Además de la ordenación de hombres casados, pide el Sínodo que las mujeres puedan recibir los ministerios del lectorado y acolitado, entre otros a ser desarrollados, además de que sea creado el ministerio de la mujer dirigente de la comunidad. (…) Reconocemos la ministerialidad que Jesús reservó para las mujeres. (…) Es necesario fomentar la la formación de mujeres en estudios de teología bíblica, teología sistemática, derecho canónico, valorando su presencia en organizaciones y liderazgo dentro y fuera del entorno eclesial.
Presionado por la petición de las mujeres asistentes al Sínodo -con voz pero sin voto, incluso las religiosas-, que pedían el acceso de la mujer indígena al diaconado, en la última congregación general el papa Francisco volvió, en castellano, a recordar que la comisión encargada del estudio del diaconado en la Iglesia primitiva no llegó a conclusión alguna; hizo suya la petición de que la comisión, quizás con nuevos miembros, siga estudiando el caso, y él mismo se comprometió a ello con la congregación de la Doctrina de la Fe. Hasta reconoció que lo que el Sínodo dice de la mujer queda corto. Y añadió: Quisiera solamente subrayar esto: que todavía no hemos caído en la cuenta de lo que significa la mujer en la Iglesia. Y por ahí nos quedamos solamente en la parte funcional, que es importante, que tiene que estar en los consejos… (…) Pero el papel de la mujer en la Iglesia va mucho más allá de la funcionalidad. Y eso es lo que hay que seguir trabajando. Mucho más allá.
En un comentario para VN, la famosa historiadora italiana Lucetta Scaraffia, titulado El Sínodo y la lejana igualdad de las mujeres, aun reconociendo una clara y buena voluntad en todo lo anterior, teme que en esas comunidades amazónicas, fundadas, lideradas y guiadas, al menos en dos tercios, por mujeres, la llegada del sacerdote casado se resuelva una vez más como una expropiación del trabajo de las mujeres en favor del hombre enviado desde arriba. (…) ¿No será una forma de eliminar el liderazgo religioso de las manos femeninas? Los ministerios menores propuestos a las mujeres, que se están ejercitando hace tiempo, no resuelven gran cosa, y el nuevo liderazgo de la mujer pierde valor, como queda dicho, con la presencia del varón casado ordenado sacerdote. En resumen: En la Iglesia católica, la igualdad de las mujeres, claramente reconocida por Jesús en los Evangelios, todavía está muy lejos.