El discurso de Mark Carney en Davos

 

                    Era poco conocido entre nosotros, a pesar de haber gobernador del Banco de Inglaterra y de ser ahora presidente del Partido Liberal de Canadá y presidente del Gobierno canadiense. Pero tras su breve discurso en Davos aparece como el primer político occidental que ha puesto, sin citarle, a Trump contra la pared, y como un líder honesto, inteligente y audaz de Occidente frente a la deriva del político norteamericano.

Poniendo de relieve la grandeza de su política en Canadá, y sabiéndose  una potencia mediana, Carney no oculta la ruptura del orden liberal, convertido en ficción, y lo que hace es salir de la mentira de cualquier disimulo o fingimiento:

Estamos en plena ruptura, no en plena transición .

Recordando aquellas palabras de De Gaulle de que cuando no se es una gran potencia hay que tener una gran política, arremete  contra cualquier vasallización y también contra todo espíritu de derrota. (Uno de sus más recientes ejemplos es haberse negado a pagar mil millones de dólares a Trump, que recientemente llegó a poner en cuestión la soberanía de su país, para formar parte de esa Consejo de Paz en Gaza, que el autócrata norteamericano se ha sacado de la manga, intentando formar su propio Consejo de Seguridad, su propia ONU).

Inspirándose en aquel excelente político y humanista que fue Vaclav Havel, presidente de la República de Checoslovaquia, autor de El poder de los sin poder, Carney apela una y otra vez a la unión y cooperación de todos los países medios y pequeños para conseguir lo que intentaba conseguir el orden internacional basado en normas, que ya no existe,  y que no ha sabido hacer, socavado por las grandes potencias que buscan solo el poder y hasta la exhibición de su poder.

Todo menos  fingir ser soberano mientras se acepta la subordinación.

Fiel, como el país que gobierna, a la OTAN, y fie a la ONU, aunque reconoce su debilidad, defiende con pasión la independencia de Groenlandia y Dinamarca, sabiendo que defiende al mismo tiempo la independencia y la dignidad de su propio país.

Y, aunque cita de pasada a la Unión Europea. como gran aliado, está claro que desde Suiza alude de continuo a Europa como parte muy importante de su programa y proyección de futuro.

Su lema es el realismo, basado en valores.

Al final, como un resumen, nos da también la clave su pensamiento:

Dejar de fingir, llamar a las cosas por su nombre, reforzar nuestra posición en casa y actuar juntos.

Postdata. Acabo de ver una síntesis del discurso de Trump en Davos, tan estrafalario como él, pidiendo el trozo de hielo de Groenlandia, y me parece, frente a la excelencia del discurso de Carney, una verdadera pieza clásica, el desahogo de un macarra.