Pero ¿de dónde ha sacado Juan Manuel de Prada que en las democracias entendidas como fundamento de gobierno ha dejado de existir el derecho como determinación de la justicia? Y vuelve a la carga:
-…pero lo cierto es que la democracia entendida como fundamento de gobierno se funda en la ley del más fuerte, que impone su voluntad sobre el más débil. Es la voluntad de poder quien «crea» o reconfigura, ignorando o destruyendo un orden moral objetivo: es la pura voluntad de poder quien «crea» o modifica la sociedad…
Lo que le lleva a afirmar más adelante que Trump es tan demócrata como cualquiera de nosotros, aunque sea un demócrata sin modales, o un demócrata tan urgente que, en lugar de «crear» derecho a su conveniencia para «superar» el vigente que no le conviene (como hace cualquier gobernante demócrata), se salta el derecho vigente, que es algo mucho más rápido y funcional.
Eso en cualquier dictadura, si. En algunas llamadas democracias, que son puras autocracias, también. Pero no en las democracias entendidas como fundamento de gobierno. Porque no están regidas por la sola ley de la mayoría (muchos contra pocos o fuertes contra débiles), sino que son democracias liberales, o socio-liberales, regidas por unas reglas, por una Constitución democrática, que impone principios, valores, derechos y deberes fundamentales a toda mayoría y a toda minoría en cualquiera de sus actuaciones.
Y no por recochineo, sino por justicia, el Estado de derecho no es la mera voluntad de poder, sino el poder subordinado al derecho, determinación de la justicia.