Nos vienen cuatro meses de demagogias. Tiempo -coincidente, parcialmente, con la Cuaresma- de penitencia, con la excepción de algún artículo serio, algún foro equilibrado, alguna rara entrevista, algún despunte de humor… Hace muchos años que vengo detestando las campañas campanudas, feroces, cainitas, y casi siempre vulgares. Es tiempo de elegir bien lo esencial dentro de la política y de nutrirse de su mejor cultivo, que son los valores recios, así como de elegir otros campos que dan sentido a la vida y, por tanto a la política, como la literatura y cualquier acción humanitaria.
Y, si alguien nos quiere, sorprendentemente, seducir, dejémoslo para después de las elecciones de abril y de mayo.