No pienso dedicar una sola línea a la nueva epopeya secesionista de Torra, de Puigdemont o de Aragonés, que bastante tiempo y meninges hemos perdido con ellos. Por eso, cuando me entero de la inhabilitación, tan merecida, del primero, prefiero revivir el articulo que publicó hace unos meses en la revista El Ciervo, de Barcelona, el politólogo Josep Maria Margenat, con el título de Catalanismo cívico ahora.
El catalanismo civíco -escribe Margenat- procede de los primeros industriales liberales decimonónicos, de la menestralia, de las casas obreras y de los centros parroquiales. Es un catalanismo transversal, modernizador, laico. Es el catalanismo pluralista por antonomasia, de los de dentro y de los llegados de fuera, de todos en relación con todos los demás.
Añade que en su día defendió el federalismo ibérico, desde el cabo de Creus al de San Vicente y que hoy propone un federalismo abierto para unir más, no para disgregar, trasversal a las clases sociales, ideologías, lenguas maternas o religiones, europeísta, cosmopolita integrador y católico, es decir, ecuménico y universal. Además, político, no nacionalista, activista, socialmente comprometido, democrático y favorecedor de los más pobres y excluidos. Perfecto, al parecer.
Pero no sé de qué catalanismo perfecto habla este hombre, pues muchos no lo vemos por ninguna parte. Si no me engaño, el cabo San Vicente está en Portugal, y no creo que ERC, por ejemplo, sueñe con eso. El PDCat y la CUP tampoco. ¿Tal vez el PSC, que se se declara federal (asimétrico con Maragall) y no se atreve a ponerle el adjetivo de español? Fuera de todos esos partidos ¿ve Margenat una masa notable de catalanistas angélicos en Cataluña? ¿Acaso entre los que no toleran la enseñanza en la lengua materna? ¿O los que reniegan del bilingüismo como si fuera una peste?
Escribe también Margenat ingenuamente que como Cataluña puede liderar en España otra forma de construir Europa, como Cataluña puede y debe constribuir a un desarrollo europeo y español con una fuerte orientación social…, así puede servir al bien común de todos los pueblos hispanos desde la legalidad, que es un valor cultural, moral y cívico, frente a la absolutización del legalismo burocrático y frente a la absolutización de la negación de la ley anti-instituciobal de los primitivos o montaraces.
No, beatífico Margenat. Hoy por hoy, y por desgracia, aunque usted no se atreva a decirlo y quiera darnos al final de su discurso pan con queso, con la clásica equiparación propia de todos los tibios, Cataluña no puede liderar nada ni en España ni en Europa. Quizás en el cabo de Creus o en el de San Vicente. Pero no en los pueblos hispanos. Se lo digo con cierta nostalgia pretérita.