Si el problema de la tolerancia-intolerancia entre etnias, culturas y religiones es lugar común en Malasia, como acabamos de ver, lo es mucho más en Indonesia, país donde los conflictos poiíticos, culturales y religiosos han sido constantes, y a menudo graves, desde la independencia. Me llamó la atención un artículo publicado en The Jakarta Post, del día 6 de noviembre, titulado Indonesia´s growing tolerance of the suppresion of opposition, firmado por Patrick Gutensperger, apellido claramente holandés, comentarista político y profesor universitario. Comenzaba evocando la opinión que le merecía a un famoso empresario, conocido suyo, el que alguien se le acercara, dentro de la vida profesional, y le asegurara que ante todo era un buen cristiano. Alardear de cristiano o de cualquier otra confesión en el mundo de los negocios era para ese empresario una prueba de dudosa ética y hasta de deshonestidad (sentimiento de superioridad, presunción de una moral superior incapaz de inmoralidad, etc.). El articulista pasa luego a criticar la tolerancia de las autoridades indonesias con ciertos grupos que asaltan, vandalizan y aterrorizan a los que no piensan y actúan como ellos y hasta piden el arresto y el castigo de quienes se desvían del recto camino. Cuando una mayoría de la población está de acuerdo con tal proceder, la preocupación se convierte en miedo. No es cierto que Indonesia sea el país de la tolerancia. La única tolerancia que el mundo puede ver es la tolerancia con los que suprimen cualquier oposición, la tolerancia con los que imponen la religión mayoritaria a las minorías, la tolerancia con los que son violentos con los diferentes credos de los otros. Pero la tolerancia no es pasividad. Ser tolerante es ser valiente y hablar alto cuando los derechos de los demás son trampeados. Ser tolerante no es concordar con los que tienen nuestras mismas opiniones. Ser tolerante significa, más bien, tolerar lo que nos desagrada y hasta lo que aborrecemos. Y apoyar y defender a aquéllos con los que discordamos. Y remata su valiente alegato: «Indonesia es constitucionalmente un país tolerante. Es hora de que pongamos en práctica lo que signfica el que no podamos tolerar cualquier clase de fascismo, religioso o no».