Tercer domingo de Pascua

La presencia de Jesús entre los Once

(Lc 24, 36-48)

 

El primer día de la semana,
mientras los Once comentaban
lo sucedido a dos discípulos camino de Emaús,
se presentó Jesús en medio de ellos:
La paz con vosotros.
(La pax divina, muy superior a la romana).
Al verlos asustados,
como si todos vieran un espíritu,
les mostró las manos llagadas y los pies:
Palpadme y ved, porque un espíritu
no tiene carne y huesos, como yo tengo.

Pero, al verlos todavía asombrados y confusos de alegría,
les pidió algo de comer y comió un trozo de pescado
delante de ellos.

(El cuerpo glorificado de Jesús
no es un cuerpo biológico, sino un cuerpo personal,
capaz de comunicarse –carne y huesos-.
No es un fantasma: puede ser visto y tocado

y es capaz de comer, signo bíblico de vida nueva)

Y, lo mismo que a los discípulos que iban a Emaús,
les abrió la inteligencia, a fin de que entendieran
el mensaje de Moisés y los profetas:
Así está escrito: que el Cristo debía padecer
y  al tercer día resucitar  de entre los muertos,
y en su nombre se  había de predicar la conversión
para el perdón de los pecados a todas las naciones.

(La resurrección de entre los muertos
pone luz definitiva
a la pasión y muerte de Jesús.
Es la respuesta de Dios a su angustia y a su fe.
Dios no le olvidó y le hizo Señor
de todo el universo).