Me quedo un rato por la tarde viendo en la 4 el programa de Risto Meijide. Hablan del ministro canario de Administración Territorial. No tengo afición ni aversión a este señor, que, por otra parte, me parece un hombre más del sanchismo, sumiso y leal a su jefe y señor, sin originalidad alguna, como todos ellos. Los presentadores y presentadoras del programa desgranan, entre risas y mofas, el extenso informe de la UCO sobre las frecuentes y estrechas relaciones de Aldama, Ábalos y Koldo con este hombre, donde se encuentran algunas de las expresiones más soeces e irreverentes de nuestro vocabulario. Qué asco.
Luego sale el ministro, en una caótica comparecencia, donde fallan técnicos, micrófonos, y hasta la luz, y a duras penas se impone el irritado protagonista. Dice y redice, grita y repite su inocencia, y nos quiere convencer de que la UCO no encuentra nada delictivo en su conducta, y que, contra lo que dijeron sus enemigos -él habla también como un enemigo- del PP y de VOX, no hay en su curriculum de presidente de la autonomía canaria ni mordidas, ni mujeres explotadas en pisos, etc., etc.
Mientras le arreglan los micrófonos y vuelve la luz al ministro, el programa de Risto conecta con una guapa y elocuente diputada del Parlamento de Canarias, que interrogó en su día al expresidente, en la Comisión autonómica sobre la corrupción, y nos va diciendo, pe a pa, cómo mintió el político socialista, que dijo, una y otra vez, no conocer o conocer ligeramente a sus compinches hoy investigados y llamados próximamente a juicio. Y, lo que es peor, cómo el ex presidente canario presionó a unos y otros todo lo que pudo para que hicieran lo que le pedían sus compañeros Aldama, Ábalos y Koldo sobre la compra de mascarillas.
Me quedo con la impresión intensa de que esta gente, ante la sospecha, la acusación o el acorralamiento, se defienden sosteniendo la menor moral posible: si no hay mordidas evidentes, crujientes casi, y si no hay mujeres maltratadas en pisos…, que ya parece mucho, lo demás importa poco; todo lo demás es falsa acusación, bulos o fango de la fachosfera. No entra en la moral.
De ejemplaridad, que es la virtud casi profesional de todo político, ni sombra.