Vuelve el cisma de los lefebvrianos

 

                                    En 1988, Juan Pablo II excomulgó -bellísima y aterradora palabra- al obispo cismático Marcel Lefebvre y a cuatro obispos, consagrados por él, ignorando la potestad papal. Andando el tiempo el bueno de Benedicto XVI los readmitió en la Iglesia, fiado de sus palabras de reconciliación.

Pero los viejos lefebvrianos siguen rechazando varias encíclicas de Juan Pablo II y de Francisco  y siguen deplorando aspectos fundamentales de la reforma conciliar, como el ministerio petrino, el concepto del sacerdocio, el ecumenismo, el diálogo interreligioso, la salvación de los judíos, la sinodalidad, la doctrina sobre el amor conyugal, y hasta la misa en la forma que le dio el Concilio Vaticano II, al que repudian en bloque.

El 2 de febrero último, el superior de la comunidad tradicionalista, Davide Pagliarani, anunció que el 1 de julio consagrarán por su cuenta nuevos obispos. Cuando el prefecto de la Doctrina de la Fe, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, en una charla cordial y serena, a la que le invitó, le ofreció un diálogo específicamente teológico y analizar los diferentes grados de adhesión al Vaticano II, buscando los requisitos mínimos para la plena comunión con la Iglesia, pero anulando las anunciadas consagraciones, Pagliarani le contestó el día 18, miércoles de ceniza, rechazando la propuesta:

Ambos  sabemos de antemano que no podemos ponernos de acuerdo en materia doctrinal, especialmente en lo que se refiere a las orientaciones fundamentales adoptadas desde el Concilio Vaticano II  (…), pues Roma ha caído en una ruptura con la Tradición de la Iglesia.