Irene Montero, que fue, ¡Dios mío!, ministra de Igualdad -¿se sabe de la igualdad a quién?-, en un mitin en Zaragoza, cogiendo en sus manos igualadoras el concepto del actual y polémico reemplazo, ha dicho, que yo se lo he oído, con su estilo agresivo y su vehemencia oratoria habitual una frase tan bárbara, tan perfectamente bárbara, que puede pasar por lema o santo y seña de su ciclo político, de su vocación profesional, en fin de su tarea en la vida:
-Ojalá podamos barrer de fachas y racistas este país (…) y lo podamos hacer con gente trabajadora de este país, tenga el color de la piel que tenga, sea de China, negra, marrona…
(Eso, dicho una y otra vez, y de varias maneras, pero eso es, además de textual, el hueso del concepto).
Para no hacer el juego al sucio hablar o al deporte del insulto, o a la polarización en boga, solo deseo que alguien que tenga un poco más de amor a este país (supongo que España), conserve un cierto respeto a la gramática y no haya perdido del todo el sentido común, reemplace cuanto antes, en la vida política, a la exministra, por el bien de ella misma, de sus hijos y del partido que co-dirige precipitadamente hacia el abismo.