Archivo del Autor: vmarbeloa

«Horas cantadas: Amanecer»

 

        Es el título de uno de los poemas de su último libro Pero estás en mi aliento: Senectutis  carmina, que acaba de traerme su autor y amigo, Jesús Mauleón. Antes incluso de leerme todos los poemas y de hacer una breve glosa en mi breve cuaderno de bitácora, canto con este poema el día 11 de junio, un día único, como todos los días, de este año único, 2019:

 

Al despertar, me he levantado vivo.
Se eleva el sol y dora su riqueza.
Acaricia mi tiempo fugitivo
el resplandor que nimba mi cabeza.

Un días más. Traza mi sangre cierta
sus caminos de azul sobre mis venas.
Ya la vida me mima a manos llenas.
Dejo la puerta de mi dicha abierta.

Sabed que estoy en paz. La guerra
no conocí. ¿Que solo  tengo
los cuatro cuartos con que voy y vengo?
Contadme entre los ricos de la tierra.

Una sorpresa en el Instituto de Tafalla

 

         Es la que nos dieron cuando a una decena de testigos de la Transición en Navarra y en España nos invitaron un grupo de alumnos/as de la asignatura de Historia de Primero de Bachilletato del Instituto Sancho III el Mayor, de Tafalla, a participar en un trabajo colectivo sobre aquélla.

Hoy nos ha tocado a dos ex parlamentarios navarros y ex parlamentarios españoles someternos a las dos últimas entrevistas grabadas que, con su profesora, ha preparado una docena de estudiantes del susodicho Instituto. Ellos han estudiado primeramente los temas (Educación, religión, libertades, censuras, Montejurra 78, Golpe militar 81, ETA, mujer…), han redactado las preguntas, y luego compilarán, contrastarán y estudiarán las respuestas, y sacarán las conclusiones que les parezcan lógicas. Al mismo tiempo participarán en un concurso nacional convocado para el estudio de la Transición.

Enhorabuena a tan útil y feliz iniciativa. Que ojalá se extendiera a otros Institutos y colegios de la Comunidad Foral.

Pentecostés – Pascua

 

        Lucas, el redactor de los Hechos, sitúa la irrupción del Espíritu en la fiesta de Pentecostés, la fiesta judía de las Semanas, que primeramente fue fiesta de la siega, y se había convertido también en la fiesta de la renovación de la Alianza,  valor litúrgico que pudo inspirar la escenificación de Lucas evocando la entrega de la Ley en el Sinaí (Hch 2, 1-41).

Lucas nos deja en el capítulo anterior (Hch 1, 12-26) unos apuntes sobre la vida de la primitiva Iglesia, despues de la Ascensión del Señor, cuando,en su casa de Jerusalén los apóstoles permanecían firmes, con un mismo ardor, dedicándose a la oración, junto a las mujeres y María, la madre de Jesús y sus hermanos (Hch, 1, 12-14). Aquí si es segura la presencia de María, que parecía ausente en una etapa anterior.

El que resucitó de entre los muertos, subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre, envia el Espíritu desde el seno de Dios Padre, como Señor escatológico y también como Hijo de Dios. Jesús, que ahora lo posee en plenitud, lo ofrece a sus creyentes, iniciando así el tiempo nuevo de su Iglesia. Los  testigos de la Pascua (apóstoles, mujeres, la madre y los hermanos de Jesús) son los receptores de la nueva experiencia del Espíritu. Los primeros misioneros y enviados finales del Espíritu de Jesús el Cristo.

En el regalo de lo glosolalia, característica del profetismo israelita, ve el evangelista e historiador Lucas la restauración de la unidad perdida en Babel, símbolo y anticipación admirable de la misión universal de los apóstoles.

 

Estrechez de miras

 

         Es un sintagma habitual de nuestra habla cotidiana, que viene a significar una actitud que podemos calificar como cerrazón, mezquindad (pettiness, narrowness) y hasta intolerancia.  Pocas ocasiones de la vida públlica. tan propicias para  tal actitud como éstas postelectorales, donde se sueñan, desean, preparan, combinan, discuten, proponen, amenazan, intercambian … gobiernos municipales, autonómicos o nacionales.

No es fácil  tener en esas ocasiones una visión abierta, amplia, generosa de la realidad. Los intereses personales, grupales, partidistas…,, siempre parciales, son las ramas oscuras del árbol que no dejan ver el bosque. ¿Qué importan entonces la Unión Europea, las víctimas del terrorismo, el futuro de la Nación, las perniciosas consecuencias del falso derecho a decidir, y hasta el principio supremo de la convivencia democrática, fin primero de toda sociedad? Cito sólo los extremos más habituales de la propaganda electoral y preelectoral, que estos días ni se nombran, como si fueran un tabú, como si fueran los despertadores de la mala conciencia.

Sí. Las miradas se estrechan. Los corazones se encogen, entre la justa ambición, la codicia y el miedo. Y la política se desnaturaliza: ya no es la ciencia y el arte de la polis, de la comunidad. Ya es otra cosa.

Los Zubiaurre: Memoria gráfica

 

              En el Museo de las Bellas Artes de Bilbao acabo de ver una magna exposición de los hermanos Zubiaurre Aguirrezabal, Ramón y Valentín, pintores costumbristas vascos, nacido uno en Garay (Vizcaya) y otro en Madrid (1879 y 1882), muertos en la decada de los 60, hijos del maestro musical del Palacio Real, y de los que el Museo posee varios cuadros. Pero la Exposición va mucho má allá y recoge más 1.200 ejemplares fotográficos desde 1898 y 27 películas, con miles de secuencias de cine con subtítulos a partir de 1929. Ambos, educados artísticamente y residentes habitualmente en Madrid, estuvieron muy ligados a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y a la vida intelectual madrileña (Ortega, Baroja, Unamuno…), incluso con tertulia propia. Vivieron varios años en América hispana y expusieron en varias ciudades españolas y europeas. Ambos sordomudos de nacimiento, casados y con hijos, además de pintores muy populares, fueron muy aficionados tanto a la fotografía como al cine, que para ellos estaban íntimamente relacionados, y tanto en un arte como en otro expresaron sus numerosas experiencias vitales. Desde sus elegantes casa y jardín de Garay, su casa de Ondarroa junto al mar, todo el País Vasco -incluyendo Vera de Bidasoa y Lesaca- (al que dedicaron cuatro álbumes); sus viajes por Ávila, Segovia, Zamora, Salamanca, Toledo, Sevilla, Barcelona, Italia, Dinamarca…

En una verdadera fruición poder ver cada una de sus películas familiares, viajeras. paisajísticas,  tres de ficción, como El cuento del abuelo-…, y hasta pasear por las seis salas abiertas del espacio expositivo, pudiendo ver en silencio varias de las películas que van exhibiéndose a la vez. O entretenerse  con la colección de fotografías. O con la documentación de las vitrinas. O con los cuadros clásicos de Ramón y Valentín, que todos recordamos como la auténtica pintura costumbrista vasca del XX, junto con los Arrúe y Arteta: Versolaris, La romería, Los intelectuales de mi pueblo… Don José Ortega y Gasset, amigo y tertuliano de los Zubiaurre, definió certeramente esa pintura: Un inventario lírico de la existencia vasca.

Memorables me parecen los repetidos gestos faciales y manuales de admiración y embeleso de los dos artistas contemplando los paisajes de su tierra, como la cadena montañosa del Duranguesado, las playas del Cantábrico y otros similares. El cine mudo y la fotografía, muda también de por sí, les iban como de molde.

Un acierto igualmente memorable es la Exposición, iniciativa  del director Miguel Zugaza, ex director muchos años del Museo del Prado, patrocinada por Petronor.

Partido Socialista de Navarra (PSN-PSOE)

 

    Hoy, 6 de junio, aniversario del Desembarco en Normandía, fundamos en Pamplona el Partido Socialista de Navarra-PSOE, el año 1982, como final lógico de la refundación, el 24 de mayo de 1974, del PSOE, en el viejo caserón del Seminario Conciliar de Tudela.

No se trataba, como algunos se empeñan en decir y escribir, tanto en separarnos del Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE), en el que, por la fuerza de los hechos y del número, los pocos socialistas navarros de entonces se vieron metidos, sino de llevar a término lo que había comenzado débilmente ocho años antes. Nunca nos sentimos, en serio, parte del PSE, como consta por nuestra tenue relación organica, meramente oficial, con ellos. Y siempre, a partir sobre todo de nuestra asamblea de enero de 1979, en la residencia de Guerendiain, tuvimos la voluntad de llegar a nuestra plena autonomía dentro del Partido Socialista Obrero Español, como ciudadanos que éramos de la Comunidad Foral de Navarra, con Gobierno y Parlamento propios, al igual que lo habían hecho, lo hacían y lo harían el resto de partidos regionales en toda España.

Últimos aforismos

 

Entre la espada y la pared todo el mundo elegirá la espada.

Cada una de las cuatro virtudes cardinales está incluida en las otras tres: no hay prudencia sin justicia, ni fortaleza sin templaza, etc. Las cuatro son una y cada una es las cuatro.

Muchos hablan de la eterna juventud. Pocos, en cambio, de la eterna senectud, que suele durar muchos más años que aquélla.

¿Cuántos palos se necesitan para moler a uno a palos? Imposible calcularlo.

 

 

 

Militantes y votantes

 

         No me parece mal que el PSOE haya añadido en sus Estatutos la preceptiva consulta a sus bases a la hora de elegir un nuevo gobierno en cabeza propia o ajena. Pero es una novedad muy corta. Porque en cualquier elección democrática los votos y los escaños los dan los votantes y no sólo los militantes. Sabemos muy bien algunos la libertad y autonomía relativas que tienen esos militantes -nombre, por cierto, no muy apropiado-, siempre sujetos a la disciplina, a veces férrea, de las formaciones políticas, no siempre los mejores, y acostumbrados, por la cuenta que les trae, a la obtemperancia, cuando no a la obediencia frailuna, con votos o no, a sus superiores. Hagan, pues, los partidos estudios, sondeos, encuestas entre sus votantes, que les irá mejor que si consultan sólo  a los militantes de la casa y de la causa.

Mutatis mutandis, es la diferencia entre la tradicional Iglesia jerárquica y la Iglesia como Pueblo de Dios (Vaticano II). Si para cualquier decisión grave, se consultara al cuerpo eclesiásitico  y a los fieles de cada comunidad cristiana, estoy seguro de que las respuestas serían muy diferentes. Muy diferente será la Iglesia del mañana cuando en los sínodos y los concilios esté representado todo el Pueblo de Dios y no sólo la Iglesia de los obispos, arzobispos y cardenales, más algunos superiores generales de las órdenes religiosas.

Y aún queda por conocer la opinión de los que no son ni militantes, ni eclesiásticos, ni votantes, ni fieles cristianos. Mejor nos fuera, si los consultáramos igualmente y tuviéramos en cuenta sus pareceres.

Salinillas de Buradón

 

           Reccorrimos parte de la zona, cuando hace dos años descubrimos, casi al azar, y visitamos el castiilo-testigo de Portilla, del siglo XI, subido en un farallón, una de las primeras fortificaciones fronterizas del Reino de Pamplona, y seguimos hasta el vecino castillo de Lanas sobre el pueblecito de Ocio, concejo de una treintena de habitantes, perteneciente al municipio de Zambrana. Nos gustó tanto aquel paisaje idílico, entre la sierra Portilla y el risco que da nombe a la fortaleza, atravesado por el río Inglares y su espesa fronda, que hemos vuelto a él. Al pie del risco, en su flanco norte, encontramos la sombra fría de varios viejos nogales. Uno de ellos parece ser de aquellos árboles venerables –arbola santua-, a cuyas cansadas y extensas ramas les han puesto unas púas altas para sostenerlas. Allí damos fondo con todo el repuesto de nuestras alforjas, mientras vemos pasar, cerca de nosotros, sedientos y semiexhaustos, decenas de txirrindularis del Euskadi Extreme (Bike Marathon), organizado por la Fundación Vital, que comenzó en Vitoria y terminará en Labastida. Algunos nos preguntan por una fuente -la tenían en medio del pueblo, junto a la bolera- y otros, con buena voz y ánimo, nos gritan:

Qué bien estáis ahí..

Venga. A ver si no llegas el último.

Quedan todavía muchos detrás.

Bajamos después, saliendo del valle del Inglares hacia Salinillas de Buradón. Desde la frontera oriental de Ocio contemplamos la torre fortaleza de Lanas, del siglo XII, hecha de piedra arenisca con argamasa, rodeada de tres recintos defensivos concéntricos, levantados un siglo más tarde, mantenidos parcialmente hasta hoy y restaurados entre 2000 y 2002. En torno al fortín nació el poblado y el señorío de Ocio, en manos de los Gómez de Sarmiento, a quienes veremos dominando tambén Salinillas. El despoblado de Buradón se halla en el risco de su nombre, donde comienza a erguirse la sierra de Cantabria, que protege toda la Rioja Alavesa, en la orilla izquierda del Ebro y de las célebres Conchas de Haro: altas y arriscadas calizas cretácicas, entre las que pasa el río  a su entrada en La Rioja.  Creado alrededor del castillo de su nombre, incendiado  el año 939, en una de las razzias de Abderramán III, todavía son visibles los difíciles accesos a él, entre picachos rocosos, donde se plantó un día la fortaleza cristiana, de cuyas murallas quedan algunas muestras. Cuando en 1200 Vitoria se entregó al rey Alfonso VIII   de Castilla, Buradón fue una de las villas que se le entregaron también. En 1264, Sancho IV de Castilla fundó la villa de Salinillas de Buradón a cierta distancia del poblado primitivo, y la población se trasladó al nuevo lugar. Volvió posteriormente a Navarra y perteneció al Principado de Viana, creado en 1423, siendo punto estratégico de la frontera navarra con Castilla.

Salinillas de Buradón, concejo de un centenar de habitantes del municipio de Labastida, cuadrilla de Laguardia, está montado sobre una pequeña meseta y guarda el paso occidental del río Ebro hacia la próxima ciudad de Haro y las  tierras llanas de La Rioja. La orografía que lo circunda es bravía, varia y mágica. Por el norte, como hemos visto, la sierra de Portilla; por el sur, el alto de San Cristóbal, el paso de La Lobera y el barranco de Valinera; y por el sureste, la imponente sierra de Toloño, que se precipita en un terreno accidentado, cubierto de bosques  y algunas tierras de labor. Viñedos y sernas cerealistas, todavía verdes, ocupan los terrenos llanos inferiores. Fue villa realenga, después donada a Diego Gómez de Sarmiento, mariscal y adelantado mayor de Castilla, y sucesores, pasando más tarde a los condes de Oñate (los Guevara y Ayala). Los dos linajes principales dejaron un monumento más perenne que el bronce a la villa. Cuando uno entra en el pueblo y pregunta por la torre defensiva, de tres alturas, de piedra arenisca en medio del lugar, te dicen que es la torre de los sarmientos. Así, al menos, entendí yo la primera vez. Nada de eso. Es, naturalmente, la torre de los Sarmiento. Sus suscesores, los Oñate, la encerraron, como si fuera un cofre, en su palacio rectangular de dos plantas, austero  y renacetista del siglo XVI, conjunto declarado Patrimonio Histórico Español.

Damos una vuelta por el pueblo. Recorremos sus murallas, levantadas en la fecha de la constitución de la villa, recrecidas en la parte mejor conservada, con dos puertas al norte y al sue: el Arco Arriba y el Arco Abajo, que enlazan las dos calles, que incluyen en el centro la iglesia de la Inmaculada Concepción. En Salinillas hubo también una judería hasta 1492. En la calle Mayor lucen unos cuantos solemnes palacios con grandes escudos. No hay plaza mayor. De eso hace la vieja plaza del palacio, donde tmamos unos refrescos. Y es el caso que la gente que habla y bebe en la terraza del bar no hace más que aplaudir a los ciclistas, que siguen pasando todavía a docenas, quién lo iba a decir, después de tanto rato. Suben sin cesar por la cuesta que entra  por la puerta del sur, y llegan casi todos derrengados, aunque aqui hay una fuente en medio del lugar, y se paran todos a beber. Junto a la entrada a la villa hay una especie de propagandista o animador infatigable, no sé si oficial u oficioso, que no para de jalear y aplaudir a los que llegan; les dice que faltan 14 kilómetros, nueve de ellos cuesta abajo, y que tienen la fuente a unos metros. A casi todos les grita su mejor ánimo:

Máquina! Hala, hala.

Corros de adolescentes, jóvenes y mujeres también aplauden sin cesar, en la terraza del bar y en cualquier parte. Salinillas, fin provisional de etapa, es, por lo visto, un punto clave del Extrem.

Intentamos, al final de la tarde,  ver en las ruinas del antiguo poblado, las trazas de la única iglesia paleocristiana conocida en el País Vasco, descubierta cuando en 1993 se construía el túnel abierto en plena roca para dar salida a la N-232, salvando las susodichas Conchas de Haro. Apareció un pequeño templo construido con sillares, ladrillos romanos y bloques de adobe del siglo V, de 17 por 5 metros. Fue reconstruido y ampliado siglos más tarde: ábside de herradura (siglo X), nave de planta casi cuadrada,  tenante de altar y una amplia necrópolis de 44 sepulturas de lajas.  Hasta una piscina bautismal del templo primitivo.

Pero no encontramos el sitio, por mucho que miramos, y lo dejamos como objetivo principal para una próxima excursión.

 

Resurrección-Ascensión

 

         La Ascensión destaca el aspecto teológico de la Resurrección: Jesús ha venido de Dios y a Dios retorna, en gesto de comunicación escatológica y trinitaria. El evangelista Lucas, autor de su Evangelio y del libro de los Hechos, ha reelaboado tradiciones anteriores que hablaban  de una aparición de Jesús en la montaña (Mt 28, 16-20), pero esta montaña no se encuentra ya en Galilea, sino en el entorno de Jerusalén, como lugar de despedida: Luc, 24, 50-51; Hech 1, 6-11. Jesús no puede convivir con nosotros en la forma antigua, ni puede aparecerse por doquier, en cualquier tiempo y circunstancia. Se va a la derecha de Dios Padre, para dejarnos en libertad y ofrecernos su Espíritu.

Lucas quiere decirnos en esos textos que Jesús ha subido hasta la altura de Dios, desbordando el plano de la historia y geografía de la tierra. Pero esa elevación es a la vez promesa de retorno. Y promesa del envío del Espíritu. Que, al mismo tiempo, hace posible, el tiempo de la Iglesia, como Pueblo de Dios, en este mundo.

La Ascensión, verdadero logro literario de los evangelistas a la hora de comunicar a los hombres el sentido último de la Resurrección, es la culminación pascual del Cristo.