Inmaculada

              «Alégrate, María, llena de gracia; el Señor está contigo» (Luc 1, 28)

Pura y purísima,
porque Dios
quiso purificarla.

Más luminosa
que el sol,
que toda luz derrama.

Más bella que la luna
en su noche más alba.

Más hermosa
que lo que Bartolomé Murillo
pudo hermosearla
con todas las bellezas de Sevilla
conjuntadas.

Porque es madre de Dios,
es más que todos
santa.

Llena
hasta rebosar
de gracia:
por Dios la bendecida
                         y habitada.