalidad y que se vaya en paz.

(Dichos de los padres y madres del desierto)

 

                    A todos los huéspedes que vienen al monasterio se les recibe como a Cristo. (…). Cuando se anuncie la llegada de un huésped, acudan a su encuentro el superior y los hermanos con las mayores muestras de caridad. Primero orarán juntos, y así se hermanarán en la paz. (…) Muestren la mayor humildad al saludar a todos los huéspedes que llegan o se van (…) adorando a Cristo en ellos, pues es a él al que se recibe.

(Regla de San Benito)

 

Póngase el  máximo cuidado y atención en recibir a pobres y extranjeros, porque de modo especial en ellos se recibe a Cristo. Pues el respeto que imponen los ricos ya obliga a honrarles.

(Regla de San Benito)

 

Se tratará con toda afabilidad a los huéspedes. En a tención a ellos, el superior interrumpa el ayuno, a no ser que se trate de uno de los días  de ayuno que no se puede violar. (…) El abad dé aguamanos a los huéspedes. Tanto el abad como toda la comunidad laven los pies  a todos los huéspedes.

(Regla de San Benito)

La hospitalidad en la tradición benedictina (I)

 

                        Al comienzo de la vida monástica, en un entorno desértico hostil, los monjes nunca dudaron en ser hospitalarios. En tiempos de San Benito la cosa no era tan cómoda: la distinción de  clase era muy grande, y los huéspedes muy diferentes. Pero todos sabían que, si Cristo los visitaba, estaría entre los pobres . De modo que el ideal seguía en pie: tratad a todos como si fueran Cristo.

Hoy en día los grandes enemigos de una hospitalidad universal como esa son el estar siempre ocupados, el miedo y el profesionalismo.

No tener tiempo (para otros) significa muchas veces, a veces casi siempre, una vida muy particular, cerrada al exterior, egoísta, reconcentrada en uno mismo y ajena sobre todo a las necesidades de los otros, que suelen ser los demás.

El miedo a la violencia y a la intrusión es natural, y más en ciertos lugares y tiempos, donde toda cautela es poca, pero a menudo el miedo es todo lo contrario a la apertura y generosidad para con los que necesitan la normal coexistencia y convivencia.

El profesionalismo, que indica un alto grado de civilización en el mundo de los servicios sociales y de la salud pública, no puede ser una cerrazón obligada ante todo desconocido, forastero o extranjero.

La hospitalidad, ejemplar también en no pocos casos dentro de nuestro mundo actual, sigue siendo una virtud, un arte y una escuela de vida. De buenas personas y de almas grandes.

Cínicos

            Los cínicos antiguos, los de verdad, eran mucho mejores moralmente que los que hoy llamamos cínicos. Hoy llamamos cínicos a los que, lejos de cultivar la verdad, cultivan la mentira y el engaño, pero se sirven de la verdad cuando les conviene. Es una degeneración.

Esto acaba de ocurrir estos días en el País Vasco, donde, con ocasión de las elecciones autonómicas, los que hasta ahora blanqueaban a BILDU-SORTU, partido heredero de ETA-Batasuna, lo llamaban legal y hasta democrático, y pactaban guapamente con él, se han puesto a descalificarlo y hasta a insultarlo, solo porque su candidato no ha querido llamar a ETA banda terrorista, sino solo grupo armado. Como si eso fuera una novedad. Pero es que ahora les interesa, por meros motivos electorales, tenerlo como maldito, como enemigo, hasta después de los resultados, donde volverán a llamarlo democrático y hasta progresista, para volver a pactar como hasta ahora. El caso más llamativo es el del ministro de Obras Públicas, el impresentable Oscar Puente, que, habiendo, hace unas semanas, celebrado sin complejos, y sin ninguna dificultad, que el PSOE entregara el ayuntamiento de Pamplona a un partido progresista y democrático, hoy mismo decía todo lo contrario y tenía la desfachatez de acusarle de falta de ética y democracia. Algo parecido decía la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, y lo repetirán muchos como papagayos. Todo, por seguir la voluntad soberana del presidente Sánchez, que necesita de BILDU-SORTU para seguir en la Moncloa.
¡Cínicos, es decir, degenerados!

Los castros de Lerín, Cárcar, Andosilla y Azagra (y II)

 

                       De Lerín seguimos, el segundo sábado abrileño, algo más caluroso que el primero, por la carretera de Falces, en busca del castro Campiestros, cerca del límite de Andosilla con Falces y Lerín, según me han dicho amablemente en el ayuntamiento del primero de estos tres pueblos.

Llevamos a nuestra izquierda la sierra y subsierra del Monte, que termina en el Alto del Chormo, ya sobre el valle del Arga, al norte de Falces, y avanzamos entre extensos campos de herbales de trigo y cebada, ondulados e irregulares, sin un árbol a la vista, si exceptuamos una finca de almendros. En algunos ribazos ya han granado las espigas  en los tallos que brotaron fuera de la finca. Pareciera que todo el terreno estuviese sembrado, porque los baldíos y algunos breves humedales están cubiertos de hierba o floreados con las mostazas negras (amarillas), que llamamos ziapes, las blancas o floridas, y con los primaverales dientes de león. Sobre la sierra lineal y pinosa de Lerín asoma la modesta cumbre de Jenáriz, frontera de Miranda de Arga. Luego la carretera avanza entre dos serrezuelas, con pequeños cabezos y altirones, que a veces nos confunden. Ya metidos en tierras de Falces, nos volvemos y, en el kilómetro 14, junto a una vacada que pasta apaciblemente, subimos a la serrezuela que llevamos ahora a nuestra izquierda, porque creemos que hemos dado con lo que buscamos. En los mapas lleva el nombre de Suertes Viejas. La serrezuela tiene la figura de un bieldo invertido, una de cuyas puntas acaba en Peñalén y otra en el termino Rayuela, cerca de Peralta. Es tierra de monte bajo, con mucho cascajo, y varias viñas viejas y nuevas, así como nuevas plantaciones de olivos. Otros términos contiguos como El Carrasquillo y El Abriel deben de ser también tierras de viñedos.

Avanzamos por la orilla de unas de las viñas, en una ladera llena matas de jaras rosadas (cistus purpureus), como nunca habíamos visto, con las hojas suaves y arrugadas, hermosas como una aparición pascual. En el cabo extremos de esta pequeña sierra estuvo el pequeño castro llamado Campiestros, estudiado por Armendáriz, de 2.000 metros cuadrados, con cuatro niveles de terraplenes y recinto económico al norte del mismo. Aquí encontró cerámicas del Bronce Final y Hierro Antiguo, molinos barquiformes, percutores y alisaderas. Tierra escasa de pastos, cree probable que de aquí emigraran sus pobladores al castro vecino de Las Coronas, que veremos o luego, o al Castejón de Falces, que ya vimos en su día, y que no está tampoco demasiado lejos. No hay restos ni de viviendas ni de murallas.

Habiendo yantado y sesteados a la sombra protectora de un pino robusto, y en compañía de un pequeño avellano, cerca del río Ega, por la tarde salimos de nuevo hacia el castro Las Coronas, que no supimos encontrar el sábado anterior. No era tan difícil. Sin llegar al término contiguo de Cárcar, se entra por un camino rural que pasa cerca de un gran almacén de purines, que apestan, y sigue hasta una viña nueva y vallada, cerca del río Ega, el término de Los Pintados. Descubierto también este yacimiento por José Luis Ona, tiene la dimensión inusitada de 16.000 metros cuadrados, con un foso y muralla de 2 a 3 metros de tierra, y un talud de 6 metros. Los cultivos posteriores han destruido su estructuras primitivas. En su área se encontraron molinos de piedra barquiformes y circulares. Y muchas monedas  romanas en las proximidades. Abandonado antes de la Edad Media, el vicus romano que le siguió debió de desplazarse a un lugar desconocido, tal vez bajo la protección de la ciudad de Calagurris.

<em>Como la tarde es ya larga, y el calor ha bajado unos grados, tenemos tiempo de llegarnos hasta Azagra por la carretera de Milagro. El yacimiento del cabezo Los Forcos, a 25 metros del río, fue excavado clandestinamente y salieron a luz estratos de una habitación del Hierro Medio con abundantes cenizas y carbones. Parece, según Armendáriz el arrabal del poblado que pudo estar en el espolón de terraza situado al norte de las mismas, pero removido y desfigurado por la deposición de basuras y escombros recientes.
Andamos entre viñedos y olivares. Subimos sobre los cortados y contemplamos el paso lento del río en todo su esplendor melancólico vespertino, llevando sobre su suave piel las infinitas flores blancas de de los amentos de los álamos.
Damos una vuelta por el casco viejo de Azagra, pueblo de mis tíos y primos maestros, siempre bajo la peña asesina, bajo la peña amenazante, bajo la pena peligrosa, bajo la peña controlada. La nueva Azagra, muy crecida e industrializada, es cosa de ver.

Los castros de Lerín, Cárcar, Andosilla y Azagra (I)

 

                           Este año, podríamos cambiar el arcaico  refrán e intentar uno nuevo: De marzo las aguas mil / nos trajeron el mes de abril. Nos trajeron este abril luminoso, templado y exhuberantemente verdecido.

Cuando llegamos a Lerín, al Lerín llano y creciente, recuerdo aquellos versillos que inventé en los ochenta:

Lerín es como un navío
   que navega en la Ribera:
Que todos son marineros en LerÍn:
marineros de la tierra.

Porque la villa ilustre y condal se asienta en el alto y bronco acantilado de arcilla, caliza y yeso sobre el río Ega, donde termina  y se encrespa una pequeña cresta lineal, cubierta de pinos, que viene del norte y sigue luego hacia el sur. Bajo él se cobija un pequeño sub-urbio, nunca mejor dicho, o barrio nuevo de casas, almacenes y pequeñas industrias en torno a  la ermita de Nuestra Señora La Blanca, construida en ladrillo a finales del XVII, extendido ahora a un lado y otro del río, que pasa ahora copioso levantando en sus orillas una alta y densa fronda vegetal. Rebrilla al sol de la mañana el yeso blanco sacaroideo, alabastrino, del espolón, y todo semeja una encantada aparición primaveral.

Al otro lado del río, y en el término El Plano, que sormonta el regadío tradicional de la villa, buscamos el castro llamado de Las Vistillas, donde el arqueólogo aragonés José Luis Ona encontró cerámicas celtíberas, carbones y piedras cenicientas, efectos indudables de un incendio, que quizás acabó con el poblado en el estadio final del Hierro. Vamos por un camino  mirando las verónicas, las fumarias, los ranúnculos, las amapolas…, que nos salen al paso, junto a las aliagas recién amarilleadas, y los primeros asfódelos que se yerguen envanecidos sobre los cardos marianos y borriqueros.

Nos parece que hemos encontrado el yacimiento y los posibles fosos, reforestados últimamente de pinos y encinas, pero no estamos seguros. Caminamos un tramo más adelante para subir a una pequeña altura, cubierta por un olivar, pero la ubicación se nos hace todavía más insegura.

Así que volvemos por donde hemos venido, gozando la plenitud placentera de la mañana. Y nos vamos hasta el segundo castro, llamado de Las Coronas, en el  camino de Cárcar. Nos alejamos demasiado y entramos por un camino, que nos lleva a la ermita de Nuestra Señora de Gracia -en tiempos, Nuestra Señora del Regadío- también toda de ladrillo y del siglo XVII, pero ya en términos de Cárcar. Fue la primera romería, a la que me invitaron recién elegido presidente del Parlamento Foral de Navarra. La rehabilitó el ayuntamiento de Cárcar, su propietario, el año 2014. Asentada en un amplio rellano, con muchas mesas de piedra alrededor, adornada por unos evónimos o boneteros, por la parte norte la circunda un bosquecillo de ailantos  (ailanthus altíssima), árbol del cielo o de los dioses, entre los que sobresale un ejemplar corpulento, a cuya vera yantamos y sesteamos, cerca de una plantación  de cardos azules.

Ya ya que estamos en jurisdicción de Cárcar, subimos al núcleo de la villa, asentada asimismo sobre el cabo extremo del altirón yesífero que llega desde Sesma, cubierto de pinos, haciendo de pendiente sobre la vega del río Ega. Villa reconquistada por el rey Sancho Garcés I y ocupada por Abderramán III los años 920 y 924, fue mucho antes poblado de  la Edad de Hierro entre el Bronce Final y Hierro Antiguo, según las cerámicas manufacturadas encontradas en su entorno y loas retazaos de estratigrafía estudiados en el lugar, al noroeste de la iglesia de San Miguel, cuando se construyó recientemente la residencia de jubilados con el mismo nombre que la ermita. Aquellos pobladores aprovecharon el espolón natural, a 110 m. sobre el cauce del río y seguramente, como en  tantos casos, fue el precedente de la posterior villa medieval, una de las más altas de Navarra, con unas vistas privilegiadas sobre las tierras aluviales, hoy fértil tierra de regadío. Quien conoció el pueblo hace cuarenta años encuentra hoy un barrio alto desconocido, entre el nuevo colegio, la casa consistorial, la iglesia y el pinar de San Pedro, con la residencia como centro, dentro de un bonito parque arbolado y con uno de los miradores mejor colocados de Navarra.

Para que todo sea más completo, una bandada de buitres, majestuosos y cercanos, lentos viajeros hacia algún  tranquilo menester, van y vienen, vuelan y contravuelan sobre nuestras cabecitas y las de los y las residentes que se sientan en los bancos a lo largo del mirador. Es todo un espectáculo gratuito.

No hay miedo, no -dice un paisano, al pasar.

 

Tercer domingo de Pascua

La presencia de Jesús entre los Once

(Lc 24, 36-48)

 

El primer día de la semana,
mientras los Once comentaban
lo sucedido a dos discípulos camino de Emaús,
se presentó Jesús en medio de ellos:
La paz con vosotros.
(La pax divina, muy superior a la romana).
Al verlos asustados,
como si todos vieran un espíritu,
les mostró las manos llagadas y los pies:
Palpadme y ved, porque un espíritu
no tiene carne y huesos, como yo tengo.

Pero, al verlos todavía asombrados y confusos de alegría,
les pidió algo de comer y comió un trozo de pescado
delante de ellos.

(El cuerpo glorificado de Jesús
no es un cuerpo biológico, sino un cuerpo personal,
capaz de comunicarse –carne y huesos-.
No es un fantasma: puede ser visto y tocado

y es capaz de comer, signo bíblico de vida nueva)

Y, lo mismo que a los discípulos que iban a Emaús,
les abrió la inteligencia, a fin de que entendieran
el mensaje de Moisés y los profetas:
Así está escrito: que el Cristo debía padecer
y  al tercer día resucitar  de entre los muertos,
y en su nombre se  había de predicar la conversión
para el perdón de los pecados a todas las naciones.

(La resurrección de entre los muertos
pone luz definitiva
a la pasión y muerte de Jesús.
Es la respuesta de Dios a su angustia y a su fe.
Dios no le olvidó y le hizo Señor
de todo el universo).

Últimos aforismos

 

Una persona no es libre por decir siempre no, pero no puede ser libre, si siempre tiene que decir sí.

 

La arquitectura es el testigo menos sobornable de la historia (Octavio Paz). Si la arquitectura hubiera sido sobornable, aun en grado mínimo, no quedaría una sola piedra en pie. 

 

Me fatiga tanta mala filosofía sobre el fútbol, incluida la de los filósofos entrenadores. Estoy seguro de que, si cualquier partido, aun el más analizado, se repitiera, sería seguramente muy distinto del anterior. 

 

¿La mitad de China ya cree en Dios?

 

                           Según nos informa el sociólogo Fernando Vidal, la Encuesta Social General China (ESGC) de 2018 señalaba que ya el 40% de los chinos cree en una divinidad. El 33% cree en una divinidad budista; un 18%, en una taoísta; un 7% cree en el Dios de Jesucristo, y un 3% en Alá. Si sumamos a estos seres sobrenaturales la creencia en el más allá, llegamos a una cifra por encima del 48% de la población. Un 24% de los adultos chinos acudió a rezar a un templo, al menos una vez durante el último año. Aunque algunas encuestas cifran entre el 2 y el 3% el número total de cristianos en China,  el Pew Research Center (PRC) recoge la proporción del 9%, equivalente a 130 millones de personas.

La misma ESGC publica datos que indican que el 83% de los chinos cultivan los principios confucionistas de piedad filial, y que el 75% visitó, el último año, las tumbas de sus allegados, lo  cual suele expresar una relación viva con las personas por las que se reza.

Según el PRC, es muy probable que más de la mitad del pueblo chino, hoy la potencia comercial y quizás militar mayor del mundo, crea en Dios. No es una noticia menor, aunque en las innumerables informaciones esparcidas por los medios de todo el mundo sobre China apenas aparezca una  noticia sobre tamaño asunto..

Las zonas más euskaldunes…

 

         En una entrevista reciente  con COPE País Vasco, en el marco del Triduo Pascual, el obispo de Bilbao, el dinámico y prestigiado Joseba Segura afirma que desde hace dos generaciones se ha pasado en Euskadi de lo que se podría denominar en tiempos como euskaldun-fededun (euskaldun: hombre de fe)  a que la gente de hoy que tiene un sentimiento nacionalista más fuerte es quizá la que se siente más distante de la Iglesia. O dicho de otro modo: las zonas más euskaldunes son las más secularizadas en este momento.

Nada nuevo en la historias de los nacionalismos, cuando durante tantos años se ha cultivado la transferencia de Dios a la Patria, convertida en nuevo dios, en nuevo ídolo de adoración y seguimiento, por medio también de una constante demolición de cualquier tradición religiosa y de un continuo y activo desprestigio de todo lo relacionado con la Iglesia, a manos de activistas euskaldunes, que suelen coincidir con los dirigentes natos de esas mismas zonas.

El obispo vizcaíno reconoce que el sustrato religioso está muy débil  y que no ve en el horizonte cambios de tendencia, aunque espera una Iglesia más pequeña pero relativamente fuerte en zonas como Bilbao y Getxo, (Precisamente las zonas menos euskaldunes).

No obstante,  el prelado vasco ponderó la dimensión y fortaleza de algunas obras de la Iglesia, como Caritas o las escuelas cristianas, que trascienden el ámbito eclesiástico y forman parte de la comunidad eclesial: el presupuesto de todas las parroquias de Vizcaya es menor que el de Cáritas, y está en una proporción de 1 a 9 respecto a las escuelas de la diócesis de Bilbao.

Pero me pregunto si todo ello podrá durar mucho tiempo a medida de que ese sustrato religioso vaya debilitándose cada día más.