Por los mismos motivos, dichos y redichos en años anteriores, el cuaderno se bitácora se entorna hasta el mes de septiembre. Dios sabe lo que será mañana.
Por los mismos motivos, dichos y redichos en años anteriores, el cuaderno se bitácora se entorna hasta el mes de septiembre. Dios sabe lo que será mañana.
El fértil poeta navarro Jesús Mauleón, homónimo del poeta que aparece en El Quijote, pero, al parecer, mucho mejor que él, no puede vivir sin escribir, sin cantar poétiamente, sin poetizar, que significa hacer y crear. Su primer poema, Luz poética, lo dice todo en ortodoxas rimas consonantes, y en otro poema, también rimado, el poeta ochentón -yo hubiera dicho ochenteño-, recordando a Machado, nos salta diciendo:
Tarde es para comenzar
a vivir siempre callado.
Viejo y mal acostumbrado,
no sé vivir sin cantar.
Pero el poeta Mauleón es un poeta cristiano, radicalmente cristiano, además de latino,vascón y visigodo, enamorado de Dios, del Dios de siempre, del Dios de cada día y de cada lugar:
Te dicen misterioso, pero Tú estás conmigo.
Te dicen invisible, pero estás en mis ojos.
Te dicen puro Espíritu y te palpa mi aliento.
En todas las peripecias de la vida. También a la hora de la muerte:
Ven aqui, hermana muerte,
perra faldera mía,
que acompañas mis años con caricias
de un viejo amor.
Toda esta primera ristra de poemas sobre Dios, con Dios y en Dios, me parecen los mejores poemas del libro, los más vívidos, los más intensos, los más pasionales (entendimiento, voluntad y sentimiento). Es decir, los más poéticos.
En la segunda tanda de versos de esta primera parte –Horas cantadas– continúa el canto de Dios, a Dios y en Dios, en una especie de Libro de las horas y de las estaciones, y, entre muy buenos poemas, se encuentra un soneto perfecto, clásico, Buenos días, Señor:
Buenos días, Señor, ingenuamente,
te digo ¿cómo estás? al levantarme,
y tú vienes, Señor, a recordarme
que eres mi Dios y estás divinamente.
Una segunda parte del breve libro unos cuantos poemas dispares, con distintos motivos, desde Cervantes al diputado Rufián, que ya es decir. Otra, que tendría más cómodo lugar en la primera parte, se titula Rimas sacras, y una tercera, Pequeños homenajes, entre ellos, uno a Juan XXIII. Casi todos los poemas van aquí con rimas sonoras y finos toques de humor. Me quedo con los títulos Lotería, lotería; Ay, Jesús, José y María; Qué Belén, Papa Francisco; Belén de la patera de Asís, Procesión del Corpus, y A San Juan XXIII, en su canonización:
Roncallí, Juan Ventitrés,
cielo y sonrisa en la cara,
con la humildad en la tiara
y en la tierra con dos pies.
Este es un libro, que nos hubiera gustado escribir a todos, especialmente a su co-etáneos.
Un primor de primera.
Un libro de poemas de mesa y mesilla.
Aunque se creía derrotado, ha vuelto al poder, en una segunda edición, el Cuatripartito. Ha tomado posesión, por segunda vez, del Parlamento de Navarra, ahora directamente por medio del presidente del PNV navarro y no de una avis rara podemita, pero en esta ocasión con toda la fuerza de los votos del PSN-PSOE, que ha representado una aburrida comedieta, queriendo hacernos creer que con él no iba la cosa.
Y el Cuatripartito volverá a ser, si la lógica implacable, de la que hablaba ayer, sigue su curso, el que volverá al poder ejecutivo, por medio del trampantojo de la candidata socialista, poque siempre tendrá la mayoría aritmética, y sobre todo político-social en ese espacio absurdo, contradictorio y falso de la izquierda o del progresismo, donde el PSN-PSOE, más equivocado que nunca, ha preferido recluirse, con la pretensión de sacar la cabeza mareada por la cucaña de eso que llaman poder.
Después de oír y leer, durante meses, a los dirigentes del PSN-PSOE, que preferían y preparaban un futuro Gobierno de Navarra junto con tres cuartas partes del Cuatripartito nacionalista/independentista vasco y autodeterminista, lo lógico, lo implacablemente lógico, es que esas tres cuartas parte del Cuatripartito hagan lo posible por gobernar con el PSN-PSOE, pero buscando a la vez la inclusión y hasta la cercanía presencial y colaboradora del único componente del actual Gobierno, que el PSN-PSOE parece excluir de boquilla. Y digo de boquilla, porque, además de ser Bildu uno de los grupos políticos que votaron, decisivamene, al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez en su investidura, tanto la candidata socialista al Gobierno de Navarra como al ayuntamiento de Pamplona han declarado una y otra vez que no destestaban los votos de los herederos de ETA-Batasuna, sino que los aceptaban con toda legitimidad, por no decir con sumo gusto.
Más todavía, la candidata frustrada del PSN a la alcaldía de la capital echó en cara a Bildu, tras la votación, el no haber querido tener un gobierno progresista de la ciudad, con lo que llamó progresista a la formación independentista y autodeterminista, a la que durante cuatro años ha tenido como blanco principal de sus críticas cuando no de sus invectivas. ¿Qué dirá en adelante esta mujer cuando asista a cualquiera de los actos de las víctimas del terrorismo, de las que un día, al menos, fue portavoz en una de sus manifestaciones? Item más: el candidato socialista de Estella, igual de fracasado, pidió directamente el voto de Bildu para su candidatura. Y ahí está el caso de Viana, donde la indignidad, ya durante meses preparada, llegó a su cenit acordando y negociando públicamente con Bildu y otros socios del Cuatripartito la alcaldía, que no les había dado la ciudadanía vianesa, como les reprochó, en un acto de valentía increible, la joven concejala Sara Ojanguren.
No es, pues, de extrañar nada de lo que ocurra de aqui en adelante en la pugna por la presidencia del Parlamento, por la entrada de Bildu en la Mesa, por la presidencia del Gobierno foral…, de los que no hablará este cuaderno de bitácora, porque no es una redacción de sucesos, sino un sencillo panel de reflexiones, que tiene, entre otras condiciones, no repetirse demasiado. Y, además, está a punto de cerrar… por vacaciones.
Así nos enteramos de que todas la tierras de la Cooperativa que enchó a andar en los años cincuenta, en tiempos del párroco social Florentino Ezcurra, las lleva, con toda su maquinaria moderna, un señor que vive en Álava; que varios de los concejales que acaban de ser elegidos, viven fuera del pueblo, que es, por cierto, uno de los que acoge proporcionalmente a más extranjeros entre los pequeños municipios navarros.
Antes de entrar en la villa, nos detenemos para ver, a lo largo de casi un kilómetro, a ambos lados de la carretera, dos hileras de huertas con muchos árboles frutales, cercadas hacia el exterior por un muro corrido de mampostería, y que datan del siglo XVII, único paisaje de regadíos protegidos en Navarra en su estado original. Sendas acequias traen el agua de la regata antes citada a cada lado de las huertas, y otras dos corren también por el exterior. Algunos regadíos están en perfecto estado de producción, mientras otros, por falta ya de cultivadores, dejan pasar el agua al huertano más próximo. Un burrito nos saca sus grandes orejas por encima de la tapia de la huerta que tenemos delante.
En la plaza del pueblo, al otro lado del frontón, acaban de dar los premios de la carrera ciclista, que hemos intuido cuando estábamos escalando el Muro. Hay un barullo saludable de corredores, bicicletas y servicios técnicos. Debajo de los dos grandes murales pintados por medio centenar de vecinos, en 2012 y 2017, en la parte trasera del juego de pelota, en los que aparecen los motivos del ferrocarril vasco-navarro, convertido en vía verde, y del patrimonio cultural del pueblo. Cuatro paisanos se sientan, a la sombra, en un banco de la plaza. Tomamos unos refrescos en la terraza de lo que un fue escuela unitaria de niños y niñas, con unos deliciosos dibujos naíf en la fachada. Nos sirve una señora eslava, y su niña, rubia como el sol de la tarde, corretea por los contornos de la antigua escuela.
Cuando nos vamos hacia Pamplona, vemos por casualidad un pequeño indicador: Barranco de Lasia. ¿Qué es eso? Nuestra ignorancia es grande, porque se trata de una reserva natural, en la margen izquierda del río Ega, de unas 30 Ha, declarada por la ley foral de 10 de abril de 1987, con el fin de conservar en las mejores condiciones una muestra representativa de los carrascales del valle alto del Ega y de su fauna asociada. Entramos por una senda, prieta de vegetación y, a los pocos metros, las hierbas altas parecen indicar que por allí no ha pasado nadie en mucho tiempo. La senda se ensancha luego, en medio del carrascal, con parecida vegetación a la que hemos visto en el camino hacia el castro: carrascas, encinas, madroños, algún que otro roble, enebros, viburnos, aulagas, ruscos… En el suelo abundan las flores vulnerarias, blanco-amarillas y rojo-violáceas; su nombre medicinal oculta a la vez sus propiedades astringentes, béquicas y laxantes. A ambos lados del camino vemos de cuando en cuando unos mojones bajos de piedra, con la T inscrita, lo que nos hace dudar en un primer momento si esto no era el trayecto del tren Estella-Vitoria, pero no, el tren seguía un trayecto muy distinto. Después de un largo rato, el camino se inclina hacia la depresión del río y poco después se precipita hacia él. Vemos los roquedos en la otra vertiente de la vega y los chopos de las orillas del cauce. Ahí está el Ega, remansado, casi oculto, todavía adolescente, comenzando a hacerse navarro, para poder ser más tarde el río de Estella y de la Ribera navarra, donde, casi exhausto por las huertas y los pueblos, descansa en los brazos acogedores del Ebro. Un indicador nos dice que estamos en un área de cría del salmón. Damos unas zancadas por la senda que contorna al río, en dirección al oeste. Pero el cielo parece cerrarse, la tarde se oscurece y tememos no poder volver a tiempo. Otro día, por el lado de la carretera, y bordeando el río, intentaremos llegar hasta el final del sorprendente barranco de Lasia.
Almorzamos sobre la hierba -déjeuner sur l´herbe- en el pequeño rellano septentrional de la ermita de Zúñiga, curiosamente denominada Beata sis (Bienaventurada seas, María), a kilómetro y medio del pueblo, en dirección a Gastiain, rodeada de carrascas, y con un arce y un tilo a dos de sus lados, como árboles de adorno. La ermita de planta rectangular, tiene una cabecera recta con bóveda, probablemente del siglo XIII, siendo el resto de construcción más tardía. Ya no se hace la romería desde el pueblo, ni se celebra culto alguno en ella. Por un ventanuco abierto en la parte occidental se ve bien el abandono interior, con un retablo barroco en el altar, donde se hallan las tallas populares de San Cristóbal y la de San Lorenzo, procedente ésta de otra ermita más lejana, del mismo nombre, destruida por un incendio. La imagen de la titular se venera en la iglesia parroquial.
Después de una siesta placentera, no turbada por nada ni por nadie, subimos briosos hacia el castro llamado El Muro, uno de los cuatro castros protohistóricos, descubiertos en la zona oriental de Álava e interconectados visualmenrte entre ellos: lo que debía de garantizar el control territorial por medio de una red defensiva de señales comunicadoras. Situados en lugares altos, estos poblados fortificados contaban con la protección natural de la orografía, en laderas de grandes pendientes o de tipo acantilado, que sus pobladores reforzaron con potentes murallas de piedras y estacas, de varios metros de anchura, en los puntos donde el acceso era más fácil. Construyeron igualmente fosos y parapetos fuera, al igual que, dentro, casas de madera, piedra y adobes, con tejados de ramaje y barro, o de mampostería.
Fue durante el primer milenio antes de Cristo, en dos flujos de poblamiento: durante el Bronce final y la Edad del Hierro antiguo, desde los países centroeuropeos (celtas), y, unos siglos más tarde, hacia la mitad de la Edad de Hierro, inmigrantes del sur, llamados iberos, y cuya fusión con los anteriores se denominó en en adelante: pueblos celtíberos. Llegados los romanos en el siglo I a. C., algunos de estos castros fueron ocupados y sus pobladores romanizados. En todo ese tiempo, los que hoy son extensos campos de cultivo estaban ocupados por densos bosques y sólo se cultivaban los terrenos próximos a las poblaciones.
El Muro era un castro en la raya entre Álava y Navarra, entre Orbiso y Zúñiga, frente al castro La Peña de la Gallina, en término de la villa navarra. Una parte del perímetro se fortificó mediante una muralla. Actualmente el muro se presenta como un derrumbe de piedras, de unos 380 metros de largo y entre 2 y 3 de ancho. Un segundo recinto lo prolonga, adosado al principal. El total ocupa 45.500 metros cuadrados. Los materiales recuperados son cerámicas celtíbericas y molinos de vaivén y rotación: datan de la Edad de Hierro Medio, hacia el siglo V a. C.
Al final de un rasillo despejado, donde abunda el carrascal y el el madroñal, está el poste in dicador de madera con el nombre de El Muro. Desde aqui avanzamos penosamente, sostenidos por los bastones de monte y agarrándonos a las ramas de las carrascas y de los madroños, que a veces son más bien obstáculos, como las ollagas, por un sendero de cabras apenas abierto en la resbalosa pendiente que deja ver un abismo profundo, final del barranco de los Hilillos, por donde corre la regata Recabión, lo que no sirve precisamente para sosegarnos. Por la pista abierta al otro lado del barranco, en la falda del monte paralelo, pasan ciclistas, al parecer de buen humor.
Nos volvemos. Junto a la ermita, donde dejamos el coche, encontramos un antiguo maestro de Zúñiga, que vive ahora en Vitoria, toda una fuente de información y de historia de su pueblo, con el que pàsamos un buen rato.
Antes de toda esta serie de elecciones escribí un largo artículo ¿Votar: a quién-con quién? Sostenía que ahora más que nunca, cuando no hay mayoría absolutas y parece acabado el bipartidismo, no bastaba con votar a alguien, sino a alguien-con alguien, porque no hacíamos nada con votar sólo a alguien, si no sabíamos con quién iba a entenderse, pactar o formar gobierno.
No imaginaba yo, la verdad, los bailes, la timbas, las justas, las ferias de vanidades, los juegos malabares, los juegos de cortejo, los juegos de esgrima, los navajeos y hasta los duelos, que iban a organizarse esta vez en los ayuntamientos -y aún nos quedan las Comunidades Autónomas-, para conseguir las diferentes varas de mando. Hasta llegar a veces a la irresponsabilidad, la deslealtad, el egoísmo fatuo, cuando no el ridículo. Y lo que es peor: cientos de miles de electores, tal vez millones, no votaron la salida o solución que el partido al que dieron sus votos ha preferido dar o ha tenido que dar con ellos al final del proceso.
No creo que haya otro remedio, pues el criterio de la lista más votada siempre va a ser rechazada por los partidos minoritarios, que una segunda vuelta, siempre que una candidatura no consiga la mayoría absoluta. Si no dejamos en manos de los electores la elección definitiva en una segunda vuelta, cualquier voltereta, cuando no la vuelta entera la darán los partidos, todos los partidos, casi siempre sin consultar a sus electores, fiados y confiados en la habitual y pre-democrática actitud pastueña, con que acude el elector medio a las urnas.
Los ángeles alegraban la mañana primaveral de junio, mientras viajábamos desde Pamplona a Lerma por una autopista en la que habían suprimido todos los peajes.
Los ángeles guardaban el puente del siglo XVI sobre el río Arlanza, recrecido por la lluvia de los últimos días, y que en tiempos animaba los lujosos jardines y el coto de caza del duque.
Los ángeles subían por las calles de Lerma; sobrevolaban el que fuera palacio ducal de don Francisco Gómez de Sandoval-Rojas y Borja, I duque de Lerma, valido del rey Felipe III, y hasta cardenal de la Santa iglesia, y custodiaban todos los conventos e iglesias que el duque fundó.
Los ángeles habitaban sobre todo en los tres centros de la Exposición, número 24, de Las Edades del Hombre -con el lema Angeli (ángeles)-: la Ermita de la Piedad, la Iglesia de San Pedro y el Monasterio de la Ascensión.
Acompañaban a la Virgen con el Niño, del Maestro de la leyenda de la Magdalena (ca. 1525-1530), llevados desde la capilla del Condestable en la catedral de Burgos.
Armados de San Miguel arcángel, en varias de las versiones de Luis Salvador Carmona, Diego de Siloé o Gregorio Fernández, luchaban contra el Mal y el Maligno, con las mejores espadas del tiempo.
O, bulliciosos como niños pequeños, revoloteaban en torno a la Virgen coronada en el cielo, óleo sobre lienzo de El Greco (1603-1605), que suele admirarse en el hospital-santuario de la Caridad, de Illescas.
Ángeles, todos los ángeles, se nos habían metido en el alma, al salir de la plaza mayor de Lerma, vencida la tarde del 13 de junio de 2019, fiesta de San Antonio de Padua, rodeado de ángeles.
Bildu tiene que estar frotándose las manos.
Dejando aparte ahora el ayuntamiento de Pamplona, Bildu puede votar en el Parlamento de Navarra contra la candidatura de María Chivite al Gobierno de Navarra, dejándola a los pies de los caballos del fracaso, y a la vez contra sus compañeros de viaje, si llegan a un acuerdo con el PSN, dejando también fuera de juego a Geroa Bai, y sobre todo a la ex presidente Barkos, su máxmo rival en el campo nacionalista vasco, reduciendo, además, a cenizas las cenizas de PODEMOS y de IU, buscando lógicamente los pocos votos que les quedan.
O puede votar positivamente la candidatura socialista, poniendo en jaque, en toda España, al PSOE, pidiendo o no precio a su voto, anunciando o no su futura intervención durante la Legislatura.
O puede dar 3 votos a esa candidatura, causando parecidos efectos en toda España, mientras reserva 4 votos a la abstención, jugando dos cartas a la vez.
O, en fin, puede abstenerse, con graves daños al PSOE, sabiendo que con sus 7 votos, lo que queda del Cuatripartito (Geroa Bai, PODEMOS e IU= 12 votos) pueden contar con él (19 votos) para echar abajo cualquier iniciatica del PSN (11) en puntos clave y los más sensibles de la política navarra, poniendo en cuestión la Legislatura en cualquier momento.
Bildu tiene que estar frotándose las manos.
El arzobispo de Luxemburgo y presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE), Jean-Claude Holleric, se mostró satisfecho, el día 27 de mayo, de que los populistas europeos, que han ganado mucho en algunos países pero que en otros han disminuido, no puedan bloquear en la próxima Legislatura las instituciones europeas. Donde será muy importante, en su opinión, el papel del diálogo para hacer una buena política al servicio del pueblo, ahora que ha desaparecido la mayoría de dos grupos.
Holleric hacía estas declaraciones al presentar en el Vaticano el Mensaje del papa Francisco para la Jornada del Migrante y del Refugiado, 2019. A este respecto se preguntó el presidente de la COMECE, que ha viajado recientemente a la isla de Lesbos, si las diócesis europeas no podrían llegar a un acuerdo con los Gobiernos de los Estados europeos y abrir corredores humanitarios para recibir a las personas que han sido olvidadas durante tanto tiempo, sobre todo en Grecia e Italia tras el fracasado Acuerdo de Dublín.
En relación con el voto anti-inmigrante, el arzobispo luxemburgués defendió la solidaridad, uno de los principos fudadores de Europa. En cuanto a los populismos, afirmó que proponen una identidad simple, mientras que la sociología dice que es algo extremadamente complejo y en constante cambio. (…) Hay que ser capaces de desarrollar la parte europea de la propia identidad sin negar la del otro, porque Europa no es la negación de las naciones, sino una unión.
Preguntado por el aumento del voto a los partidos verdes entre los jóvenes, manifestó que todos los demás partidos deberán considerar la ecología, si no quieren perder el voto joven en el futuro: una apuesta en sintonía con la ecología integral del papa Francisco, autor de la ya célebre encíclica Lodato sí, y que prepara ahora el próximo Sínodo Panamazónico.
En esta nueva Legislatura, remataba el mismo prelado católico, toca hacer una política justa, ecológica y de justicia social. Una política al servicio de todos los ciudadanos europeos.