Sobre María Magdalena

 

         Desde la publicación del atrabiliario Código Da Vinci, María Magdalena -santa María Magdalena para los cristianos-, ha estado siempre de actualidad, claro que casi siempre confundida con la mujer pecadora del Evangelio, como la confundió hace siglos el arte de la pintura para su propio provecho: con esa Magdalena, pecadora y penitente, apareció por vez primera en la pintura occidental el desnudo de la mujer. Los  blblistas de hoy distinguen bien la María de Betania; la María meretriz perdonada por Jesús, y María de Magdala, de la que el Maestro echó siete demonios (achaques psicóticos). Al escrritor y novelista jesuita español Pedro Miguel Lamet le ha venido igualmente bien confundir las figuras y nos ha novelado una Magdalena prostituta en un lupanar de Cesárea Marítima, vendida luego como esclava, favorita después del rey de los Nabateos, bailarina al final en Tiberíades, fascinada por Jesús de Nazaret, que la curó de sus dolencias… En un tiempo, en que está de moda también dar noticias de profundas amistades femeninas con personajs célibes cristianos, como el papa Juan Pablo II, el sabio Teillard de Chardin o el teólogo cimero Karl Rhaner, escojo de la carta-prólogo, escrita a María, la madre de Jesús, por esta Magdalena novelada, estos bellos, enamorados fragmentos:  En una palabra, María, no sabía cómo amarle. ¿Cómo se puede abrazar el horizonte? ¿Cómo se puede de una ojeada contemplar el mar entero? ¿Qué sensación queda cuando una voz se te clava en el corazón y éste resuena hasta convertirse en cúpula de lo infinito? ¿Qué hacer cuando un hombre es a la vez ternura y desplante, caricia y huída, puerta y barca, morada y camino, abrazo y despedida? Sé que he muerto con él y quer a la vez nunca estuve tan viva.  (…) Pues yo sigo con mis preguntas de mujer desconcertada, como me dejó en el  huerto del sepulcro, cuando me dijo que dejara de tocarle. ¿Como puede sin tocar vivir una mujer loca de amor? Siento mis manos como muñones y mis ojos como dardos sin diana, me siento huérfana, viuda, perdida, mientras paseo junto al lago y desgrano los días, las horas, los minutos vividos junto a él…