Una mano amiga me alarga el enlace de un programa emitido hace ccinco días por RTVE sobre la actittud del Vaticano ante el Nazismo y el Holocausto, del cineasta norteamericano Steven Pressman. Una espléndida y mal intencionada, por sectaria, colección de fotogramas, y de comentarios adjuntos, hacen creer al que lo vea y oiga que el papa Pio XII fue un antisemita, un cobarde y hasta un hombre rendido ante Hitler. Uno de los colaboradores decisivos del programa es el profesor David Kertzer, hijo de un grande y célebre rabino norteamericano, autor de un libro, todo menos sereno, sobre el el papa Pío XI y el auge del Nazismo en Eropa, y que, desde que el año 2019 se abrieron los Archivos, Vaticanos ha ido publicando, aqui y allí, cualquier detalle negativo para el Vaticano que ha ido encontrando, sin esperar a un estudio más extenso y reposado, hasta que la Covid-19 terminó, hace unos meses, con cualquier investigación.
En el reportaje ocupa muchos minutos el encargo de Pío XI, en 1938, al jesuita norteamericano P. LaFarge de un borrador de encíclica, pero no sobre el racismo, como se dice en el texto televisivo, sino sobre Humani Generis Unitas (sobre la unidad del género humano). El papa Pío XI, por su enfermedad y muerte, no tuvo tiempo de leer el borrador y, según Pressman, desapareció, poco después. Pero el jesuita francés P. Blet, profesor de historia social en la Gregoriana – y mío también-, uno de los cuatro jesuitas que redactaron los volúmenes Actas y documentos de la Santa Sede sobre la Segunda Guerra Mundial, hace tiempo que declaró que fueron ellos los que encontraron ese borrador archivado en los Archivos Vaticanos, archivado como tantos otros borradores y proyectos, mientras defendía enérgicamente al papa Pacelli, Pío XII, de la acusación de colaboración con Hitler y de desprecio por los judíos. La polémica entre los adversarios de Pío XII y sus defensores, que han publicado muchos libros para defender el silencio del pontífice, mientras ayudaba por todos los medios a los judíos, se dilucidará, por lo menos algo más, cuando los estudios provenientes de los Archivos recién abiertos den a todos un poco más de luz.
Pero lo más grave de todo en este caso es que ni en ese momento del programa ni en ningún otro se habla de la encíclica de Pío XI, del 10 de marzo de 1937, Mitt brennender Sorge (Con ardiente preocupación), una encíclica reosonante sobre la persecución de la Iglesia católica en Alemania, y una condena clara y rotunda de la doctrina nazi. Que en un reportaje de ese calibre se evite, se oculte, se hurte ese documento fundamental para entender la actuación de Pío XI, y de su secretario de Estado, Pacelli, ecargado de todo lo relacionado con Alemania, es de una gravedad tal, que desnuda al programa, por meritorio que sea en otros aspectos, de toda autoridad. Es uno de esos ejemplos, por desgracia muy numerosos en nuestros dias, de cultura degenerada y de historia corrupta (desnaturalizada), convertida en libelo. Esta vez avalada, además, por la desacreditada RTVE.