En el Informe Equidad para los niños, de UNICEF, publicado en este mes de abril, España aparece como uno de los Países más desiguales de Europa, en el número 36 de los 41 analizados, sólo por delante de Israel, Grecia, México, Bulgaria y Rumanía. Con una brecha por inequidad en los ingresos de más del 60%. No es ningún consuelo, por otra parte, que países tan ricos como Canadá, Francia e Itaia se encuentren en el tercio inferior de la tabla. La pobreza y la desigualdad afectan al 36% de los niños y su situación se ha agudizado con la crisis económica. Y aunque se ha mejorado en los últimos diez años la alimentación saludable de la infancia española, lo que ha situado a nuestro País en el décimo lugar de la tabla en este punto, también es cierto que tres de cada diez niños y niñas padecen obesidad -uno de los problemas de salud más graves de nuestro siglo-, debido a la carencia de ciertas substamcias alimenticias más que a la acumulación de bollería industrial y grasas procesadas, según el último Informe de la OCDE. En cuanto a la relación entre situación económica y satisfacción vital en los niños, España ocupa un lugar bastante mejor: el 13 de entre 34 países analizados, detrás de Alemania y por delante de Suecia. Nada menos.